Templos y sitios de oración adoptan medidas de seguridad
En sus 26 años de trabajo en el FBI, Brenda Moxley hizo de todo: trabajó como agente encubierta. Negociaciones de rehenes. Investigaciones de asesinatos.
Y, de acuerdo con su página de LinkedIn, lucha contra el terrorismo.
Moxley se retiró recientemente del FBI para convertirse en directora de seguridad comunitaria de la Federación Judía de la Gran Miami (Greater Miami Jewish Federation).
Su trabajo es ayudar a la vieja agencia a minimizar — si no prevenir por completo — las amenazas a la seguridad de las instituciones judías del sur de la Florida, como la conspiración para volar el Centro Judío Turnberry de Aventura en mayo.
“La creciente amenaza del terrorismo no es algo en lo que a la gente le gusta pensar, pero es algo que existe en la comunidad”, dijo Moxley. “Las escuelas judías, las sinagogas, los campamentos extraescolares, todos son blancos potenciales. Eso fue la fuerza motriz detrás de establecer una entidad” para ocuparse de todas ellas.
Agentes federales arrestaron a James Medina mucho antes de que pudiera llevar a cabo su plan de destrucción en Aventura, pero el peligro para los lugares de culto — sea cual sea la religión — dista mucho de haber desaparecido.
En las 10 semanas transcurridas desde entonces, varias mezquitas del sur de la Florida han sufrido acoso, tanto en persona como por correo electrónico. Y, el mes pasado, un hombre amenazó con disparar durante los servicios religiosos en el Antiguo Monasterio Español de North Miami Beach, tras decapitar una estatua de 875 años de antigüedad en el recinto de la iglesia, de acuerdo con la policía.
Las amenazas violentas han “aumentado definitivamente”, dijo Shabbir Motorwala, quien dirige la Coalición de Organizaciones Musulmanas del Sur de la Florida (COSMOS). “La gente es ahora mas cautelosa. Les preocupan sus hijos”.
Por fortuna, ninguna de estas amenazas tuvo como resultado el derramamiento de sangre, pero la historia reciente sugiere que eso podría ser sólo cuestión de tiempo.
Esa pesadilla se hizo realidad hace un año en la masacre en una histórica iglesia de negros en Charleston, Carolina del Sur.
Después de la masacre de Charleston, la Iglesia Bautista Nuevo Comienzo (New Beginning Baptist Church) en Miami Gardens contrató guardias de seguridad además de las cámaras ya establecidas y de la persona en alerta que ya se tenía cada vez que había servicios o reuniones.
“Por si acaso pasara algo, queremos tener gente preparada para protegernos unos a otros”, dijo el pastor Eric Readon. “Ninguno de nosotros está exento”.
Algunos terroristas están motivados por la ideología. Otros, por el odio. Y algunos están simplemente locos.
Pero averiguar el porqué es secundario para aquellos encargados de proteger a los fieles. Quién, dónde y cómo son preguntas más importantes para personas como Moxley, quien era la segunda agente al mando de la división de Miami del FBI cuando se retiró.
En el 2015 hubo 91 incidentes comprobados de antisemitismo en la Florida, anunció recientemente la Liga Contra la Difamación (Anti-Defamation League). Eso es un aumento del 30 por ciento con respecto al año anterior.
En el condado Miami-Dade hay casi 90 organizaciones judías, y la Federación contrató a Moxley para mejorar su infraestructura crítica de seguridad, manejo de crisis y educación. Ella sirve también de enlace con las autoridades locales y federales, así como el Departamento de Seguridad Nacional.
“Cuando la gente piensa en seguridad, piensa en policías adicionales, en más guardias de seguridad”, dijo Moxley. “Es mucho más. Es hacer una evaluación de las necesidades de la comunidad. Implementar un plan de naturaleza estratégica: intercambio de inteligencia, manejo de crisis”.
Moxley se mostró cuidadosa de no dar demasiados detalles sobre las amenazas que han enfrentado las instituciones judías, y sobre lo que se ha hecho para combatirlas.
El padre Gregory Mansfield tiene una estrategia similar.
Mansfield dirigía la Oración de los Fieles en la Iglesia Episcopal de St. Bernard de Clairvaux hace un par de semanas cuando Jorge Arizamendoza, de 33 años, vecino de Maryland, irrumpió en el templo y amenazó con matar al sacerdote y a todos los que se quedaran, de acuerdo con la policía.
Su presencia no fue una sorpresa. Tres días antes, Arizamendoza compró un boleto de admisión de $10 para visitar el monasterio. Cuando se iba, le gritó a alguien que no deberían hacer servicios religiosos y tiró una piedra al letrero eléctrico de la iglesia frente al monasterio, causando daños que se calculan en unos $2,000.
Al día siguiente, a eso de las 2 a.m., él estaba de regreso, armado con una herramienta parecida a un mazo. Arizamendoza forzó una verja, destrozó la cabeza de una estatua antiquísima y advirtió al gerente del monasterio que iba a regresar.
Por esa razón, el domingo siguiente había seis policías uniformados esperando por él en el monasterio.
Pero Arizamendoza se las arregló de todos modos para entrar a la iglesia y hacer amenazas de muerte antes de ser arrestado. Los cargos en su contra incluyen asalto con agravantes a una institución religiosa, perturbar una asamblea religiosa, y dos cargos de conducta criminal en un lugar de culto.
“Eso indica que, cuando alguien está decidido a colarse en un lugar, lo va a hacer”, dijo Mansfield, párroco de la iglesia, situada en el 16711 W. Dixie Hwy. “Cuando alguien está decidido a hacer daño… se las va a arreglar para colarse”.
Adam H. Beasley: 305-376-3565, @AdamHBeasley
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de julio de 2016, 3:19 p. m. with the headline "Templos y sitios de oración adoptan medidas de seguridad."