Cuba

La historia de Cuba por sus patios y arquitectura, con un plan maestro para salvar La Habana

Casa de la familia Aróstegui, construida en 1759 y ubicada en la calle Tacón. Su significación histórica va más allá del edificio porque allí se fundó el Colegio de Arquitectos de La Habana en 1916.
Casa de la familia Aróstegui, construida en 1759 y ubicada en la calle Tacón. Su significación histórica va más allá del edificio porque allí se fundó el Colegio de Arquitectos de La Habana en 1916.

No se puede pensar La Habana del futuro sin mirar de frente la desesperanza. Es difícil imaginar lo que pueden volver a ser la capital cubana y el resto de las ciudades importantes de la isla sin conocer a profundidad la historia de sus edificios.

Es como si las montañas de basura, por todas partes en las calles, pudieran más que la nostalgia de los patios de la infancia, que los balcones del Malecón o la brisa en una plaza de La Habana.

No hay planteros de helechos, antigüedades conservadas o estatuas en pie en medio del desastre de sus ciudades que puedan salvar a los cubanos de adentro y de afuera de ese verso de Quevedo: “Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!, y en Roma misma a Roma no la hallas”.

El arquitecto Julio César Pérez Hernández, profesor en la Universidad de Notre Dame, Indiana, tiene todo lo que hace falta para combatir la desesperanza. Una visión que se eleva por encima de la nostalgia y un mensaje claro para las autoridades cubanas: “Lo que está en juego es la expresión más importante de la cultura cubana, el patrimonio edilicio que forjó la identidad cultural de nuestra nación”.

La historia de Cuba contada por sus patios

Pérez Hernández presenta su libro más reciente, Courtyards of Cuba (Andelani Press) este miércoles 6 de agosto en Books and Books de Coral Gables.

“Los patios interiores son el elemento compositivo más importante y antiguo en la arquitectura cubana”, dijo a el Nuevo Herald. “Son espacios de gran significado simbólico por sus conexiones emocionales con el ser humano y cruciales para la ventilación y la iluminación natural de las edificaciones. Desde siempre fue el espacio ideal, cerrado, protegido e íntimo pero al mismo tiempo abierto, para el juego de los niños y el sitio de solaz y esparcimiento para la familia”.

Casa del intelectual y político Francisco Arango y Parreño, en la calle Amargura en La Habana Vieja.
Casa del intelectual y político Francisco Arango y Parreño, en la calle Amargura en La Habana Vieja. Foto propiedad del arquitecto Julio César Pérez Hernández.

Su libro nos lleva por los patios residenciales y por los claustros religiosos, nos hace ver con ojos de estudioso la casa del intelectual y político Francisco de Arango y Parreño (1775-1837); los palacios coloniales de condes y marqueses, y las casas de la clase acomodada en El Vedado o las mansiones de El Laguito. Nos muestra a Cuba insertada en la tradición universal, y a sus arquitectos innovando y reinterpretando el patio en el estilo modernista para que conserven la utilidad y la belleza que tenían en la arquitectura colonial.

Un plan para salvar La Habana

Autor de Un Plan Maestro Urbano para La Habana del Siglo 21, un documento registrado en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, Pérez Hernández es una voz a favor de una causa que en lo absoluto da por perdida.

“Las autoridades cubanas necesitan entender que el patrimonio cultural cubano trasciende un lapso de seis décadas porque en realidad comprende más de cinco siglos: la cultura cubana es la mayor riqueza del país, su verdadero tesoro, lo que distingue a Cuba del resto de Hispanoamérica y del mundo desde hace siglos, la que creó riqueza a través del tiempo y cuyos ilustres hijos colocaron a Cuba en lugares cimeros desde 1794 con la importación de la máquina de vapor por la Sociedad Económica de Amigos del País, hasta 1837 con la introducción del ferrocarril por el Intendente de Hacienda Claudio Martínez de Pinillos, Conde de Villanueva”.

Pérez Hernández contestó estas preguntas para el Nuevo Herald.

