Hay algo aterrador en la bahía: trampas abandonadas
Debajo de la brillante superficie de la Bahía de Biscayne, acecha una amenaza que arrasa con el frágil hábitat de las plantas marinas, atrapa y mata de forma tan brutal, eficiente e indiscriminada como cualquier monstruo de las profundidades, y esas son las trampas fantasmas.
Lo que entra en las perdidas o abandonadas trampas se queda adentro – cangrejos que se canibalizan unos a otros, langostas bebé y peces tan desorientados que no encuentran cómo escapar. Las trampas de plástico de alta resistencia para cangrejos pueden, incluso, sobrevivir a sus dueños.
“Sólo porque alguien no esté actualmente pescando con una trampa, no significa que la trampa no esté pescando”, dijo John Ricisak, un supervisor del proyecto de recursos ambientales del Condado Miami-Dade, quien encabeza los esfuerzos de eliminación.
Las trampas fantasmas son tan ubicuas que es difícil saber cuántas hay. Un estudio del 2013 de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica estimó que más de 1.1 millones de trampas fantasmas y abandonadas rodean a los Cayos de la Florida. Un día de la semana pasada, Ricisak y el biólogo del condado, Félix Álvarez, sacaron tres docenas de trampas para cangrejos del fondo del Parque Nacional Biscayne en menos de tres horas, una fracción de su récord de 192 en un solo día.
“Eso es como una gota en el mayor de los recipientes:, dijo Ricisak’
El colocar trampas, legales y de otro tipo en las cristalinas aguas de la Florida data de tiempo atrás. Joe Weiss construyó su imperio Joe’s Stone Crab en South Beach cuando en la década de 1920 un ictiólogo le mostró los cangrejos moros que entonces llenaban la bahía. Las langostas espinosas del estado surtían a toda la nación, con el 90 por ciento proveniente de los Cayos. Aunque una intensa presión a la pesca de los buceadores y tramperos ha llevado a temporadas y reglas más estrechas sobre la captura de las langostas y cangrejos, persiste qué hacer con las trampas cuadradas y rectangulares que pueden pesar hasta 40 libras,
“Es horrible”, dijo Amanda Bourque, una ecologista del Programa de Restauración del Parque Nacional Biscayne. “Encontramos consistentemente estos desechos donde quiera que vamos”.
El problema en los Cayos es tan prolífico que los pescadores comerciales están de acuerdo en evitar arrecifes con corales frágiles. Aun así, el estudio del 2013 encontró que casi medio millón de trampas se dejaron caer anualmente en la región. Más de 85,000 de éstas dotadas con casi 1,000 millas de cuerdas, se encuentran perdidas. Y eso puede significar un daño ecológico más allá de la muerte de las langostas, los cangrejos y los peces atrapados adentro.
Las trampas para langostas se construyen con madera degradable, pero se les da peso con cemento y a menudo están atadas a una boya con una cuerda de nylon. Las trampas para cangrejos moros se hacen generalmente de plástico de alta resistencia que puede durar por décadas. Con el tiempo, ellas pueden moverse, chocar con el coral y arrasar con las camas de plantas marinas. Cuerdas no permitidas se enrollan alrededor de los arrecifes, con lo que se incrustan con el tiempo.
“Es simplemente dar vueltas alrededor y alrededor y alrededor, por lo que nunca se desenrollarán por sí mismas”, dijo Bourque. “Y la cuerda generalmente es sintética, así que nunca va a degradarse”.
La introducción de los GPS también ha permitido a cualquier guerrero de fin de semana convertirse en un trampero exitoso.
“El GPS es la mejor y peor cosa que ha ocurrido jamás”, dijo Ricisak.
Pero hasta ahora, los esfuerzos para sacar las trampas son principalmente voluntarios o sin fondos. En el 2004, la Comisión de Conservación para los Peces y la Vida Salvaje comenzó a permitir que agencias del gobierno y grupos no gubernamentales sacaran las trampas abandonadas y fantasmas con un permiso. Sacar una sin permiso es un delito grave.
Ricisak, quien normalmente supervisa para el condado el cumplimiento de las construcciones de diques o malecones, o la retirada de manglares, hizo la solicitud y comenzó a sacar trampas en el 2005, después de tropezar con docenas de ellas abandonadas en la marea baja cerca de Deering Estate.
“No sé mucho sobre ello, pero sé que estas trampas no deberían estar allí y debe haber una forma de sacarlas”, dijo Ricisak.
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Esta historia fue publicada originalmente el 9 de julio de 2016, 4:53 p. m. with the headline "Hay algo aterrador en la bahía: trampas abandonadas."