El Cuban Diner revive la nostalgia de las cafeterías habaneras en plena Calle Ocho
El Cuban Diner llegó en un momento en que La Calle Ocho es cada vez más cubana y, al mismo tiempo, más moderna. Cambian las generaciones y evolucionan los gustos, pero las fritas cubanas y los batidos siguen ocupando un lugar privilegiado en las preferencias populares de Miami.
El Cuban Diner abrió a finales del año pasado, a la altura de la avenida 16, en pleno corazón de la Calle Ocho, donde antes estuvieron la taquería El Santo y, años atrás, el restaurante español Casa Panza. Así que la buena energía ya habitaba el lugar. El concepto nació de la mezcla entre los diners estadounidenses y las cafeterías cubanas de los años 50, que a su vez imitaban el estilo de aquellos clásicos diners americanos.
A simple vista podrían parecer lo mismo, pero no lo son. Ahí están los colores de la decoración —el rojo como protagonista, acompañado de toques negros y amarillos— y las luces de neón, evocando el desenfado de aquellos fines de semana en que los jóvenes estadounidenses de una época más inocente salían a la calle principal de pueblos y ciudades para bailar rock and roll y terminaban la noche tomando enormes batidos coronados con crema y una cherry.
Pero El Cuban Diner aspira más bien a parecerse a las cafeterías del Vedado habanero en su época de esplendor: los dos Carmelos —el de Calzada y el de la calle 23—, Wakamba, El Potín y El Jardín. Eran sitios más glamorosos y cosmopolitas que un diner estadounidense, lugares donde podías comerte un sándwich de jamón, pierna de cerdo y queso de esos que hoy en Miami llamamos “cubano”, y que en Cuba eran sándwich y nada más. La clave está en el pan bien tostado y el queso derretido asomándose por los bordes, casi haciendo alarde de su sabor.
El ambiente también es esencial. Tiene que existir ese toque familiar que sí logra El Cuban Diner, concebido por sus fundadores como un espacio para toda la familia. Como aquellas cafeterías habaneras donde los primos se sentaban juntos en un pullman —sin distancia alguna entre ellos— y pasaban la tarde peleando “como perros y gatos”, diría la tía.
Con inspiración en La Habana
La diferencia está en que, si en El Potín o El Jardín la gente merendaba mirando hacia la calle Línea, en El Cuban Diner los clientes observan a los turistas que pasan con bolsas de compras, a las paseantes en shorts, gorras y vestidos floreados. Es ese espíritu de fiesta y vacaciones permanentes que siempre parece acompañar a Miami.
Los ejecutivos de GastronomicaMiami, creadores de El Cuban Diner, ya habían probado la fórmula de la nostalgia en otros restaurantes de la Calle Ocho. Sala’o Cuban Restaurant & Bar se inspira en El Floridita, el famoso restaurante de la calle Obispo, en la frontera entre La Habana y La Habana Vieja, célebre por el daiquirí, el trago favorito de Ernest Hemingway, quien lo tomaba sin azúcar.
El otro restaurante del grupo, Old’s Havana Cuban Bar & Cocina, se inspira en La Bodeguita del Medio, templo del mojito en La Habana Vieja y lugar que conquistó a turistas y locales con sus paredes cubiertas de firmas de visitantes, aunque hace unos años las borraron, quitándole parte de su encanto.
Fritas, batidos y hot dog a la cubana
Para El Cuban Diner diseñaron un menú sencillo, justo el que la gente busca durante una pausa entre compras de souvenirs durante el día o de regreso de la rumba en la noche.
Eliestebán Mena, uno de los ejecutivos de GastronomicaMiami, asegura que los hot dogs son toda una universidad y, por eso, constituyen un plato imprescindible en cualquier diner. En este caso, se inspiró en un perro caliente popular de Chicago: “Pura salchicha con carne, cebolla, mostaza y sauerkraut”, explicó.
La hamburguesa se elabora con carne tipo wagyu, que le da una jugosidad especial, en pan brioche, con queso cheddar y por arriba salsa de queso fundido, y como toque especial, alioli. El año pasado fue elegida como “la mejor hamburguesa de Miami” por el sitio web para foodies The Leftover Miami.
La frita ha sido una constante en las cafeterías cubanas, aunque en Miami no siempre aparece en todos los restaurantes cubanos, salvo en los lugares especializados como El Rey de la Frita o El Mago de la Frita.
El Cuban Diner tiene también su propia frita, que puede entrar muy bien en esa competencia entre los fans de la frita en Miami, que se dividen entre los que le van al Mago o al Rey. Así como si fuera el River Plate o el Boca, o el Barça y el Real Madrid, con todo el corazón en la competencia.
La frita combina carne de res, carne de cerdo y chorizo. Son esos tres sabores los que le aportan el toque especial. Se cocina a la plancha para que quede jugosa, pero no grasosa, y se sirve con papitas finitas, las clásicas “papitas de frita”.
El Cuban Diner también ofrece batidos de frutas, incluido el de mamey. Pero hay algo que no se encuentra fácilmente en todas partes y que sí es típico de los diners estadounidenses: la “vaca negra”, una mezcla de refresco de cola con una bola flotante de helado de vainilla.
Para los admiradores de Swensen’s, uno de los diners clásicos de Miami en la US1 que cerró en 2021, esto puede sentirse como un pequeño desquite. Una vaca negra y una frita para reconciliar la tierra de origen con la de nacimiento: un paraíso cubanoamericano abierto hasta las 3 de la madrugada, la hora en que cierra El Cuban Diner los fines de semana.