¿Qué tipo de patios, plazas y espacios interiores marcan el libro?

El libro es un ensayo histórico exhaustivo que describe literal y visualmente la tradición de los patios en la arquitectura cubana; el primero y único en documentar de manera integral su historia, evolución y valor compositivo a través de cinco siglos. El tema del patio posee disímiles variaciones en la arquitectura cubana, lo cual ratifica su presencia ancestral, su validez conceptual y su vigencia. Las imágenes del libro contribuyen a una mejor comprensión de las influencias que motivaron dichas variaciones y muestran el refinamiento y sofisticación in crescendo de estos espacios a la par que su rol en la adaptación climática.

Inicialmente, los patios estaban completamente abiertos al cielo y de acuerdo a su ubicación estaban situados en el centro, en los laterales o al fondo de los edificios. Algunos edificios contaban con varios patios.

De acuerdo con su tamaño algunos están rodeados, parcial o totalmente, por galerías. Cuando estas los circundan perimetralmente, se les llama patios claustrales, como los de los conventos.

Desde finales del siglo 19 y durante las décadas iniciales del siglo 20, la tradición del patio perduró, aunque transformada y redefinida por tendencias europeas que impusieron un modelo de patio techado o atrio de gran refinamiento y sofisticación llamado Grand Hall. No obstante, prevaleció su valor y su significado espacial como elemento central, proveedor de ventilación y de luz natural y distribuidor de la circulación.

La Lonja del Comercio (1908-1909), los Palacios del Centro Gallego (1915) y del Centro Asturiano (1928) y el Capitolio Nacional (1929) constituyen ejemplos notables. En el Capitolio se combinó el Grand Hall o Salón de los Pasos Perdidos, con dos magníficos patios interiores.

Y esta combinación encontró variaciones en las residencias privadas del senador José Manuel Cortina (1917), la de María Luisa Gómez Mena, Condesa Revilla de Camargo (1926), y la de Orestes Ferrara (1928), construidas en El Vedado, La Habana, donde el Grand Hall como espacio central evoca el patio tradicional.

Otra influencia que aparece en el siglo 20 consistió en el patio delantero o forecourt que se encuentra en algunos edificios públicos como El Vedado Tennis Club de 1912 y en residencias privadas, como la de Elvira Cil, de 1923 en El Vedado.

El patio es la tipología esencial a escala arquitectónica, mientras que la plaza lo es a escala urbana. En el libro se menciona la interrelación entre ambas, y se alude a la magistral lección de diseño urbano que ofrecen la Plaza de Armas, y el Palacio de los Capitanes Generales gracias al trazado axial que enlaza visual y físicamente a la Plaza con el patio interior central del edificio.

La belleza de las plazas de Cuba es equivalente a la de los patios y realzan la importancia del espacio urbano en la arquitectura cubana, tema tratado en mi próximo libro dedicado a El urbanismo de La Habana a través de cinco siglos, que publicará también Andelani Press.

¿Los patios de Cuba deben más a lo que relacionamos con la arquitectura española, quizás los patios sevillanos, o a la arquitectura árabe, al estilo la Alhambra y los alcázares?

Hay dos tradiciones seculares que convergen en Cuba: la Clásica y la Islámica. Ambas se filtraron a través de España a América y aportaron valores intrínsecos. Esa confluencia les otorga una relevante singularidad y distinción a los patios de la arquitectura cubana.

El Imperio Romano fundó numerosas ciudades en España y conquistó Sevilla, a quien llamaron Hispalis y a quien también conquistaron los árabes. Ambas culturas dejaron una huella indeleble en esta bella ciudad andaluza que devino la ciudad más importante de Europa en el siglo 16 gracias a las riquezas extraídas del Nuevo Mundo.

Su vínculo directo con Hispanoamérica, y en particular con La Habana y su puerto ayuda a comprender cómo los patios sevillanos encontraron un importante eco en los patios cubanos, matizados por algunos rasgos comunes, pero adaptados a las condiciones propias de la isla.

