Cuba

La División de los Sobornos: Cómo Odebrecht buscó el favor de los Castro mientras hacía negocios en Miami

El gigante de la ingeniería brasileña Odebrecht S.A. gastó cientos de millones de dólares en sobornos y contribuciones ilícitas a campañas políticas para obtener contratos en la región, lo que al final de cuentas le buscó problemas con el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Documentos filtrados muestran que proyectos en Cuba también generaron pagos millonarios que aún no tienen explicación.

Entre 2010 y 2015, Odebrecht realizó pagos irregulares relacionados con la modernización del puerto del Mariel, una localidad al oeste de La Habana, y la ampliación de dos aeropuertos, contratos que valían más de $800 millones con financiamiento del gobierno brasileño.

Estos pagos irregulares aparecen en Drousys, un sistema secreto de contabilidad que la División de Operaciones Estructuradas de Odebrecht mantenía en servidores informáticos en Suiza. Fue un sistema creado para rastrear los pagos de sobornos y otros gastos que no quería que aparecieran en sus cuentas auditadas públicamente.

Entre los más de 13,000 documentos que se guardaron en el sistema Drousys, hay referencias a un pago de $ 8.44 millones mencionado en el título de un documento que también contiene en inglés la frase “Mariel Port Cuba Conquest” [Conquista de Puerto del Mariel Cuba].

También hay referencias de 2010 a un “contrato de servicios” y “adiciones” contractuales entre la Companhia de Obras e Infra-estrutura (COI), la filial de Odebrecht que llevó a cabo el proyecto del Mariel, y una empresa fantasma afiliada con Odebrecht y registrada en Holanda llamada Likam Bouwwerken Internationaal.

En otro registro de Drousys, bajo los archivos “Programa 2013” y “Cuba”, hay referencias a instrucciones bancarias para una transacción de $900,000 entre CIPSA y ENGETEC, dos compañías fantasma controladas por Odebrecht.

Esto es similar al modus operandi de Odebrecht en otros países donde pagó sobornos, como Ecuador, Perú y Venezuela. En esos y otros países de América Latina y África, la División de Operaciones Estructuradas realizó los sobornos a través de sobrepagos, adiciones a contratos existentes y contratos falsos entre compañías ficticias, entre otras estrategias.

No está claro si las numerosas referencias a Cuba en los archivos de Drousys, que van desde 2010 hasta 2015, reflejan intentos de esconder información sobre pagos a los auditores, o corresponden a sobornos pagados a funcionarios cubanos o a personas en Brasil que autorizaron los $692 millones en financiamiento para la modernización del puerto. Es posible que nunca se sepa si funcionarios del gobierno cubano recibieron sobornos, debido a la falta de una prensa libre o un poder judicial independiente en la isla, instituciones que ayudaron a descubrir la corrupción en otros países donde operaba Odebrecht.

Los archivos de Drousys fueron obtenidos por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), que organizó un equipo de 19 medios de comunicación en 10 países y que incluyó a reporteros del del Miami Herald, el Nuevo Herald y la oficina de McClatchy en Washington.

Bajo el título, la División de los Sobornos, el equipo de periodistas publicó dos reportajes sobre cómo dinero de los sobornos pagados por Odebrecht en Venezuela llegó a Miami y cómo funcionarios de la División de Operaciones Estructuradas manejaron la gigantesca operación desde el sur de la Florida.

El equipo también obtuvo correos electrónicos nunca antes vistos de Odebrecht, enviados entre 2007 y 2014, que indican cómo la compañía trató de ganarse el favor del clan Castro e intentó mantener fuera de la atención pública sus relaciones con Cuba. Los correos fueron obtenidos originalmente por la página de periodismo investigativo IDL-Reporteros en Perú pero no se habían publicado.

Los funcionarios de Odebrecht se negaron repetidamente a explicar por qué Cuba aparece en este sistema de contabilidad paralelo, que llevó al gigante de la construcción a reconocer $788 millones en pagos ilícitos en América Latina cuando llegó a un acuerdo en diciembre de 2016 con el Departamento de Justicia de Estados Unidos para no ser llevado a los tribunales federales.

La embajada de Cuba en Washington no respondió a preguntas sobre el tema.

El hombre que dirigió las operaciones de Odebrecht en Cuba, Mauro Hueb, tampoco quiere hablar. Sorprendido al ser contactado por teléfono, dijo que ya no trabajaba en la compañía. Cuando se le preguntó específicamente sobre el sistema Drousys, respondió: “Esto no tiene nada que ver conmigo”.

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Hueb creó la compañía Index Miami en el 2012, mientras estaba a cargo de las operaciones de Odebrecht en Cuba.

