Boxeo

De excusa en excusa, el Bombardero de Bronce se convierte en metal de poco valor

Uno quiere creer que este no es el verdadero Deontay Wilder. Durante mucho tiempo, antes de sus enfrentamientos contra Tyson Fury, el entonces campeón se mostraba como un hombre demoledor en el ring, pero magnánime en otros frentes de la vida. Después de sus dos choques contra el Rey de los Gitanos, su existencia parece fuera de control.

Tras un primer empate y luego de una derrota en la segunda entrega ante Fury, la percepción de la realidad ha girado fuera de control para Wilder, que ha ido de excusa en excusa para enmascarar su encontronazo con la adversidad, algo para lo cual debía estar acostumbrado.

De un traje que le pesaba demasiado, a guantes adulterados por el equipo del inglés a una sustancia debilitante puesta en su agua por uno de sus propios entrenadores, Wilder va en espiral descendente con el telón de fondo de que pronto se anunciaría una mega pelea entre Fury y el otro coronado del peso máximo, Anthony Joshua.

Antes, en sus días de gloria, la visión era otra. Incluso, de su doble rival, Luis Ortiz, alababa su capacidad para ser padre antes que boxeador, porque ambos compartían el amor por hijas con problemas médicos.. Pudo no haberle dado la revancha al cubano, pero se la otorgó.

Todavía queda en la retina del fanático esa toalla lanzada por su segundo en la esquina, Mark Breland, que le salvó de un castigo brutal a manos de Fury. Tantas veces solventó sus peleas solo con el poder de su mano derecha, que cuando enfrentó a un boxeador inteligente y con mayores habilidades, no supo encontrar un pasaporte a la victoria.

Por estos días, Breland -un ex campeón olímpico de 1984 y profesional- y Wilder se han enzarzado en una batalla de palabras que no deja bien parado a ninguno de los dos, aunque justo es decir que el entrenador no fue quién provocó esta escaramuza verbal. El acusador fue el hombre que perdió el cetro, al decir que le había envenenado el agua con alguna sustancia malsana.

¿Cuáles son las pruebas de Wilder? Que no se sentía bien, que no podía contar con sus piernas, lento y predecible. Pruebas que no se sotienen en ningún tribunal, como tampoco pasaría la de los guantes adulterados por Fury. Su entrenador principal, Jay Deas, y uno de los representantes de la Comisión Atlética de Nevada estuvieron presentes en el vendaje. Todo fue legal.

Pero Wilder ha echado a rodar la teoría de las conspiraciones bajo aquello de “difama que algo queda’’, aunque para su sorpresa -únicamente de él- nadie le compra el cuento, mientras queda a la expectativa de lo que pueda suceder con su carrera, mientras Breland asegura que ya “está acabado’’.

Sin duda, Wilder es un boxeador con muchas carencias, un campeón que una pegada enorme y nada más, pero como reza un viejo dicho en este deporte: un hombre con poder jamás estará perdido y la potencia de su derecha es comparada con la de George Foreman, que ya es mucho decir.

Wilder, sin embargo, necesita mirarse por dentro y sopesar sus acciones. Su carrera no ha terminado, pero esa actitud de culpar a los otros por los errores propios no le llevará a ninguna parte, especialmente ahora que ya no lleva una corona en su cabeza.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de febrero de 2021, 2:51 p. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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