Mr. Trump, no me deje sin seguro por favor
Desde afuera, es fácil abogar a favor de la demolición del Obamacare y digerir la descomunal cifra de 14 millones de personas que perderían el seguro médico el año próximo –y hasta 24 millones en una década– si se aprueba la nueva reforma sanitaria que, siguiendo el espíritu de la anterior, recibe el mote de “Trumpcare”.
Pero cuando uno de esos desdichados eres tú, hay un cambio de perspectiva muy marcado. Para los afectados, el proyecto legislativo no es ciertamente un arma de salvación para el futuro, sino más bien una armadura de un futuro terriblemente sombrío. La magnitud del impacto vaticinado resulta escalofriante por su grado de atrocidad.
Desmontar el sistema de salud tan odiado por muchos, el cual el presidente Trump ofreció reemplazar con otro que garantice “cobertura para todos”, diametralmente opuesto al presentado por su partido en la Cámara de Representantes, acabaría con las prestaciones consolidadas y sepultaría uno de los grandes avances sociales de las últimas décadas en Estados Unidos.
En carne propia he vivido los beneficios y estragos del Obamacare, y probablemente me encuentre en alguna página del estudio oficial revelado esta semana por la acreditada Oficina Presupuestaria del Congreso, un organismo no partidista, que da fe de la pérdida masiva de población atendida a cambio de una sustancial reducción del déficit nacional.
Si se disparan aún más las primas de las pólizas –lo ha alertado la industria aseguradora–, y se reducen los subsidios al sustituirse por desgravaciones fiscales no vinculadas a la renta personal, es muy probable que me vea obligado a prescindir del seguro, pues la faena de escritor en español no da para ese “lujo”. Entonces tocaría vivir con angustia y mortificaciones generadas por el desamparo en caso de una eventualidad.
Hace cuatro años perdí el beneficio de tener seguro médico a través de un empleador para entregarme íntegramente a la biografía del benemérito padre espiritual del exilio cubano, Monseñor Agustín Román, trabajo que bien valía la pena hacer, y hacerlo bien, con rigor y vocación. Mis ingresos disminuyeron y desafortunadamente me he visto en una situación económica precaria después de publicar el libro, con escasas oportunidades.
Obamacare me acogió con misericordia y las aseguradoras no pudieron negarme cobertura por condiciones médicas, como habría sucedido antes de su promulgación. Entre otros logros, la Ley de Cuidado de la Salud Asequible (ACA) redujo el porcentaje de estadounidenses sin seguro a menos del 10 por ciento, el más bajo en la historia reciente. Con acceso a servicios médicos preventivos y tratamientos, ya no deben recurrir a las salas de emergencia; así descienden, a largo plazo, los gastos generales en la salud.
También pudiera enumerar una lista de defectos del Obamacare: los exorbitantes deducibles, el aumento de las primas de los planes comercializados a través de los mercados de intercambio, la fuga de las aseguradoras, la reducción de opciones en el sector individual… Y a título personal, lo peor es que muchísimos médicos y hospitales en Miami se niegan a aceptar las pólizas subsidiadas, por lo tanto, las redes de profesionales son muy limitadas. Cuando he necesitado tratarme con urgencia, he vivido pesadillas, como una vez describí en aquella crónica Perdido en la selva buscando médico.
No obstante estas cualidades falibles, para 1.7 millones de floridanos la ley sanitaria ha sido una salvación. Solo nosotros podemos valorarla por la humanidad de su propósito, más allá de ideologías y afiliaciones políticas.
Créanme, no surte orgullo, ni tampoco vergüenza, estar inscrito en un programa de asistencia social del gobierno. Nunca lo hubiera imaginado, pero uno toma riesgos cuando posee convicciones firmes y con la salud, reza el refrán, no se juega.
El presidente Trump prometió cobertura universal con su plan sanitario “muchísimo menos caro y muchísimo mejor”. Ojalá no haya sido un delirio. En todo caso, hasta que ese utópico día llegue, le rogamos: please, no nos despoje de lo poco que tenemos.
Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.
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Esta historia fue publicada originalmente el 18 de marzo de 2017, 5:06 a. m. with the headline "Mr. Trump, no me deje sin seguro por favor."