Un triste recuerdo de lo que fue. ¿Podrá Cuba algún día recuperar su grandeza beisbolera?
Nos duele decirlo, pero es la verdad.
Cuba, la otrora segunda potencia beisbolera a nivel profesional y de manera simultánea la primera en el amateurismo, desde hace más de dos décadas pasó a ocupar posiciones inferiores y en estos momentos no se ubica ni entre los seis países con mayor nivel cualitativo.
Podríamos mencionar varios factores que llevó a ese descalabro beisbolero, pero el principal fue la eliminación del profesionalismo en 1961, medida que con el paso de los años trajo como consecuencia que centenares de peloteros con enorme talento abandonaran la isla; algunos de ellos haciéndolo en las postrimerías de sus carreras con muchísimos otros que nunca más pudieron regresar a su país de nacimiento y murieron en el extranjero.
Hoy, y desde hace varios años, muchos padres cuando ven que sus hijos tienen talento para triunfar tratan de sacarlos del país en busca de mejores oportunidades económicas y profesionales.
Esto no ocurría en la Cuba anterior a 1961, cuando los peloteros podían firmar y jugar en el béisbol estadounidense sin necesidad de abandonar definitivamente su patria.
En estos momentos, cuando Cuba como país es solo un recuerdo de lo que fue cualitativamente en el béisbol, queremos hacer un recuento de aquella grandeza del pasado que ubicó a nuestra pelota como la segunda mejor del mundo solo por detrás de las Grandes Ligas de Estados Unidos.
Cómo se inició la historia
Alexander J. Cartwright organizó en 1845 el primer equipo de béisbol y le puso el nombre de los Knickerbocker.
Desde entonces, la práctica de este deporte se extendió por los países caribeños, siendo Cuba el primero donde se jugó.
El cubano Nemesio Guilló estudiando en Estados Unidos aprendió a jugar este deporte en Mobile, Alabama, junto a su hermano Ernesto Guilló y otros dos compañeros de clases.
Cuando regresaron de vacaciones a Cuba los tres llevaron bates, guantes y pelotas para fundar el Habana Baseball Club que incluía a doce jugadores, entre ellos militaban Esteban Bellán, Emilio Sabourín, Leopoldo de Sola, los hermanos Francisco y Rafael Saavedra.
El primer juego de béisbol oficial en Cuba se celebró el 27 de diciembre de 1874 entre los equipos Habana y Matanzas, en el Estadio Palmar de Junco de la ciudad yumurina.
Tres años después (1877) se organizó un desafío internacional con un elenco norteamericano que visitó el Puerto de Matanzas a bordo de un barco-escuela de Estados Unidos, y el 29 de diciembre de 1878 se inauguró el campeonato profesional entre Habana y Almendares, novenas que se convirtieron en los eternos rivales de dicho torneo.
Desde entonces, la fiebre del béisbol se apoderó de los cubanos para convertirse en su deporte nacional. Salieron estrellas a lo largo y ancho de la nación alcanzando un enorme desarrollo cualitativo.
Las Grandes Ligas y las Ligas Negras de Estados Unidos fueron invadidas por peloteros cubanos desde principios del pasado siglo y se celebraban con regularidad series de exhibición entre selecciones de la isla y de Ligas Mayores, incluyendo las memorables visitas de leyendas como Babe Ruth con los Gigantes de Nueva York y Jackie Robinson con los Dodgers de Brooklyn.
El primer pelotero cubano en el profesionalismo
Esteban Bellán fue el primer cubano en jugar béisbol profesional en Estados Unidos con los Troy Haymakers (1871-72) y New York Mutual (1873) de la Asociación Nacional.
Por su parte, los dos pioneros en Grandes Ligas en el pasado siglo fueron el matancero Armando Marsans y el habanero Rafael Almeida, cuando ambos debutaron en 1911 con los Rojos deCincinnati
Entre 1911 y 1929 pasaron por las Mayores más de veinte jugadores antillanos en una época donde solo los blancos podían actuar en dicho béisbol.
De manera simultánea durante toda la etapa del Siglo XX, Cuba se impuso en casi todos los torneos a nivel amateur en el campo internacional desde el primero celebrado en los Juegos Centroamericanos de México en 1926, mientras que en el profesionalismo ganaron siete de 12 Series del Caribe, cinco de ellas consecutivas.
Los cubanos tuvieron varios equipos propios que ganaron torneos en los diferentes niveles del béisbol organizado de Estados Unidos, entre ellos los New York Cubans y los Cubans Stars en las Ligas Negras, así como los Havana Cubans que conquistaron varios títulos en la Liga Internacional de la Florida y los Cuban Sugar Kings a nivel Triple A, que ganaron el campeonato en 1959.
