Hambre, delincuencia y apagones: Ancianos en Cuba sufren el peso de la creciente crisis
En una de las esquinas de la calle Enramadas en Santiago de Cuba, la segunda ciudad más importante de la isla, se agrupan adultos mayores sin hogar.
Lo que fueron negocios coloridos y alegres, en la actualidad se han convertido en refugio de ancianos hambrientos que, a punto de desmayarse, piden un vaso de agua para seguir andando bajo el sol.
Extenuados y cargando con el peso de la precaria situación económica de Cuba, los ancianos deambulan de un lugar a otro, portando las bolsas que los cubanos acostumbran llevar a todas partes con la esperanza de tener la suerte de conseguir algo de comer.
Demacrados y exhaustos, entran en tiendas y comercios para recuperar el aliento. A veces se presentan en una situación tan desesperada que los empleados se apiadan de ellos y les ofrecen un vaso de agua con azúcar para que encuentren las fuerzas necesarias para continuar con su jornada. Los santiagueros se apoyan mutuamente; sin embargo, la ayuda gubernamental para los más necesitados nunca llega.
“Las personas se están muriendo de inanición, son cadáveres, zombies”, dijo Irina Hung, de 47 años, una contadora de Miami originaria de Santiago que viajó a la isla en enero para ver a su familia.
Hung encontró Santiago de Cuba agobiado por apagones de 20 horas y una constante inseguridad ciudadana, al punto que su sobrino de 10 años la alertó de que no sacara el teléfono celular en la calle porque se lo podían robar.
Los ancianos constituyen la población más vulnerable en medio de la crisis económica y política que actualmente asola la isla. Las recientes oleadas migratorias de jóvenes han dejado a muchos adultos mayores solos, a su suerte y en las condiciones más extremas. Ante la falta de cuidadores cualificados y de confianza –y a medida que pierden gradualmente sus capacidades físicas y se ven imposibilitados de salir a la calle–, muchos ancianos mueren de hambre y enfermedades dentro de sus propios hogares, donde permanecen hasta que, finalmente, algún vecino los descubre.
Resulta cada vez más habitual ver a personas mayores durmiendo en los bancos de los parques o acurrucadas en los portales de los edificios en ciudades de toda Cuba. Asimismo, figuran con frecuencia en las listas de personas desaparecidas, a menudo debido a que padecen enfermedades mentales o demencia senil.
Además, corren un mayor riesgo ante la creciente violencia en la isla, la cual los convierte en blanco de agresiones físicas y fraudes.
Un país paralizado
Desde enero, la inseguridad alimentaria, los largos apagones, la violencia en las calles y el hambre se han agravado en Cuba. Desde hace ya más de cuatro meses, se mantiene vigente el cerco parcial de la administración Trump al combustible subsidiado que provenía principalmente de Venezuela y México, si bien Estados Unidos permitió que un buque cisterna ruso atracara en la isla en marzo para entregar 730,000 barriles de petróleo crudo.
“El envío es solo una curita”, dijo Jorge Piñón, investigador sénior del Instituto de Energía de la Universidad de Texas en Austin y experto en la crisis energética de Cuba. “No cambiará la situación en lo más mínimo”.
El resultado es un país paralizado, en el que los niños, ancianos y la población más vulnerable trata de sobrevivir sin electricidad, agua, transporte público y a veces sin un plato de comida caliente
Las penurias de los adultos mayores no son nuevas en Cuba, que tiene la población más envejecida de Latinoamérica, con un 27.5 % de personas mayores de 60 años. Una inflación galopante se come las pensiones de los jubilados desde hace décadas.
En el 2021, el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel anunció la “Tarea Ordenamiento”, que contempló medidas económicas que profundizaron más la crisis. El poder adquisitivo de los cubanos se devaluó y aumentó el valor de las divisas extranjeras. Así, todo el que no tenía familiares fuera de la isla que pudiera mandarle dólares quedó en una posición desventajosa, que en el caso de muchos adultos mayores significa vivir de la caridad de los vecinos o en las calles.
Aunque las pensiones de los jubilados se aumentaron desde septiembre, estas siguen siendo insuficientes porque equivalen como promedio a $9 mensuales, una cantidad que no alcanza para comprar los productos básicos.
La tragedia de las cosas más simples
El presidente Trump y el secretario de Estado Marco Rubio han dicho en varias ocasiones que Cuba tiene un sistema político y económico fallido y que debe emprender reformas. Sin embargo, las negociaciones entre ambos países parecen estar estancadas, y Díaz-Canel declaró recientemente que no cederá el poder, a pesar de que Estados Unidos ha comunicado a Cuba que lo considera un obstáculo para las reformas.
