Cuba

¿Quién está detrás del Síndrome de La Habana? Una década después, pesquisa oficial está en el aire

Embajada de EEUU en La Habana el 17 de marzo de 2026.
Embajada de EEUU en La Habana el 17 de marzo de 2026. AFP via Getty Images
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  • Informes previos que descartaban la intervención extranjera han sido retirados por agencias de inteligencia de EE. UU.
  • La retractación crea incertidumbre sobre la causa y el origen de los incidentes del Síndrome de La Habana.
  • Quedan abiertas investigaciones y evaluaciones adicionales por parte de la comunidad de inteligencia.

Tras años de múltiples investigaciones sobre el llamado Síndrome de La Habana, una respuesta definitiva sigue siendo aún más esquiva después de que la directora de Inteligencia Nacional saliente, Tulsi Gabbard, retirara dos evaluaciones de inteligencia que concluían que ninguna potencia extranjera estaba detrás del mismo.​

En un memo enviado al Congreso antes de dejar el cargo la semana pasada, Gabbard dijo que las evaluaciones limitaron deliberadamente la recolección de inteligencia, no incluyeron información relevante y excluyeron selectivamente pruebas que contradecían sus conclusiones. Los investigadores también describieron incorrectamente a las fuentes “para eliminar análisis alternativos” y omitieron información necesaria para entender la fiabilidad y calidad de esas fuentes, según el memo.

Gabbard dijo que la retirada era necesaria debido a preocupaciones sobre el “sesgo analítico que afecta negativamente la objetividad y solidez de los juicios analíticos”.

La retractación llega después de que la cobertura mediática vinculó algunos de los incidentes con agentes de la inteligencia militar rusa y reveló que el gobierno de EEUU había comprado un dispositivo que podría estar relacionado con el Síndrome de La Habana.

La decisión supone un momento de vindicación para las víctimas del Síndrome de La Habana, o los llamados incidentes de salud anómalos, quienes inicialmente fueron desacreditadas y se les negó atención médica, y que habían presionado a las administraciones de Biden y Trump para que investigaran los hechos.

“Por supuesto, celebramos que Gabbard haya rescindido las dos evaluaciones de la comunidad de inteligencia, y por todas las razones que ella citó, esto es algo que las víctimas querían y que ella había prometido repetidamente en sus testimonios ante el Congreso”, dijo Marc Polymeropoulos, ex funcionario de alto rango de la CIA que sufrió lesiones tras uno de estos misteriosos incidentes mientras estaba en Rusia. “El siguiente paso debería ser, por supuesto, que la comunidad de inteligencia realice una nueva evaluación”.

Pero expresó dudas de que eso ocurra.

“La administración Trump conoce plenamente este asunto, pero parece que elige no hacer nada al respecto, y es muy angustioso para las víctimas que solo quieren ver alguna rendición de cuentas por cómo nos trataron y también una atribución, es decir, que los rusos y ciertamente algunos elementos del gobierno cubano estuvieron implicados”, dijo.

Tras una década de estudios científicos controvertidos y graves fallos en la atención a las víctimas, la retirada de las evaluaciones y la salida de Gabbard la semana pasada vuelven a dejar en el aire la pregunta de quién o qué está detrás de estos incidentes.

Una funcionaria de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional dijo al Miami Herald que, antes de su partida, Gabbard había ordenado a la comunidad de inteligencia “tomar medidas adicionales en los próximos meses para revisar este tema, garantizar la integridad analítica y llevar la verdad al pueblo estadounidense”.

Pero algunas de las personas que lideraron la investigación y elaboraron esos informes dentro de las agencias de inteligencia de EEUU siguen siendo influyentes. Y miembros del Congreso han expresado su preocupación por el futuro de la investigación sobre estos incidentes tras una reorganización del Pentágono del equipo encargado de investigarlos y prestar atención a las víctimas.

El síndrome, que tomó su nombre por incidentes reportados en La Habana a finales de 2016, ha afectado a diplomáticos estadounidenses, oficiales de inteligencia y sus familiares, dejando a muchos con discapacidades y condiciones crónicas. Varios de los lesionados, que también incluyen diplomáticos canadienses, reportaron vértigo, tinnitus, dolores de cabeza, deterioro cognitivo y otros problemas después de sentir una presión intensa o escuchar sonidos extraños provenientes de una dirección específica en incidentes ocurridos en varios países.

