Manuel Hurtado, una leyenda viviente de la pelota cubana
Con el número 20 en su uniforme, Manuel Hurtado se convirtió en un ídolo de multitudes y en el primer lanzador estrella del equipo Industriales, campeón durante cuatro temporadas consecutivas bajo la dirección del estratega Ramón Carneado.
Hurtado nació el 19 de agosto de 1942, en Regla, La Habana. Con sólo 17 años de edad, el buscador de talento estadounidense Joe Cambria buscó firmarlo con los Senadores de Washington, pero su padre decidió postergar el contrato sin imaginar lo que iba a ocurrir meses después con el nuevo gobierno de Cuba que por orden directa de Fidel Castro abolió el profesionalismo, dejando al estelar lanzador sin la posibilidad de jugar en Grandes Ligas.
Las armas principales de Hurtado fueron el control, la curva y la inteligencia en la lomita. Para muchos expertos, el envío rompiente hacia abajo de Hurtado se parecía a la del astro de Grandes Ligas, Camilo Pascual.
Desde su debut en 1962, Hurtado escribió páginas de gloria que se mantienen grabadas en los libros de marcas de las Series Nacionales y en la memoria de quienes fueron testigos de sus hazañas.
Hurtado posee el tercer mejor promedio de efectividad en Series Nacionales con 1.80, sólo superado por José Antonio Huelga (1.50) y Roberto Valdés (1.75), ocupa el noveno lugar en ganados y perdidos con .654 (90-47) (igualado con Pedro Luis Lazo), actuó en varios Juegos de Estrellas y mantiene el récord de ponches consecutivos al propinarle 10 a Matanzas en 1970.
Pero a este caballero del diamante que estuvo entre los cinco mejores lanzadores de Cuba, las autoridades deportivas lo mantuvieron alejado del equipo nacional en tres Juegos Panamericanos (1963-67-71), en los Centroamericanos y del Caribe de 1966 y en dos Series Mundiales (1969-71).
“Yo tenía un pariente preso político nombrado Eduardo Castillo y entonces me hablaron para que le hiciera cambiar de postura. Por no hacerlo, comenzaron a desconfiar de mi persona’’, aseguró Hurtado.
Dicho comportamiento discriminatorio llevó a que surgieran protestas entre los aficionados, en especial en la capital cubana donde Hurtado era un ídolo. Sobre ello, existen dos anécdotas interesantes.
En una de las ocasiones que lo separaron de la selección nacional, la novena de Regla se midió al equipo Cuba en partido de preparación con Hurtado lanzando por los reglanos. El derecho le colgó cinco ceros consecutivos al trabuco cubano y en ese momento el entonces comisionado de béisbol, Jorge García Bango, le dio la orden al mánager Arnaldo Raxach de sacarlo de la lomita, al parecer por temor a que los pintara de blanco y las críticas aumentaran.
Después del triunfo antillano en la Serie Mundial de 1969 en Santo Domingo, República Dominicana, que tuvo como héroe al matancero Gaspar “El Curro’’ Pérez, los jugadores regresaron al entrenamiento para los Centroamericanos de Panamá y antes del último partido de entrenamiento en el Estadio Latinoamericano, las dos novenas se alinearon en el terreno para presentar a los peloteros.
El anunciador Tony Vega dejó para último a Manolito Hurtado. Al mencionar su nombre, todos los aficionados presentes en el estadio se pusieron de pie para tributarle una cerrada ovación al serpentinero, quien se vio obligado a salir para saludar al público que reclamaba su ingreso al equipo Cuba.
Y así ocurrió. En 1970, con casi 29 años, Hurtado fue elegido para el Mundial de Cartagena cuando Cuba derrotó a Estados Unidos en serie extra donde actuó en función de relevo y en los Juegos Centroamericanos de Panamá, donde le propinó nueve ceros a Puerto Rico.
“Le debo al público el haber jugado dos veces con la selección Cuba’’, sentenció el primer pitcher estrella de los Industriales. “Sin ese apoyo, no hubiera ocurrido”.
En 1971, fue líder en efectividad con 0.67 en 107 entradas y dos tercios, pero no asistió al Mundial de La Habana ni a los Panamericanos de Colombia. Después de su retiro en 1974, fue entrenador de los Industriales hasta 1980.
En un terreno de béisbol ocurren cosas que no se miran en las estadísticas. Una de ellas en el caso de Hurtado es que padecía de asma y tenía que utilizar un aerosol en los partidos. En ocasiones entre entrada y entrada.
Además de su maestría monticular, el curveador habanero fue dueño de un doble movimiento cuando no tenía hombres en bases y el bateador estaba en la cuenta de dos strikes. En ese momento, los fanáticos puestos de pie coreaban el ponche en una actitud similar a las olas que vemos en Grandes Ligas.
El último de los títulos alcanzados por Hurtado con los Industriales ocurrió el 11 de marzo de 1966 cuando derrotaron a los Orientales, guiados por la ofensiva del inicialista Pedro Chávez y un relevo magistral del reglano.
De aquellos torneos muchos recuerdan los duelos que protagonizaron Hurtado y Manuel “El Cobrero’’ Alarcón, considerados entre los mejores de cualquier época en la pelota cubana.
En 1967, el estelar derecho de los Industriales no pudo lanzar el juego decisivo ante Orientales al sufrir dolores en su brazo y la victoria 3-0 se la llevó Alarcón que el día previo le había enviado un mensaje a los fanáticos de su provincia que decía: “Cierren la Trocha y que salga el Cocuyé”.
Sobre los mejores peloteros de su época, Hurtado nos dijo: “A mi juicio, el bateador más completo de Cuba fue Antonio Muñoz, el que me conectaba más fácil fue Elpidio Mancebo; mientras que Pedro Chávez, Urbano González y Miguel Cuevas estuvieron entre las principales estrellas de Cuba.
El mejor lanzador por calidad en la lomita fue Manuel Alarcón, aunque sus números son inferiores a muchos otros debido a que en esa etapa se jugaban torneos más cortos y él vio su carrera interrumpida cuando todavía estaba en edad para seguir siendo una estrella.
Manuel Hurtado, “El Reglano’’ abandonó la isla en 1989. Desde 1990 radica en Miami, Estados Unidos.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de abril de 2020, 7:09 p. m..