Mientras tanto, los ancianos de la isla se ven obligados a mendigar o a buscar comida entre las montañas de basura que bloquean las calles.
Cuba ha vivido momentos duros en 67 años de castrismo y poscastrismo, como fue el Período Especial, una época de escasez extrema al terminarse el subsidio de la antigua Unión Soviética, en los años 1990.
Ahora, la falta de interés del gobierno cubano en recoger la basura, una situación que viene desde antes del cerco de crudo a la isla, es el símbolo más visible de que un estado fallido sigue dominando a los cubanos mediante la represión, con el hambre como mecanismo de control.
Desde 1962, el gobierno comenzó a racionar los alimentos, bajo el pretexto de asegurar una distribución equitativa ante la escasez provocada por el embargo estadounidense.
En la Cuba de hoy, los adultos mayores arrastran carretillas cargadas con un balón de gas o un saco de carbón. Es el recurso que les queda para cocinar en parrillas improvisadas, que arman con cualquier pedazo de metal que les sirve para preparar el único bocado de comida caliente que quizás se lleven a la boca ese día.
“La vida de los cubanos es una tristeza total”, dijo Odette Toledo, que reside en Filadelfia y, junto a sus dos hermanos, que también viven fuera de la isla, mantiene económicamente a sus padres en Cuba.
“El gobierno los tiene de rehenes, si no les mandamos [dinero y comida], se van a morir”, dijo la asistenta de enfermera de 47 años, que no puede estar tranquila pensando en la vejez que están viviendo sus padres.
Su papá, de 76 años, y su mamá, de 74, están pendientes todo el día de las cosas más simples, dijo. Como el agua corriente. Sus padres están constantemente preocupados por cuándo habrá agua disponible y cuánto durará, para así poder recolectar lo mínimo indispensable para sobrevivir.
“Esos viejos se tienen que poner a cargas cubos de agua”, dijo.
Toledo estuvo por última vez en la isla en octubre, y se echó a llorar muchas veces al ver los trabajos que pasan los ancianos.
Los elevadores no funcionan y los vecinos del edificio donde viven sus padres en el Vedado, uno de los mejores vecindarios de La Habana, imposibilitados de bajar durante horas hasta que viene la luz. Las aceras están todas rotas, contó Toledo, que pudo al fin entender por qué, aun cuando le envió una silla de ruedas a su padre, él le decía que no podía salir de la casa.
Comprar una medicina o cobrar la pensión es un drama para los jubilados, en un país donde los bancos establecen límites al efectivo que se puede sacar y donde la mayoría de los cajeros automáticos están rotos o no funcionan porque no hay electricidad.
“El día que entra la medicina de la presión, mi mamá se va a la farmacia al amanecer y regresa a las 2 p.m.”, dijo Toledo.
La poesía mendiga en la calle
El caso reciente de Isabel Mendoza, una anciana que pedía limosna en las calles de Santiago de Cuba, para dar de comer a su esposo enfermo, es uno de los que más ha conmovido a los cubanos que comentan en las redes sociales.
“No me gusta hacer eso porque soy una profesional, he cogido premios de poesía, soy miembro de la UNEAC (Unión de escritores y artistas de Cuba), declamadora y mira en lo que estoy”, dijo Mendoza en un video grabado por el activista social Yasser Sosa Tamayo, en el que reconoció que la pensión de 3,000 CUC –alrededor de $8– no le alcanza para comer.
Desde hace décadas, los adultos mayores hacen largas filas para comprar comida o medicamentos. Las compras de víveres en Cuba no se pueden hacer de una vez como se acostumbra en otros países, sino que, diariamente, hay que recorrer varios establecimientos para encontrar algunos alimentos.
Los adultos mayores, retirados y con más tiempo a su disposición, son la tabla de salvación de la familia, al encargarse del proceso engorroso de comprar comida. Con el éxodo masivo que experimentó la población cubana, en el que desde 2021 emigraron casi dos millones de personas –en su mayoría jóvenes–, muchos adultos mayores se quedaron solos en la isla, a veces a cargo de los nietos.
La socióloga Elaine Acosta, investigadora asociada al Cuban Research Institute (CRI) de la Universidad Internacional de la Florida, indica que el aumento de la extrema pobreza, consecuencia de una superposición de varias crisis, hoy deja en la calle a muchos adultos mayores.
