Para muchos es el más completo jardinero central cubano en Grandes Ligas. ¿Por qué está en el olvido?
Su nombre se encuentra en un oscuro anonimato entre los aficionados y periodistas, dentro y fuera de la isla. Pero por su excelente nivel de juego ha sido para muchos el más completo jardinero central cubano en la pelota de Grandes Ligas. Nuestro deber es recordar su ilustre carrera, rescatarlo de ese olvido injusto y ubicarlo en el lugar que merece en la historia del béisbol antillano.
José Rosario Domec Cardenal nació el 7 de octubre de 1943, en Matanzas. Sin tener la edad requerida, por su calidad de juego el entrenador Lázaro Ruiz lo integró en 1957 al equipo Mantilla Juvenil que dirigía y que estaba considerada la mejor novena de esa categoría en la capital, donde también jugaba su primo Dagoberto Blanco Campanería (Bert Campaneris).
Meses después, Cardenal representó a Cuba en el segundo Campeonato Mundial Juvenil celebrado en Santo Domingo, República Dominicana.
El hermano de Cardenal (Pedro) había militado como jardinero de los equipos Habana y Cienfuegos en la pelota profesional cubana. Pero José, que dirigía sus pasos por ese mismo camino, tomó la decisión de abandonar la isla con la ilusión de jugar en Grandes Ligas.
Iniciando 1960, el dirigente del béisbol de Estados Unidos Alex Pompez (hijo de cubano nacido en Cayo Hueso) junto a Lázaro Ruiz organizaron en el pueblo de Güira de Melena una presentación de peloteros para franquicias de Grandes Ligas logrando firmar a un grupo de nueve. Entre ellos fueron elegidos Cardenal con dos locales, Julián Miró (con 15 años) y Erito Pedroso.
Cardenal, que cariñosamente le decían ‘’Junior’’ y también “Cheíto’’, fue firmado para los Gigantes de San Francisco por un bono de $200 (el dinero de la época) que según sus propias palabras lo utilizó para comprarse un abrigo, unos zapatos y un guante nuevo, viajando a Estados Unidos el 23 de marzo de 1960.
Como casi todos los jugadores latinos de dicha etapa, Cardenal tuvo problemas de adaptación en Estados Unidos al chocar ante dos barreras, la del idioma y la racial. En su caso fue más grave, pues había llegado a Norteamérica con 16 años y sin familia.
Su estatura fue de cinco pies y 10 pulgadas con un peso de 160 libras. Su físico, que no impresionaba lo puso en dudas ante algunos técnicos, pero al combinar un bateo de poder y promedio con fuertes líneas, al correr bien las bases y robar, así como por su brillante juego defensivo, supo imponer su calidad en los diamantes.
Después del paso reglamentario por Ligas Menores donde castigó a los lanzadores y se lució a la defensa para ser ubicado entre los mejores prospectos del béisbol estadounidense, Cardenal debutó en Grandes Ligas teniendo 19 años, el 14 de abril de 1963 con San Francisco.
Actuó durante 18 temporadas con nueve equipos: Gigantes, Angelinos de California, Indios de Cleveland, Cardenales de San Luis, Cerveceros de Milwaukee, Cachorros de Chicago, Filis de Filadelfia, Mets de Nueva York y Reales de Kansas City.
Con los Cachorros tuvo sus mejores actuaciones, uniéndose al elenco el 3 de diciembre de 1971 en un cambio que envolvió a cuatro jugadores provenientes de Milwaukee. En 1973 lo eligieron como el mejor jugador de este equipo.
En cinco de sus seis temporadas con Chicago, Cardenal bateó para un promedio superior a .291, en dos de ellas superando la marca de los .300 (1973-.303, 1975-.317). En este último año sumó 182 imparables para ubicarse sexto en la Liga Nacional, con embasamiento de .397 (#6) y 34 estafas (#5).
