Sur de la Florida

Los pobres son los últimos en recibir ayuda, al menos esa es la percepción

Immam Sultan y Sohail Kothari ayudan a distribuir agua a residentes de Liberty City afectados por el huracán Irma en la mezquita Masjid Al-Ansar en Miami.
Immam Sultan y Sohail Kothari ayudan a distribuir agua a residentes de Liberty City afectados por el huracán Irma en la mezquita Masjid Al-Ansar en Miami. Para el Miami Herald

Lenora Edwards, quien caminaba por las calles aledañas a su casa en Liberty City mientras trataba de distraerse para olvidar el fuerte calor, quedó asombrada cuando varios hombres y mujeres le hicieron una señal para que entrara a un edificio, recibiéndola con platos de pollo y arroz.

Por una parte, no había electricidad —lo que significaba que no había comida caliente— en varios cientos de manzanas a la redonda de su casa desde que el huracán Irma golpeó la zona una semana antes.

Por otra parte, Edwards sabía que el edificio era de la mezquita Masjid Al-Ansar. “Yo soy cristiana”, dijo. “No sabía qué querían conmigo”.

La respuesta era sencilla, darle de comer e invitarla a que regresara el día siguiente a recoger una bolsa de alimentos gratis. Para Edwards, quien dijo que no había visto a ningún trabajador municipal de ayuda, empleados de la FPL ni nada que oliera a algo oficial en la semana transcurrida desde la tormenta, esto era una maravilla.

“Nadie ha venido aquí a ayudarnos”, dijo Edwards el domingo. “Excepto estas personas religiosas. Lo que están haciendo por el vecindario es maravilloso”.

En los días transcurridos desde que Irma hiciera que la Florida regresara temporalmente a su pasado primitivo, antes que hubiera aire acondicionado ni carreteras, casi todos han pensado, en un momento u otro, que la recuperación era una espejismo distante.

Pero esa distancia parece mayor en los vecindarios pobres de gente trabajadora como Liberty City, Allapattah y Flagami, donde incluso en los mejores días esas imágenes de Miami que se ven en las postales parecen ser del otro lado de la luna.

Con razón o sin ella, muchos de los vecinos piensan que están en el último lugar de la fila a la hora de recibir ayuda.

“No quiero decir que nos hayan abandonado”, dijo Nia Jackson, directora de una escuela operada por la mezquita Masjid Al-Ansar. “Pero quizás no somos una prioridad”.

La falta de ayuda a su vecindarios hizo que Jackson y otros en la mezquita contactaran a la organización de atención a desastres del Centro Islámico de América del Norte. No solamente han distribuido miles de libras de alimentos, sino también han organizado operaciones de limpieza de escombros, no sólo en Liberty City, sino también en otros vecindarios de clase trabajadora.

Muchas veces, grupos como los voluntarios de Masjid Al-Ansar son la única señal visible de ayuda en las zonas pobres donde funcionan. Y los cientos de personas —de quienes un puñado eran musulmanes— que hicieron fila el domingo para recibir un plato de comida caliente y una bolsa de cosas como latas de atún y galletas, estaban claramente encantados con la experiencia.

“Uno consigue tomar un poco de agua fría y un poco de hielo para llevar a casa, además de un plato de comida caliente, y eso te hace sentir mejor”, dijo una mujer. “Una se siente que pueden enfrentar otro día”.

Es más difícil conocer la situación en otros vecindarios, y hasta dónde esa situación es el resultado de la indiferencia oficial y cuánto es mala suerte.

“La gente piensa que la ayuda del gobierno en caso de huracán es una caja negra”, dijo el senador estatal José Javier Rodríguez, cuyo distrito abarca La Pequeña Habana y Flagami. “No saben quién recibe ayuda ni por qué razón la reciben o no”.

Eso se debe a que hay pocas pruebas fiables que indiquen adónde va la ayuda. Florida Power & Light ha dado información sobre el total de clientes sin electricidad, pero no desglosó la información por zonas. El gobierno municipal de Miami calcula que le queda por sacar de las calles aproximadamente un millón de metros cúbicos de escombros, pero no especifica qué vecindarios se limpiarán primero o por qué.

Pero vale la pena señalar que en el comparativamente lujoso Coral Gables había tantas casas sin electricidad que el gobierno municipal amenazó con demandar a la FPL. Y sus calles estaban tan llenas de escombros como las de Liberty City.

Algunos dicen que incluso sin pruebas estadísticas es obvio que más dinero equivale a más poder político, lo que lleva a una limpieza más rápida.

“Los que tienen la capacidad de donar dinero a los candidatos a cargos locales pueden llamar y quejarse con las personas que tienen la autoridad para dar órdenes”, dijo la ejecutiva de mercadotecnia (y candidata a la comisión de Miami) Denise Gálvez, quien vive en la zona de Shenandoah. “Y le solucionan la situación”.

Pero el concejal miamense Francis Suárez dice que no es tan sencillo. “Yo puedo decir que, desde la perspectiva del gobierno de Miami, es exactamente lo contrario”, dijo.

“Nos enfocamos con mucha fuerza en las áreas más desaventajadas. No hemos dedicado mucho tiempo a restaurar el servicio eléctrico en Brickell porque allí los cables están soterrados, y tan pronto como las aguas de la inundación desaparecieron, la electricidad volvió a funcionar. El problema es en lugares como Liberty City, donde los árboles cayeron sobre los postes del tendido eléctrico y los derribaron, y ahí es donde el gobierno municipal está trabajando más”.

Otros alegan que el problema real es que el impacto de los desastres naturales es mucho peor en las zonas económicamente desaventajadas porque tienen menos recursos para defenderse.

“Tengo amigos que han perdido la electricidad pero tienen generadores”, dijo Ralph Rosado, jefe de un grupo asesor de planeación urbana de Miami, que asistió a una entrega de comida donada en el Shenandoah Park el domingo. “O conocen a alguien en Palm Beach y se pueden quedar allí. O se van al Hyatt”.

“Pero hay muchas personas en este vecindario que no pueden hacer ninguna de esas cosas”.

El escritor Gerald Posner, quien vive en una zona de evacuación de Miami Beach y tuvo que irse a Orlando durante el huracán, agrega: “Hay pocas dudas de que los vecindarios pobres salen peor parados en una tormenta así... las pequeñas medida que la gente puede tomar para reducir la misera afectan a las familias pobres mucho más que a las familias de clase media o superior”.

“Si usted vive en Coral Gables, comprar un ventilador de baterías en $40 no es nada del otro mundo. Pero para una familia en Liberty City eso es mucho más complicado. Comprar el ventilador puede significar que no tengan dinero para comprar comida y agua”.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de septiembre de 2017, 8:34 a. m. with the headline "Los pobres son los últimos en recibir ayuda, al menos esa es la percepción."

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