El régimen cubano ha elegido ignorar el problema llamando a las personas sin hogar con un eufemismo, “deambulantes”. A veces niegan completamente su existencia, como hizo la destituida ministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó en el 2025. Feitó dijo que las personas que viven en la calle son en verdad actores “disfrazados” que quieren acabar con la imagen de la Revolución, según expresó en una intervención pública en la que ninguno de los funcionarios presentes la corrigió.
Acosta, directora del proyecto Cuido60, un Observatorio de Envejecimiento, Cuidados y Derechos en Cuba, que monitorea la situación de los ancianos desde 2021, indicó que en los últimos tiempos han visto un aumento de la inseguridad pública y la violencia contra las personas mayores, ya sea que están en situación de calle o que están cobrando una pensión.
“Los datos del Censo del 2024 indicaban que la población en situación de calle se había triplicado. Sabemos que la mayoría son personas mayores. A veces son violentados”, dijo Acosta, de 53 años..
Violencia contra los adultos mayores
Los crímenes violentos contra las personas mayores son reportados con frecuencia por la prensa independiente en Cuba –la única vía por la que tales sucesos salen a la luz–, dado que los medios oficiales tradicionalmente los han ocultado.
Uno de estos casos es el de Pablo Vega, un jubilado ciego, que salió temprano de su casa el 20 de febrero para retirar su pensión de un cajero automático. A su regreso, fue golpeado por unos asaltantes. Murió días después a consecuencia de sus heridas, según informaron activistas en Cuba a través de Instagram.
Rita María García Morris, una activista cristiana que reside en Cárdenas, en la provincia de Matanzas, donde dirige el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo de Cárdenas –una organización cristiana que promueve los derechos humanos y apoya a poblaciones vulnerables– mostró su indignación ante otro ataque violento que estremeció a su ciudad.
Agustín, un adulto mayor que vivía en calle y tenía problemas mentales, murió en febrero a consecuencias de las quemaduras que le causó un joven de 18 años, posteriormente arrestado. Los vecinos de Agustín dijeron que no se metía con nadie.
“Lo que está sucediendo con las personas de la tercera edad, que viven solas o en situación de calle, es un castigo colectivo”, dijo García Morris. La activista habló con el Nuevo Herald cuando se encontraba en Miami, donde asistió a reuniones para obtener ayuda para su organización, que no recibe recursos del gobierno cubano y depende de la asistencia de entidades religiosas.
Hay una ausencia total de insumos imprescindibles para el cuidado de los adultos mayores, como colchones, productos de aseo, pañales, abrigos y colchas, dijo García Morris, mencionando artículos que su organización reparte entre las familias necesitadas.
En Cuba no hay bancos de información sobre profesionales que se dediquen al cuidado de adultos mayores, lo que impide la contratación de personas preparadas para atenderlos, dijo García Morriz, de 58 años. Esto dificulta mucho esa gestión tanto para los familiares que están fuera de Cuba como los que viven en la isla, que temen el robo y las estafas a los ancianos que no tienen nadie que vele por ellos.
“He pasado por hogares de ancianos, y los he visto pegados a las rejas o sentados en el piso”, dijo García Morris, que ya regresó a la isla.
En febrero, el gobierno cubano permitió las residencias de cuidados diurnos y permanentes gestionadas por privados para adultos mayores y discapacitados, bajo supervisión del Ministerio de Salud Pública.
Al menos el 10% de la capacidad de esos centros deben destinarse a personas vulnerables, con tarifas reguladas o cubiertas por la Asistencia Social.
García Morris y Acosta consideran que la medida llega tarde, cuando ya la situación de los ancianos está muy deteriorada.
Muchos cubanos han expresado en redes sociales y en comentarios a los artículos sobre las residencias a ancianos su preocupación de cómo se elegirán a las entidades privadas que se encarguen de los ancianos y quién decidirá los que se consideran vulnerables para entrar en esos centros. Temen la falta de transparencia y corrupción que afecta a tantas entidades en Cuba.
Desapariciones en las calles
Las desapariciones en la calle, en muchos casos de adultos mayores con demencia senil u otros problemas mentales, son una de las denuncias ciudadanas que abundan en las redes sociales.
Las personas que tienen un familiar desaparecido recurren a las redes a falta de ayuda de la policía, que pocas veces encuentra a sus seres queridos.
“Algunos adultos mayores se escapan de la casa o no saben volver”, dijo Yanelys Núñez, coordinadora del observatorio de Alas Tensas, que desde el 2023 documenta feminicidios y desapariciones.
