Sur de la Florida

‘Somos Orlando’: Unida en la pena, comunidad hispana entierra a sus muertos

Elizabeth Burgos firma una bandera de Puerto Rico en un sitio en homenaje a las víctimas de la masacre en el club Pulse, afuera de un hospital.
Elizabeth Burgos firma una bandera de Puerto Rico en un sitio en homenaje a las víctimas de la masacre en el club Pulse, afuera de un hospital. TNS

Cuando la economía en su natal Puerto Rico comenzó a colapsar, Eric Iván Ortiz Rivera hizo lo que muchos en la isla han hecho en años recientes, se mudó al centro de la Florida.

Fue aquí que Ortiz forjó una nueva vida, vendiendo juguetes en un centro comercial, disfrutando de comida casera puertorriqueña, y conoció al que sería su esposo.

“Hizo las maletas y vino hace 9 años”, dijo su hermana Frances Ortiz afuera de una funeraria. “Era joven, soltero, no tenía nada que perder. Así que vino y se divirtió. Y no dejó de divertirse hasta el final”.

Familiares y amigos rindieron esta semana homenaje a Ortiz Rivera, una de las 49 personas —casi todas hispanas— abatidas a tiros en la masacre del club Pulse. Sus muertes subrayan el efecto devastador que ha tragedia ha provocado en la comunidad hispana del centro de la Florida, que ha crecido significativamente en una región más conocida por sus parques temáticos y tiendas.

Las pérdidas pesan porque muchos de los recién llegados, como Ortiz Rivera, de 36 años, habían escapado de las dificultades en Puerto Rico, la inseguridad económica, la delincuencia rampante y la intolerancia a su estilo de vida. Pero en su dolor, los grupos hispanos tratan de unirse y fortalecerse.

Organizaciones locales hispanas de apoyo se unieron para crear una coalición de voluntarios, “Somos Orlando”. Muchos han ayudado a traducir para los familiares que solamente hablan español, o coordinar viajes para familiares desde Puerto Rico y otros países.

La Federación Hispana, una organización nacional caritativa que se sumó a la coalición, creó una página de internet para recaudar dinero a beneficio de los familiares de las víctimas.

Una organización de jugadores de dominó —juego muy popular en Puerto Rico y otras islas del Caribe— ha estado donando almuerzos a los voluntarios desde la tragedia.

“La tragedia ha unido a la comunidad”, dijo Manuel Oquendo, presidente de Domino USA, que celebra un torneo internacional en Orlando en julio. “Ha tenido un impacto enorme. Uno de nuestros miembros perdió un hijo en los hechos”.

No sorprende que tantas de las víctimas sean hispanas.

Omar Mateen, abatido a tiros por la policía, atacó el popular club nocturno gay el domingo por la madrugada, con un saldo de 49 muertos. El 90 por ciento eran hispanos. Otros 53 resultaron heridos, hispanos también en su mayoría.

Treinta y tres de los fallecidos eran de origen puertorriqueño, como Ortiz Rivera, quien creció en una localidad cerca de San Juan y se graduó de la Universidad Central de Bayamón con un título en Comunicaciones. Su madre, María de los Angeles Rivera, de 61 años, llegó por avión desde Puerto Rico para el funeral.

Rivera se llevará con ella a Puerto Rico las cenizas de su hijo. “Vine para llevármelo”, dijo.

Rivera regresará a una isla abrumada por una recesión que ya dura varios años.

El gobierno puertorriqueño no puede pagar una deuda pública de miles de millones de dólares, y ahora queda que el Congreso federal estadounidense trate de solucionar la situación. Casi la mitad de los 3.5 millones de habitantes de la isla viven por debajo del nivel de pobreza y la tasa de desempleo supera el 12 por ciento, y no es más porque cientos de miles se han ido a vivir a otra parte.

Además, cientos han enfermado del virus del zika en la isla. Después de la masacre, comunidades todo Puerto Rico celebraron vigilias. Cinco de las víctimas eran de Ponce, entre ellos el músico Leroy Valentín, de 25 años, quien tocaba en la banda municipal antes de mudarse a Orlando.

“Muchos jóvenes se van debido a la crisis económica”, dijo Zoe Colón, directora de operaciones para el sureste de la Federación Hispana.

Ese éxodo ha transformado el centro de la Florida, donde ahora viven unos 300,000 puertorriqueños, un grupo de electores que pudiera resultar significativo en las próximas elecciones presidenciales.

Muchos de ellos se han asentado en Kissimmee, al sur de Orlando, donde Lisandra Román opera el restaurante “Lechonera El Jibarito”. Dentro del edificio, pintado de rojo, blanco y azul, como la bandera puertorriqueña, en varios televisores se ven los rostros de los que perdieron la vida en el Pulse.

“Esto ha afectado mucho a nuestra comunidad”, dijo Román. “Reconozco algunas de esas caras. Han venido al restaurante”.

En otro restaurante de la zona, el Puerto Rico Café, se escucha música tradicional de la isla. Los clientes disfrutan de arroz y cerdo asado. Mientras bebe una cerveza en la barra, el puertorriqueño Luis Rivera pensó en los tiroteos masivos en Connecticut, París, y ahora en Orlando. “Ahora nos tocó a nosotros”, dijo.

Rivera no se quedó mucho rato. Se marchó para ponerse un traje y asistir al funeral de Luis Omar Ocasio Capo, familiar de un amigo de Rivera. Ocasio Capo, de 20 años y aspirante a bailarín, fue uno de los más jóvenes en morir en la masacre.

“Todos sufrimos con el dolor de los demás”, dijo Rivera, de 52 años. “Es una pérdida enorme”.

Hasta los que no han perdido un familiar o amigo sienten el dolor.

En el Hispanic Family Counseling Center de Orlando, que emplea a 20 terapeutas, todos hispanohablantes, la tragedia del Pulse se siente con fuerza. Muchos pacientes están traumatizados por la violencia de lo ocurrido, dijo la supervisora clínica Jessica Heredia.

“Todavía están en shock, se preguntan cómo pudo pasar esto, cómo alguien puede hacer eso”, dijo Heredia. “Eso es parte de nuestra cultura, de nuestro carácter hispano. Somos una familia, no de sangre, pero se puede escuchar esa expresión colectiva. Se puede ver que sufren, aunque no no sean familiares directos, un cónyuge o un amigo”.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de junio de 2016, 0:31 p. m. with the headline "‘Somos Orlando’: Unida en la pena, comunidad hispana entierra a sus muertos."

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