El presidente y el doctor, o como un político trata de manipular las ciencias | Opinión
Hay una comedia musical muy entretenida que se ha representado muchas veces en los teatros y dos veces en el cine, titulada “El Rey y yo” (The King and I).
Se basa en una historia real, la de Anna Leonowens. La maestra Ana va al reino de Siam, hoy día Tailandia, porque el Rey Maha Mongkut la invita a ser “governess”, que quiere decir educadora, de sus numerosos hijos, a mediados del siglo XIX.
Tiene que hacerlos conocedores de las nuevas ciencias en esa época. Pero Ana y el Rey luchan varias veces en la comedia, lo que es una metáfora del debate que ha tenido siempre la ciencia contra el poder (recordemos a Galileo).
En nuestros días se trata del doctor Anthony Fauci, nombrado por el presidente Donald Trump como miembro del “White House Coronavirus Task Force” (Equipo de trabajo del coronavirus en la Casa Blanca) establecido en enero de 2020.
Pero en televisión, Fauci dice lo contrario de lo que predica Trump. Porque el doctor Fauci es el director del National Institute of Allergy and Infectious Diseases (NIAID), desde 1984, y ha trabajado para contener el HIV/AIDS, el SARS, la pandemia del virus porcino de 2009, el MERS, el ébola de 2014 y el COVID-19.
Desde hace tiempo le piden a Fauci hablar frente a las pantallas. Por su amable y fácil trato. Se le llamaba a esto PTFOTV, siglas que significan: “Put Tony Fauci On TV”. Pon a Tony Fauci en la TV.
Al parecer, siempre está haciendo el papel que tenía la profesora Ana, con probadas razones científicas frente a las opiniones políticas del que se cree “Rey”, aunque no se decide a despedirlo.
Fauci acaba de decir esta semana en un evento virtual de American University, todo lo contrario del Presidente, que una vacuna no estará disponible hasta el próximo verano u otoño, según el reportero Matthew Choi esta semana en la revista “Politico”.
La predicción de Robert Redfield, director del CDC, quien se lo advirtió al Comité de Apropiaciones del Senado el mes pasado fue la misma. Primero hay que aprobar la vacuna, y luego tomará de seis a nueve meses vacunar a todo el mundo. Mientras tanto, llegará a haber entre 300,000 y 400,000 muertos más por el virus en Estados Unidos, dice Fauci, si no se toman medidas específicas. Pero yo no creo que todo el mundo tenga acceso a las medicinas del presidente. Los demás nos tenemos que distanciar y ponernos la careta.
La senadora Kamala Harris señaló en el debate del miércoles 7 de octubre que el gobierno actual desmanteló el equipo de trabajo que se había instalado durante el gobierno de Barack Obama y Joe Biden para prepararse ante la posibilidad de una pandemia futura. Habíamos sido atacados por dos epidemias terribles durante ese gobierno, la influenza H1N1, o porcina, y el ébola. Y hay un documento científico en PDF para casos de emergencia de enfermedades infecciosas, preparado por el equipo sanitario de Obama.
Pero ahora el Presidente decide cuál científico u organización, como la FDA o la CDC, o su propio equipo, tiene la última palabra. Y a veces ni les hace caso o los contradice totalmente.
Sin embargo, Donald Trump sí criticó fuertemente a Barack Obama por no reaccionar contra el H1N1 de manera efectiva, y luego pidió que no se enviaran ayudas al África para combatir el ébola, a menos que no se les permitiera regresar a los doctores y enfermeros.
Todo lo cual nos lleva a considerar que para mantener la seguridad nacional no solo debemos estar preparados militarmente, sino también equipados para amenazas a la salud desde cualquier orilla.
Lo que se ve en ficción ocurre luego en la realidad. Por ejemplo, la cinta “The China Syndrome’‘, del desastre en una planta nuclear, que ocurrió al mismo tiempo, en 1979, Three Miles Island in Pennsylvania. Y “Outbreak”, sobre el ébola, en 1995, 19 años antes de que ocurriera, en 2014.
Habrá entonces que considerar que la ciencia no puede estar en manos de un presidente, sino al revés. Debiera proclamarse una enmienda a la Constitución, que estipule que una comisión que se rija por la ciencia en lo que se refiera a procedimientos y protocolos debe conminar al Presidente y a todo el Congreso a cumplir con sus recomendaciones a toda la nación en caso de seguridad nacional.
Además, la salud de los políticos no puede ser privada. Ellos pertenecen al pueblo y no tienen derecho a ocultarla como lo ha hecho Trump con su médico particular en la Casa Blanca, el doctor Sean Conley, quien invoca la confidencialidad de su paciente, quien es también su jefe.
Los protocolos de la organización de la salud debieran tener prioridad sobre las decisiones políticas de un Presidente de Estados Unidos. Es una cuestión de extrema urgencia.
Escritora cubana. Correo:
olconnor@bellsouth.net.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de octubre de 2020, 1:51 p. m. with the headline "El presidente y el doctor, o como un político trata de manipular las ciencias | Opinión."