Alas Tensas es una revista feminista cubana independiente, fundada en 2016 y editada en Madrid por la asociación Árbol Invertido. El grupo publica en su sitio web las fotografías de las personas desaparecidas enviadas por familiares, vecinos o activistas desde la isla.
Núñez, de 36 años, indica que no existen estadísticas oficiales sobre las desapariciones en Cuba y tampoco la Policía sigue el protocolo indicado en estos casos: emitir alertas públicas para que la población pueda ayudar.
“En el 2025 registramos al menos 38 casos de mujeres y niñas desaparecidas”, dijo Núñez.
En la mayoría de los casos que documentó Alas Tensas no hay información ni actualizaciones sobre lo que está sucediendo con esta desaparición.
“Dicen que han circulado la noticia de las desapariciones a nivel nacional, pero no lo hacen público para que las personas puedan ayudar. No se sabe si se están haciendo algo para buscar a esa persona. Son los amigos, la familia, los únicos que los buscan”, dijo Núñez.
Del paternalismo al abandono
El estado cubano ha ido pasando de una posición paternalista, en la que controlaba todo, a dejar de destinar subsidios para las personas vulnerables en el momento que más lo necesitan, denuncian activistas. Este abandono resulta aún más contraproducente en un país como Cuba, que ha sostenido una campaña propagandística a nivel mundial apoyándose en sus conquistas sociales.
La restricción de alimentos a los cubanos data desde 1962, cuando se estableció la “libreta de abastecimiento”, un sistema de racionamiento por el que se distribuyen mensualmente alimentos de la canasta básica. En los últimos años, los pocos alimentos subsidiados se entregan tarde o no llegan nunca. Eso deja a la población con el único recurso de comprar comida en los lugares que venden en divisa extranjera, que muchos jubilados simplemente no tienen.
A partir de abril las poblaciones más vulnerables, como niños y ancianos, podrían verse más afectadas, porque el gobierno planea recortar o eliminar los pocos alimentos subsidiados que se vendían en las bodegas por la libreta.
Una baja de esta política gubernamental son los comedores del Sistema de Atención a la Familia (SAF), un programa social subsidiado y gestionado por el gobierno, diseñado para proporcionar alimentos a personas vulnerables a precios reducidos. El costo del almuerzo ha subido para los retirados, que ya no pueden pagarlo, aunque sea subsidiado, dijo Acosta.
Actualmente, como no hay transporte en la isla por la escasez de combustible, los adultos mayores tampoco pueden ir hasta los comedores. El sistema de entregas a domicilio para los ancianos que no podían desplazarse enfrenta también limitaciones.
El responsable de la crisis
La crisis no se debe necesariamente a que el régimen carezca de recursos: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, que controlan gran parte de la economía a través del conglomerado de empresas de GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A), tiene $18,000 millones en efectivo en sus cuentas bancarias. Esta cantidad es superior a las reservas internacionales de países como Costa Rica, Uruguay y Panamá, arrojó una investigación del Miami Herald, de agosto del 2025.
Mientras se restringían recursos para servicios a la población, el régimen cubano construía lujosos hoteles para el turismo, una industria que está en caída libre desde hace muchos años.
La activista de derechos humanos Janisset Rivero, que reside en Miami, responsabiliza al régimen de la crisis humanitaria en Cuba. “Se roban el dinero de la nación, y no lo invierte donde hace falta. Es para sus arcas personales”.
Rivero dijo que las condiciones injustas fomentadas por el régimen han creado una gran desigualdad entre la cúpula gobernante y la población.
Los hospitales de Cuba se encuentran en estado deplorable, y más que escasez, hay ausencia total de medicamentos, han denunciado médicos cubanos, que consideran que la salud en Cuba tocó fondo.
Para los virus causados por la picadura del mosquito –el oropouche, chikungunya y dengue– los médicos recetan “abundante agua” porque no hay ni aspirinas en los hospitales, dicen denuncias en redes sociales.
Aunque las autoridades sanitarias no han dado cifras por edades, los adultos mayores están entre los más afectados por estos virus, dijo el doctor Alfredo Melgar, que atendió en su consulta de Miami a varias personas que regresaron de la isla con el virus.
Toledo, la mujer de Filadelfia que ayuda a mantener a sus padres en la isla, vio otra cara de la crisis sanitaria en su visita a Cuba en octubre.
“Hay tantas personas mayores sin dientes. Si van al dentista les sacan las piezas porque no hay materiales para hacer otros trabajos”, dijo. “Me parte el alma ver cómo se van deteriorando y a nadie le importa”.