El libro dedica un espacio importante a las plazas públicas y también a los patios de los edificios de uso religioso. ¿En qué sentido estas construcciones repiten o reinterpretan las tradiciones llevándolas al plano de lo que llamamos cubanía?

Ambos, el patio y la plaza reflejan la relación del ser humano con su entorno inmediato. La tradición perdurable de ambos confirma su importancia para la cultura edilicia: su escala y diseño.

Las instituciones religiosas cubanas se emplazaron en plazas y plazuelas e introdujeron en Cuba la tradición de los patios claustrales. Los conventos e iglesias trascendieron sus funciones primordiales para alcanzar una presencia pública y un carácter propio, a la par que contribuyeron a la difusión del conocimiento, la educación y la vida cultural.

En uno de los patios del Convento de Santa Clara de Asís, edificado en 1638, existió una edificación llamada Casa del Marino, un rasgo reminiscente del Tempietto de Donato Bramante en el claustro principal de la Iglesia de San Pietro en Montorio, encargo de Isabel la Católica y del Templete del Patio de los Evangelistas en El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

En el Convento de Belén, construido entre 1712 y 1718, se proveía instrucción primaria a niños y jóvenes y albergó el primer Observatorio Meteorológico de Cuba, actualmente Museo de la Meteorología en Cuba.

En el Convento de San Juan de Letrán o de Santo Domingo se fundó en 1728 la Universidad de La Habana y en uno de sus claustros se instaló el primer Preuniversitario de Cuba en 1863. El Convento de San Agustín alojó el Museo Carlos Juan Finlay y fue visitado por Albert Einstein en 1930.

¿Cuál es su impresión del trabajo de conservación de los edificios de valor arquitectónico en Cuba? ¿Notó algún cambio de cuando empezó a estudiar la arquitectura de La Habana y los últimos tiempos?

La tradición de la conservación de los edificios de valor arquitectónico en Cuba comenzó con la labor pionera de los arquitectos cubanos Evelio Govantes y Félix Cabarrocas en 1928 dirigida a la restauración de monumentos como El Templete y los Palacios de los Capitanes Generales y del Segundo Cabo en la Plaza de Armas.

Esta labor continuó esporádicamente durante las siguientes décadas y experimentó un auge después de 1982 tras la declaración de La Habana Vieja y su Sistema de Fortificaciones como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Las principales fortalezas y plazas de la ciudad (Plaza de Armas, Plaza de San Francisco de Asís, Plaza de la Catedral y La Plaza Vieja) colonial y sus edificios circundantes fueron restaurados y rehabilitados. Ha habido cambios, efectivamente. En la actualidad, aunque existen ejemplos aislados, se aprecia un declive de la restauración.

Su libro incluye la arquitectura modernista cubana, que vivió un esplendor en los años previos a la llegada del castrismo, una etapa que suele ser postergada ante el encanto de la arquitectura colonial. ¿Qué es lo que más le llama la atención de estas casas de arquitectos cubanos como Quintana, Romanach y hasta la casa diseñada por Richard Neutra?

El valioso legado de la arquitectura moderna cubana es altamente meritorio por su énfasis en el rescate de la tradición de los patios interiores como elemento distintivo de nuestra identidad.

La arquitectura moderna cubana revivió el debate de la búsqueda de la ‘cubanidad’ basado en una síntesis creativa del compromiso entre tradición y modernidad que hibridaba la relación entre la herencia colonial y la vanguardia internacional.

El resultado, denominado ‘modernismo regionalista’ demuestra por una parte el ansia por indagar en el pasado y por otra la de repensar críticamente la asimilación del llamado estilo internacional en aras de lograr una identidad propia.

Más allá del debate ideológico estéril que puede aún persistir, pienso que deben reconocerse los valores de la la arquitectura moderna cubana —que personalmente enmarco entre 1944 y 1972— y valorar adecuadamente la alta calidad de diseño y construcción alcanzada principalmente durante la década de 1950 dentro de un ámbito de libertad creativa y del predominio de la libre empresa.

