Nieto de Fidel Castro critica a Díaz-Canel y afirma que los cubanos quieren capitalismo
En medio de las conversaciones en curso entre la administración Trump y los líderes cubanos, Sandro Castro —el controvertido nieto del difunto dictador cubano Fidel Castro— declaró a una importante cadena de televisión estadounidense que la mayoría de los cubanos en la isla desean adoptar el capitalismo y que el presidente del país, Miguel Díaz-Canel —designado a dedo—, no ha realizado una buena gestión.
Sus declaraciones al corresponsal de CNN en La Habana, Patrick Oppmann, se hicieron eco de los llamamientos previos del secretario de Estado Marco Rubio a favor de un cambio de liderazgo en la capital cubana, y parecen sugerir que muchos en la isla estarían a favor de llegar a un acuerdo con la administración Trump.
“Hay muchas personas en Cuba que piensan de manera capitalista. Hay muchas personas aquí que quieren hacer capitalismo con soberanía”, afirmó. “Creo que la mayoría de los cubanos quieren ser capitalistas, no comunistas.”
Esto constituye lo opuesto a la línea oficial del gobierno, la cual tiene el comunismo consagrado en la constitución del país y se ha negado a abrir la economía nacional.
Sus comentarios contrastan con la serie de entrevistas concedidas recientemente por funcionarios cubanos —incluido el propio Díaz-Canel— a medios estadounidenses y otros medios internacionales, en un intento por transmitir a la administración Trump el mensaje de que los líderes cubanos se mantienen unidos y no están dispuestos a negociar cambios políticos.
Al ser consultado sobre Díaz-Canel —quien ha prometido resistir la presión de Estados Unidos—, respondió: “No diría que esté haciendo un buen trabajo. Para mí, no está haciendo un buen trabajo, porque hace rato tenía que haber hecho muchísimas cosas que no se han hecho bien y hoy en día nos están perjudicando”.
Sandro Castro Arteaga, de 33 años, no ocupa ningún cargo oficial; es hijo de Alexis Castro Soto del Valle, ingeniero en telecomunicaciones y uno de los cinco hijos de Dalia Soto del Valle y del difunto Fidel Castro. Su primo —y nieto de Raúl Castro—, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, de 41 años, se reunió el mes pasado con miembros del equipo del secretario Marco Rubio en una isla del Caribe, en el marco de conversaciones extraoficiales.
Sandro Castro es propietario de un popular bar en La Habana y un aspirante a influencer con más de 140,000 seguidores en Instagram.
Suele enfurecer a los cubanos, tanto en la isla como en el extranjero, debido a su lujoso estilo de vida, del cual a menudo alardea en las redes sociales. En 2021, provocó tal revuelo cuando se grabó a sí mismo conduciendo un Mercedes-Benz —un automóvil de lujo que rara vez se ve en las calles cubanas— que, al parecer, miembros de su propia familia lo obligaron a disculparse públicamente.
Si bien en la entrevista afirma no gozar de beneficios especiales por ser quien es, se le ve disfrutando de una cerveza fría en su apartamento con aire acondicionado en el barrio de Kohly, en medio de un apagón que afectaba a toda la ciudad, gracias a la energía suministrada por una estación eléctrica EcoFlow. Declaró a la CNN que su bar —llamado EFE y situado en la céntrica calle 23 del Vedado, en La Habana— le costó “solo” $50,000, una suma que, tal como señala el reportaje, “supera la imaginación más desbordada de la mayoría de los cubanos”.
Aun así, se quejó de los efectos de la crisis que atraviesa Cuba, lamentando que la situación es “tan difícil. Sufres miles de problemas. En un día, puede que no haya electricidad, no haya agua. Los productos no llegan. Es muy duro, realmente duro”.
Sin embargo, es el momento y su incursión en la política lo que hacen que esta inusual entrevista resulte aún más llamativa.
No está claro si sus opiniones reflejan las de otros miembros de su familia —quienes tal vez quisieron enviar una señal a Estados Unidos a través de una de las figuras más públicas del clan—, aunque sus estrafalarios y, en ocasiones, groseros videos en las redes sociales lo convierten en un mensajero poco convencional. La CNN informó que Castro se encontraba hablando por teléfono con su padre, discutiendo los temas a tratar en la entrevista, justo cuando el equipo de prensa llegó a su apartamento en La Habana. Cabe recordar que Castro Soto del Valle ya había cuestionado las políticas económicas del gobierno en Twitter —ahora X— antes de dejar de publicar el año pasado.
No obstante, en un momento de tanta trascendencia y en un país donde criticar al gobierno o al Partido Comunista conlleva penas de cárcel, resulta improbable que el joven Castro accediera a hablar de política —y a menospreciar al acorralado líder cubano— ante las cámaras de la televisión estadounidense sin contar con el visto bueno de los miembros más poderosos de su propia familia.
Apenas la semana pasada, Ana Bensi, una joven influencer cristiana crítica del gobierno, fue puesta bajo arresto domiciliario; asimismo, otros dos creadores de contenido del medio digital El 4tico, permanecen detenidos desde el mes de febrero.
Es poco probable, sin embargo, que Castro afronte un castigo similar debido a su apellido, aunque declaró a la CNN haber recibido advertencias por parte de agentes de la Seguridad del Estado.
Según la CNN, en dicha entrevista Castro afirmó ser partidario de llegar a un acuerdo con Trump. En su cuenta de Instagram publicó un sketch satírico en el que negocia ficticiamente con el presidente Trump y le hace un recorrido por La Habana. No obstante, en una versión inédita que se filtró, Castro tienta a Trump mostrándole la visión de una Torre Trump en el famoso Malecón habanero, a cambio de lo cual este le ofrece una mansión en Miami.
En un giro inesperado, Castro rechaza la oferta y dice que quiere “libertad, la Estatua de la Libertad. ¿Sabes por qué?”, le pregunta al falso Trump. “Porque quiero la paz”. Acto seguido, se estrechan la mano para sellar el acuerdo, con música de reguetón de fondo.
Poco después de que se emitiera la entrevista de Castro el lunes, exiliados y activistas cubanos se quejaron en las redes sociales de que esta le brindaba una plataforma para blanquear el legado de su abuelo o para proponer un acuerdo económico con la administración Trump que dejaría a su familia en el poder.
Otros señalaron que esta inusual entrevista constituía una señal de cambios en el país.
“Antes de lanzar piedras, consideren la señal: un Castro en La Habana le dice a @CNN_Oppmann que apoya una Cuba capitalista, que desea un acuerdo con Trump y que opina que el actual presidente está haciendo un mal trabajo”, afirmó en X Ric Herrero, director ejecutivo del Cuba Study Group. “Esto es un saldo positivo”.
Esta historia fue publicada originalmente el 31 de marzo de 2026, 7:30 p. m..