Guerrero cubano abre otro capítulo: del tatami y la jaula al desafío brutal del boxeo a mano limpia
Después de construir una carrera que lo llevó desde los colchones de lucha grecorromana en Cuba hasta las luces de ONE Championship en Asia, donde llegó a disputar un título mundial, Gustavo Balart vuelve a colocarse frente a un reto que pocos se atreverían a asumir.
A los 37 años, cuando ya tiene un legado asegurado en los deportes de combate, Balart se dispone a debutar este 4 de junio en Bare Knuckle Fighting Championship (BKFC), la organización más importante del mundo en el boxeo a mano limpia, con la intención de construir un nuevo capítulo en su trayectoria.
Para muchos sería una apuesta arriesgada. Para él, simplemente es el siguiente objetivo en una vida dedicada a competir.
“Siempre me ha gustado el boxeo’’, comentó Balart durante una conversación con el Nuevo Herald. “Desde niño en Cuba me mantenía metido en los gimnasios aprendiendo porque me apasionaba. Esta es una nueva meta y quiero cumplirla’’.
La decisión no surgió de la noche a la mañana. La relación cercana con su amigo Sergio, el matchmaker de BKFC y uno de los primeros patrocinadores que tuvo cuando llegó a Estados Unidos, ayudó a abrir una puerta que Balart llevaba tiempo observando.
Pero más allá de las conexiones, lo que terminó inclinando la balanza fue la oportunidad de explorar una disciplina que siempre despertó su interés.
Aunque para el aficionado promedio el Bare Knuckle puede parecer un territorio salvaje, Balart sonríe cuando escucha las referencias a la dureza del deporte.
Después de años compitiendo en MMA, donde los golpes pueden llegar desde cualquier ángulo y con cualquier extremidad, el santiaguero considera que la transición resulta incluso más sencilla de lo que muchos imaginan.
“En MMA hay codos, rodillas, patadas y muchas más variables’’, explicó.
“Aquí puedo concentrarme solamente en el boxeo. Los peleadores de MMA estamos acostumbrados al dolor y a la exigencia física’’.
Esa confianza no nace de la arrogancia, sino de una carrera que lo ha obligado a reinventarse constantemente.
Primero fue la lucha grecorromana, donde conquistó el título panamericano representando a Cuba. Luego llegó el salto a las artes marciales mixtas, una disciplina completamente diferente en la que logró posicionarse entre la élite mundial de los pesos pequeños.
Lo curioso es que, aún embarcado en esta nueva aventura, Balart insiste en que las MMA continúan siendo su gran pasión.
“No las he dejado’’, afirmó. “Sigo activo y ranqueado entre los cinco mejores del mundo en mi categoría. Esto es un proyecto nuevo, pero las MMA siguen siendo parte de mí’’.
Ahora el escenario cambia y también el público. Tras años de peleas en Asia, donde construyó una sólida base de seguidores gracias a sus actuaciones en ONE Championship, Balart volverá a pelear cerca de casa.
El Hard Rock Casino de Fort Lauderdale será testigo de una presentación que ha despertado interés entre los aficionados del sur de la Florida.
La expectativa no es casualidad. La comunidad cubana ya ha visto a varios compatriotas destacar en BKFC, incluyendo campeones como Héctor Lombard, Alberto Blas y Gustavo Trujillo. Balart espera sumarse pronto a esa lista y llegar a lo más alto de la empresa.
De hecho, sus planes son mucho más ambiciosos que simplemente debutar.
“Queremos estar peleando por el título muy pronto’’, aseguró. “Si no es a finales de este año, que sea a principios del próximo’’, confirma.
Para perseguir ese objetivo, el cubano se sometió a un intenso campamento de entrenamiento entre Miami y Las Vegas, trabajando junto al reconocido entrenador Ismael Salas y el equipo de The Sky. Allí ajustó detalles técnicos y adaptó su estilo a las particularidades del boxeo sin guantes.
La diferencia, explica, va mucho más allá de quitarse la protección de las manos.
“En las MMA tienes que mantener una postura distinta por las patadas y las rodillas. Aquí puedo moverme mejor, sentarme más en los golpes y enfocarme totalmente en el boxeo’’, señaló.
Mientras habla, resulta evidente que el entusiasmo es el mismo que lo acompañó cuando abandonó la lucha para probar suerte en las MMA.
Esa necesidad permanente de buscar nuevos desafíos parece ser el combustible que ha impulsado toda su carrera.
Por eso, cuando se le pregunta qué representaría convertirse también en campeón de BKFC, su respuesta tiene menos que ver con cinturones y más con evolución personal.
Sería otro trofeo para una vitrina ya repleta de logros, pero también la confirmación de que aún quedan montañas por escalar.
Porque si algo ha demostrado Balart durante toda su trayectoria es que nunca ha tenido miedo de comenzar de nuevo. Y ahora, con los nudillos desnudos y la misma determinación de siempre, está listo para escribir otro capítulo de una historia que se niega a terminar.