Los primeros estudios de los médicos que tuvieron acceso a las víctimas y las trataron en la Universidad de Miami y la Universidad de Pensilvania concluyeron que tenían dolencias reales y significativas, incluidas alteraciones cerebrales similares a las causadas por una conmoción. Un estudio encargado por el gobierno de EEUU halló que existían dispositivos disponibles -conocidos como altavoces direccionales o láseres acústicos- que podrían causar tales síntomas mediante radiofrecuencia o ultrasonido.

Al menos 334 empleados gubernamentales y militares -tanto en activo como retirados- y sus familiares, incluidos 15 niños, cumplieron los requisitos para recibir tratamiento vinculado al Síndrome de La Habana en instalaciones sanitarias militares especializadas, según un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de EEUU. Para poder acceder al tratamiento dentro del sistema de salud militar, un médico debe certificar la existencia de una lesión cerebral u otros síntomas significativos que no puedan explicarse por una causa conocida o una afección preexistente.

Aun así, una evaluación de inteligencia de marzo de 2023 elaborada por siete agencias no identificadas concluyó -con distintos grados de confianza- que “no existe evidencia creíble de que un adversario extranjero tenga un arma o dispositivo de recolección que esté causando” el Síndrome de La Habana, y que los síntomas reportados por los afectados probablemente se debían a condiciones preexistentes, enfermedades convencionales y factores ambientales.

Una evaluación actualizada publicada en enero del año pasado mantuvo las conclusiones, pero reconoció que una agencia consideraba que había una probabilidad del 50% de que un actor extranjero hubiera utilizado un dispositivo novedoso para atacar a funcionarios estadounidenses en un subconjunto “pequeño y no determinado” de casos reportados.

El Comité Selecto Permanente de Inteligencia de la Cámara de Representantes ha estado en conflicto con las agencias de inteligencia sobre el asunto, y envió denuncias penales al Departamento de Justicia el año pasado tras identificar “presuntas actividades ilegales” en el manejo de la investigación y el tratamiento de las víctimas.

Una portavoz del comité declinó hacer comentarios sobre las remisiones, alegando el deseo de “proteger la integridad de los posibles procesos judiciales del Departamento de Justicia y dar un chance a la posibilidad de una rendición de cuentas real”.

El representante republicano Rick Crawford, presidente del comité, saludó la retractación de los informes.

“Estas evaluaciones de la Comunidad de Inteligencia (ICA) defectuosas, fraudulentas y fabricadas han causado un daño significativo a algunos de los más valientes de nuestra nación”, dijo Crawford. “La evaluación fue deliberadamente fabricada y usada para desacreditar a algunos de los más valientes de nuestra nación e impedir su acceso a atención médica. Como ocurrió con otras evaluaciones de inteligencia de alta visibilidad, quedó muy por debajo de los estándares de integridad analítica”.

El memo que Gabbard envió al Congreso también señala que las evaluaciones retiradas se basaron en un “estudio médico defectuoso” en referencia a un criticado estudio de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) que descartó pruebas médicas previas de que las víctimas sufrieron lesiones cerebrales. El estudio fue posteriormente cerrado después de que una revisión interna confirmara que los pacientes fueron coaccionados para participar.

Jay Bhattacharya, director de los Institutos Nacionales de Salud, elogió la retractación de los informes de inteligencia y dijo que “malinterpretaron el estudio del NIH sobre incidentes de salud anómalos (AHI). Nuestra investigación no estaba completa en el momento de este informe. Tampoco estaba diseñado nuestro estudio para determinar si un adversario extranjero o un mecanismo externo causó estos efectos en la salud”.

Víctimas, abogados y exfuncionarios del gobierno de EEUU involucrados en la investigación del Síndrome de La Habana han acusado al gobierno estadounidense, sus agencias de inteligencia y, en particular, a la CIA, que lideró la investigación, de un encubrimiento por miedo a confrontar a quien creen que es el culpable: la Rusia de Vladimir Putin.

Si bien celebran la última acción de Gabbard, algunos de esos exoficiales de inteligencia afectados también temen que la investigación esté estancada. Han expresado su preocupación porque el funcionario que encabezó un equipo creado por la CIA para investigar los incidentes, que no encontró evidencia de un adversario extranjero o un arma detrás de estos incidentes, haya sido ascendido, lo que ven como una señal de que la agencia no está interesada en la rendición de cuentas.