Igualmente, opino que deben resaltarse los múltiples logros de la prolífica producción arquitectónica de esta etapa caracterizada por un saber hacer que significó tanto la eclosión como la madurez del pensamiento teórico e inspiraron a las siguientes generaciones de arquitectos.

El arquitecto cubano Eugenio Batista resumió en su ensayo La casa cubana los que consideraba los principales elementos de la arquitectura cubana, los patios, los portales y las persianas. Con su obra personal y su labor pedagógica inspiró a un grupo de jóvenes arquitectos como Mario Romañach, Nicolás Quintana, Frank Martínez, Emilio del Junco, entre otros, en la búsqueda de las raíces esenciales de la arquitectura cubana, su respuesta contextual adecuada y su expresión formal.

Lo que más me llama la atención de las obras mencionadas es la persistencia del patio como elemento compositivo dentro de la asimilación de la estética racionalista.

¿Cómo son los patios de este tipo de casa y cómo los reinterpreta la arquitectura cubana, para distinguirse, por ejemplo, de las casas de este movimiento en L.A., Sarasota, Miami, etc?

El signo distintivo y el denominador común de las casas diseñadas por Romañach, Quintana, Martínez y Del Junco es la reinterpretación en clave moderna del patio, recreado de varias maneras no solamente para proveer ventilación e iluminación natural, sino como espacio que vincula el interior y el exterior, al modo de los patios coloniales.

Esto distinguió estas casas de la mayoría de las casas del Movimiento Moderno en California y Florida, con una planimetría más compacta, evidente en las obras de Richard Neutra o Rudolph Schindler, en California o de los hoteles de Morris Lapidus en Miami. En Miami Beach existen aún algunos complejos de apartamentos que utilizan los patios ajardinados y las galerías en voladizo como respuesta climática.

Ante el estado ruinoso de La Habana y del resto de ciudades de Cuba, ¿qué mensaje tiene para las autoridades cubanas?

La ciudad constituye la más elevada expresión de la cultura material y espiritual de cualquier sociedad. La Habana posee un espíritu del lugar o genius loci que es el determinante más importante de la cultura, de acuerdo con el escritor británico Lawrence Durrell.

La arquitectura, escribió el mexicano Octavio Paz, es el testigo insobornable de la Historia. Esta frase lapidaria resume el estado actual de muchas edificaciones cubanas, más allá de cualquier elucubración teórica. No se trata de nostalgia, juicios subjetivos o enfoques ideológicos.

Salón de los Pasos Perdidos del Capitolio Nacional.
Salón de los Pasos Perdidos del Capitolio Nacional. Foto propiedad del arquitecto Julio César Pérez Hernández.

Actualmente y desde hace varias décadas, la desidia y el abandono caracterizan la desfigurada fisonomía de ciudades y pueblos de Cuba, incluyendo a La Habana. En esto influye la violación flagrante de las Ordenanzas de Construcción y la desobediencia urbanística; la ausencia de la sanidad y el déficit del suministro de energía eléctrica y agua potable.

A pesar del gran diapasón estilístico de sus edificaciones que reflejan el esplendor de antaño y de la magia y poesía innegables de la otrora metrópolis caribeña con gran influencia europea, que es La Habana, su imagen está dañada, sus barrios desfigurados.

A las autoridades cubanas debe exigirse una educación respecto a la historia y la cultura cubanas que despierte su sensibilidad y su sentido del deber respecto a la necesidad urgente de rehabilitarlo y conservarlo.

El mensaje que tengo para las autoridades cubanas es directo y simple y lo he expresado públicamente en conferencias y textos: la salvaguarda del patrimonio cubano es impostergable porque su valor es atemporal e inestimable. El tejido urbano de las ciudades y pueblos de Cuba es único en Hispanoamérica, es la expresión de una cultura y de un modo de hacer ciudad que ya no existe.

¿Cómo pueden contribuir a salvar La Habana los arquitectos cubanoamericanos y cubanos ante el cambio de régimen?