Algunos fanáticos de la época recuerdan uno de los partidos memorables de los Cachorros cuando el 2 de mayo de 1976 ante los Gigantes que duró 14 entradas en el Wrigley Field, Cardenal lo empató primero con jonrón de dos carreras en el noveno y lo decidió después con un doblete para dejar al campo a su rival 7-6.
Cuando los Cachorros realizaron un estudio de los jugadores que habían pasado por sus filas ubicaron a Cardenal en el lugar número 86 entre los 100 mejores peloteros en la historia de este equipo.
Términó su carrera con promedio de .275, pegó 1,913 imparables, 138 jonrones, impulsó 775, anotó 936 y se robó 329 bases, estafando más de 20 en 10 temporadas con el máximo de 40 en 1968. A la defensa fue excelente. En una de las campañas igualó un récord para un jardinero al realizar dos jugadas de doble matanza sin asistencias.
Cardenal participó en dos series de postemporada, la primera en 1978 con Filadelfia que perdió ante los Dodgers de Los Angeles; y la segunda en 1980 con Kansas City cuando derrotaron a los Yankees de Nueva York para jugar la Serie Mundial donde cayeron frente a los Filis donde jugaban los que después se convirtieron en dos miembros del Salón de la Fama: Steve Carlton y Mike Schmidt.
Sus estadísticas disminuyeron en sus últimas cuatro temporadas (1977-80) al sufrir lesiones que afectaron su rendimiento. De tal forma que se vio obligado a retirarse cuando tenía 36 años (1980) y su partido final fue el 3 de octubre en la Serie Mundial ante Filadelfia.
Cardenal no sólo fue un brillante jardinero por tener buenas manos y por su velocidad en el desplazamiento hacia todos los ángulos, también por factores que muchos no tienen en cuenta como son: la inteligencia para dominar el viento que sopla en cada partido que contribuye a capturar los elevados y las líneas con mayor facilidad, así cómo saber dónde tirar y de qué forma hacerlo según el tipo de corredor que se encuentre en las bases.
Luego de su retiro trabajó como entrenador para varios equipos (Cincinnati, San Luis y Tampa Bay). Fue coach de primera base de los Yankees de Nueva York entre 1996 y 1999 cuando este conjunto se convirtió en una dinastía en dicha etapa donde ganaron cinco de seis Series Mundiales. Por último, fue asesor principal del gerente general de los Nacionales de Washington entre 2005 y 2009.
Viajó a Cuba en 1982 por primera vez desde su salida en 1960. Allí estuvo en su tierra natal compartiendo y ayudando no sólo a sus familiares, también a varios amigos de infancia y organizando clínicas de béisbol para niños.
Cardenal siempre tuvo la ilusión de organizar un proyecto para ayudar a traer peloteros cubanos desde la isla en busca de jugar en Grandes Ligas de manera legal. Pero este sueño no ha sido cumplido debido a los problemas políticos que aún prevalecen entre ambas naciones.
En marzo del 2016 fue uno de los jugadores seleccionados por el entonces Comisionado de Béisbol Rob Manfred para representar a las Grandes Ligas en un evento conjunto que se celebró en Cuba, que incluyó un partido de exhibición entre los Rays de Tampa Bay y la selección nacional antillana (marzo 22) en el Estadio Latinoamericano de La Habana (antiguo Estadio del Cerro).
Sabemos que este matancero no actuó en el campeonato profesional de Cuba ni en las llamadas Series Nacionales, pero sí lo hizo brillando en las Ligas Mayores. Es cierto que nadie le puede restar méritos a las estrellas que jugaron en ambos torneos, pero es hora de colocar en el lugar que merecen a esos peloteros que por razones ajenas a su voluntad no fueron vistos por los fanáticos de la isla.
José Cardenal fue uno de ellos. Por su historial puede ser ubicado entre los mejores peloteros cubanos, y a nuestro juicio comparte con Tony “Haitiano’’ González el puesto del más completo jardinero central nacido en la isla en el béisbol de Grandes Ligas.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de febrero de 2022 a las 1:01 p. m..