“La directora Gabbard cumplió con lo que dijo en sus audiencias de confirmación. Sacó la verdad a la luz. Le estaremos eternamente agradecidos por ser una persona de palabra”, dijo el Paciente Cero, un oficial de inteligencia estadounidense retirado que fue el primero en reportar uno de estos incidentes en La Habana y pidió no ser identificado por motivos de seguridad.

“Ahora la Directora de Inteligencia Nacional, Gabbard, ha sacado a la luz la verdad de este encubrimiento; quizá la CIA y el director [John] Ratcliffe dejen de intentar bloquear la publicación del informe del Comité Selecto Permanente de Inteligencia que muestra lo mismo”, añadió.

El representante Crawford sigue “comprometido con publicar el informe preliminar sobre el mal manejo” de la comunidad de inteligencia de los incidentes de salud anómalos, dijo una portavoz del comité. La portavoz dijo que el equipo de investigaciones continúa reuniendo información, realizando entrevistas y recibiendo documentos como parte de la indagación.

“El Comité está centrado en asegurarse de que el informe exponga de forma clara y contundente los hallazgos de nuestra investigación”, dijo la vocera, “y sigue lidiando con los desafíos de la clasificación [de información] mientras nos preparamos para publicar nuestro próximo informe preliminar”.

La CIA no dijo si su equipo ha continuado investigando estos incidentes, ni respondió preguntas sobre la promoción del funcionario al frente del equipo o el informe del comité de inteligencia de la Cámara. Una portavoz de la CIA dijo: “El director [John] Ratcliffe apoya los esfuerzos de la comunidad de inteligencia para profundizar nuestra comprensión del tema de los incidentes de salud anómalos. La salud y seguridad del personal de la CIA es de la máxima importancia para el director”.

Polymeropoulos también pidió a Ratcliffe y al secretario de Estado Marco Rubio, ambos al frente de agencias cuyo personal se vio afectado por el Síndrome de La Habana, que presionen al gobierno cubano para obtener respuestas. El ex oficial dijo que Rubio fue un “defensor” de los oficiales y diplomáticos afectados cuando estaba en el Senado.

“Todos testificamos ante él numerosas veces cuando era vicepresidente del comité selecto de inteligencia del Senado, pero lamentablemente ha permanecido en silencio sobre esto”, dijo Polymeropoulos. “Simplemente, no entiendo por qué, en particular cuando estamos negociando de alguna forma con el gobierno cubano. Me parecería que este asunto debería estar en primer plano porque no hay duda en nuestras mentes de que elementos de la inteligencia cubana estuvieron involucrados en esto”.

La CIA y el Departamento de Estado no dijeron si sus responsables habían planteado el asunto en conversaciones con Cuba. Ratcliffe viajó recientemente a La Habana para reunirse con funcionarios cubanos.

“Radcliffe estuvo en la embajada de Estados Unidos en La Habana”, dijo Polymeropoulos. “Resulta irónico que no plantee esta cuestión, ya que sus propios agentes fueron quienes sufrieron lesiones graves. Si la CIA quiere hacer honor a su lema -“la misión primero, las personas siempre”-, debe abordar este asunto; no hacerlo supondría una traición a sus agentes”.

Nora Gámez Torres
el Nuevo Herald
Nora Gámez Torres is the Cuba/U.S.-Latin American policy reporter for el Nuevo Herald and the Miami Herald. She studied journalism and media and communications in Havana and London. She holds a Ph.D. in sociology from City, University of London. Her work has won awards by the Florida Society of News Editors and the Society for Professional Journalists. For her “fair, accurate and groundbreaking journalism,” she was awarded the Maria Moors Cabot Prize in 2025 — the most prestigious award for coverage of the Americas.//Nora Gámez Torres estudió periodismo y comunicación en La Habana y Londres. Tiene un doctorado en sociología y desde el 2014 cubre temas cubanos para el Nuevo Herald y el Miami Herald. También reporta sobre la política de Estados Unidos hacia América Latina. Su trabajo ha sido reconocido con premios de Florida Society of News Editors y Society for Profesional Journalists. Por su “periodismo justo, certero e innovador”, fue galardonada con el Premio Maria Moors Cabot en 2025 —el premio más prestigioso a la cobertura de las Américas.
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