Soy autor de Un Plan Maestro Urbano para La Habana del Siglo 21, un documento registrado en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, en Washington D.C.

Contiene una visión holística a largo plazo que representa un punto de partida para guiar el futuro desarrollo económico de La Habana. El plan está basado en un decálogo de principios que comprende desde una nueva legislación hasta la propuesta de renovación de la infraestructura urbana; desde la conservación del patrimonio natural y edificado hasta el desarrollo del frente marítimo, el incremento del espacio público, el diseño de nuevos barrios para tratar de solucionar las necesidades de vivienda, la recuperación de las calzadas y el refuerzo del carácter policéntrico de la ciudad.

La contribución principal de los arquitectos y urbanistas cubanos y cubanoamericanos será la puesta en valor de su talento y experiencia para crear una obra magna consistente en refundar nuestra nación con todos y para el bien de todos como pensó nuestro apóstol José Martí.

¿Ha podido comprobar si sigue la tradición de los patios en los nuevos hoteles construidos en los últimos tiempos para el turismo?

Mi crítica a la arquitectura banal y anodina de los hoteles que se han construido en Cuba tiene una larga data. En el contexto de una invitación del Colegio de Arquitectos de Asturias en Oviedo para dar una conferencia sobre La Habana, concedí una entrevista al periódico El Comercio de Oviedo el 1 de Julio de 2001 donde expresé que Cuba necesitaba una renovación de la cultura arquitectónica y me referí a las malas prácticas de diseño prevalecientes, sobre todo en la construcción de hoteles internacionales diseñados por extranjeros.

No he visitado los hoteles de reciente construcción por lo cual no puedo decir si poseen patios. Pero sí puedo decir que algunos edificios coloniales remodelados para ser destinados a hoteles conservan sus patios interiores.

¿Cuáles son sus memorias afectivas más importantes de La Habana?

Mis memorias de La Habana abarcan desde la percepción de su luz hasta su indescriptible olor salitroso; el ruido de sus calles y sus gentes, pero más que todo de su Arquitectura y de su Urbanismo, así con letras mayúsculas. Las calles, plazas y edificios de la Habana llevan inscritos en ellos la historia de la ciudad más importante de Hispanoamérica en tiempos coloniales y durante los primeros 60 años del Siglo 20.

Palacio de los Capitanes Generales en la Plaza de Armas, en La Habana Vieja.
Palacio de los Capitanes Generales en la Plaza de Armas, en La Habana Vieja. Foto propiedad del arquitecto Julio César Pérez Hernández.

Mis memorias comprenden incontables caminatas a lo largo del Malecón y por los distintos barrios, desde La Habana Vieja, El Vedado y Miramar hasta Guanabacoa, Regla y Luyanó. Y también, mis innumerables recorridos por el icónico Paseo del Prado y las calzadas del Cerro, Reina, Monte, Galiano, y 10 de Octubre junto con el estudio y la exploración de los patios de los edificios.

¿Qué ciudad del mundo se parece más a La Habana?

Cádiz, en el extremo sur de España, con una singular condición insular, ya que está unida y al mismo tiempo separada del resto de Andalucía por un viaducto, lo cual le confiere una condición doble de ciudad costera e isla. Su escala urbana, su traza, sus calles estrechas y manzanas compactas e incluso su frente marítimo la asemejan y hermanan urbanísticamente con La Habana.

Recientemente tuve el privilegio de conocer a un ser humano excepcional en Sevilla, el arquitecto Rafael Manzano Martos, quien además de ser un anciano sabio y venerable me regaló una frase memorable, al saber que soy de La Habana: ´Somos nacidos de la sal´

Courtyards of Cuba se presenta el 6 de agosto, 6 p.m., Books and Books, 265 Aragon Ave, Coral Gables.

Sarah Moreno
el Nuevo Herald
Sarah Moreno cubre temas de negocios, entretenimiento y tendencias en el sur de la Florida. Se graduó de la Universidad de La Habana y de Florida International University. @SarahMoreno1585
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