Una época gloriosa antes de 1961
La principal razón de la época gloriosa de la pelota en la isla fue la hermandad de béisbol que existía entre Cuba y Estados Unidos.
Muchos estadounidenses actuaron en los torneos de la isla y centenares de cubanos lo hicieron en los campeonatos de Norteamérica. Por ello, este deporte se arraigó en la vida del cubano.
El desarrollo beisbolero fue tan grande que, si no se hubiera eliminado el profesionalismo, Cuba llevaría más de 60 años con su propio equipo en Grandes Ligas.
Las primeras sedes de los campeonatos profesionales en Cuba fueron los estadios Palmar de Junco en Matanzas, Almendares Park y la Tropical en la Habana.
Luego, el 26 de octubre de 1946 se inauguró un nuevo parque que se le nombró Gran Stadium del Cerro con una capacidad para 31,000 personas, siendo esta una obra de arquitectura parecida a la de muchos estadios de esa época en Grandes Ligas.
El primer juego en el Estadio del Cerro terminó con una victoria 9-1 de los Alacranes del Almendares ante los Elefantes del Cienfuegos. El árbitro principal detrás del plato fue Amado Maestri.
El talento cubano siempre se impuso
Cuba vivió hasta 1961 una etapa dorada del béisbol con peloteros estrellas jugando en sus campeonatos internos, en Latinoamérica, en las Ligas Negras y en Grandes Ligas.
Por sólo citar a un grupo reducido están Martín Dihigo, José Méndez (El Diamante Negro), Cristóbal Torriente, Alejandro Oms, Adolfo Luque, Silvio García, Lázaro Salazar, Alejandro Crespo, Ramón Bragaña, Lorenzo “Chiquitín’’ Cabrera, Camilo Pascual, Pedro Ramos, Octavio “Cookie’’ Rojas. Tony Taylor y Orestes Miñoso.
Cuatro de estos peloteros que jugaron en estas etapas tienen sus nombres grabados en Cooperstown (Dihigo, Méndez, Torriente y Miñoso).
Algunos otros tienen sus placas en el Nicho de los Inmortales de las Ligas Negras, así como en los respectivos países del Caribe como Venezuela, Puerto Rico, República Dominicana y México.
Muchos peloteros jóvenes que comenzaron a despuntar a principios de la década del sesenta y posterior a esta fecha desarrollaron sus carreras en Estados Unidos y se convirtieron en estrellas de Grandes Ligas.
Entre ellos están Tony Oliva ganador de tres coronas de bateo y miembro de Cooperstown, Tany Pérez (Cooperstown), Luis Tiant, Camilo Pascual, José Cardenal, Bert Campaneris, Miguel Cuéllar, (Premio Cy Young) y Zoilo Versalles.
Con la prohibición de salir de Cuba hubo una etapa en que parecía que la tradición del pelotero antillano en Grandes Ligas iba a desaparecer.
Fue entonces que varios hijos de cubanos nacidos en Estados Unidos o que llegaron niños desde la isla sacaron la bandera y brillaron en el torneo más fuerte del mundo.
Entre los más sobresalientes se encuentran Rafael Palmeiro y José Canseco. Una vez terminada esta generación comenzaron a llegar peloteros de Series Nacionales escapando del gobierno cubano por diferentes vías, algunos de ellos haciéndolo en las postrimerías de sus carreras.
En estos momentos existe otro grupo de jugadores cubanos que actúan con mayor o menor éxito en Grandes Ligas, así como decenas de jóvenes que desarrollan sus carreras en Ligas Menores en busca de un futuro ascenso.
Cuando repasamos la historia y hablamos de aquellos Cubans Sugar Kings que ganaron en 1959 el campeonato de Triple A bajo la dirección de Preston Gómez, debemos recordar que surgió un lema que decía: “Un paso más y llegamos’’.
Esto significaba que Cuba estaba a sólo un paso para obtener la franquicia de Grandes Ligas con el nombre de “Havana’’.
Pero cuando el nuevo gobierno eliminó de manera absurda el béisbol profesional en 1961, dicha oportunidad se perdió. La franquicia que le pertenecía a nuestra capital se les otorgó a las ciudades de Toronto y Montreal.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde en la vida.
Confiemos entonces que muy pronto Cuba pueda contar nuevamente con un campeonato profesional que eleve la calidad de la pelota dentro de la isla, que sus peloteros puedan jugar en Grandes Ligas sin tener que escapar de la tierra donde nacieron y que puedan regresar como ídolos para los aficionados.
Cuando esto ocurra, esa tierra donde se levanta una piedra y debajo de ella sale una futura estrella del deporte de las bolas y los strikes, volverá a capturar su grandeza beisbolera.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de junio de 2025, 11:28 p. m..