“No sé nada sobre eso”, dijo, y colgó bruscamente cuando se le preguntó sobre Index Miami Co., una compañía registrada en Miami que creó en 2012, mientras dirigía las operaciones en la isla. A través de esa compañía, Hueb compró un condominio en Miami ese mismo año, que luego vendió en 2018 por $240,000, según registros públicos.

Tras su paso por Cuba, Hueb fue enviado por Odebrecht a supervisar las operaciones como director regional en Ecuador, donde se han originado varias investigaciones a partir de los hallazgos en Drousys. En una entrevista de octubre de 2017 con el diario ecuatoriano El Universo, Hueb dijo que los problemas que ha enfrentado la compañía tras las acusaciones de pago de sobornos se han multiplicado como una “metástasis”.

No queda claro si él llegó a cooperar con la fiscalía de ese país u otros que han iniciado investigaciones.

Condiciones “excepcionales”

El ahora convicto presidente ejecutivo de Odebrecht, Marcelo Odebrecht, dijo a los investigadores brasileños que condujeron el caso conocido como Lava Jato, que no pagó sobornos en Cuba. Pero prácticamente todo lo relacionado con la incursión empresarial de la compañía en la isla comunista fue irregular, como el creativo esquema de financiamiento empleado por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para evitar pagos directos al gobierno cubano, así como pagos directos de La Habana a Odebrecht, lo que podría haber contravenido las regulaciones del embargo estadounidense a la isla.

El contrato para modernizar el Puerto del Mariel, que fue usado por submarinos durante la era soviética, generó sospechas e investigaciones en Brasil. El presidente de ese país, el conservador Jair Bolsonaro, se ha comprometido a entregar documentos que muestren cómo sus antecesores —los presidentes Dilma Rouseff y Luiz Inácio Lula da Silva, ambos del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT)— usaron el BNDES para ayudar a Cuba.

Según el testimonio de Marcelo Odebrecht, tanto el presidente Lula —quien cumple prisión en este momento, condenado por corrupción— como Fernando Pimentel, el Ministro de Estado para el Desarrollo, la Industria y el Comercio Exterior, jugaron un papel crucial en lograr que Rousseff aprobara nuevas partidas del crédito otorgado al gobierno cubano bajo condiciones “excepcionales”, como bajas tasas de interés y un generoso cronograma de pagos a 25 años.

Los correos electrónicos de Odebrecht también muestran el interés de la compañía en la familia de Raúl Castro, quien actualmente sigue dirigiendo el país desde el Partido Comunista, aunque se retiró de la presidencia en 2018.

El general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas despertó especial atención debido a su influencia como presidente del Grupo de Administración Empresarial (GAESA), un conglomerado militar que controla la mayor parte de la economía cubana y que actualmente está sancionado por Estados Unidos. El proyecto del Puerto de Mariel fue dirigido por GAESA a través de la compañía Zona de Desarrollo Integral Mariel SA (ZDIM).

López-Callejas también era parte del círculo íntimo de Castro pues estuvo casado con una de sus hijas. Ejecutivos de Odebrecht intercambiaron esta información antes de la visita del general y otros dos ejecutivos de GAESA a Brasil, en agosto de 2013, para discutir los negocios de la compañía en Cuba.

En un correo electrónico enviado en agosto del 2013 a Luis Antonio Mameri, director de las operaciones de Odebrecht en América Latina y África, Hueb dijo que esperaba que la visita ayudara a “fortalecer nuestra relación de confianza con el gobierno cubano a través de su interlocutor principal”, en referencia a López-Callejas. Hueb mencionó que el general estaba en proceso de divorcio de una de las hijas de Castro pero que aún ejercía “un fuerte liderazgo en las decisiones tomadas por el gobierno cubano. Todos nuestros negocios en Cuba pasaron por sus manos”.

Una de esas decisiones parece haber sido la adjudicación del contrato para la modernización del Puerto del Mariel.

Stephen Purvis, un arquitecto británico que trabajó en Cuba con la firma de inversiones Capital Coral desde principios de la década del 2000, escribió en su libro Close but No Cigar que desarrolló propuestas para el Puerto de Mariel y la terminal de contenedores a petición de empresas cubanas. El dragado, la construcción, los equipos y el capital de trabajo se estimaron en $350 millones, casi la mitad de lo que Odebrecht más tarde le cargó al BNDES por las obras que iniciaron a fines del 2010. La compañía Dubai Ports World operaría el Puerto de Mariel como una empresa mixta con GAESA y López-Callejas viajó a Dubai para firmar el acuerdo.

Purvis dijo que seis meses después, el general le dijo: “Bueno, en Cuba no nos gusta ver la palabra vinculante en los contratos y tenemos que cancelar el proyecto por razones de soberanía. Espero que lo entiendan. Por favor, explícaselo a Dubai”. Al poco tiempo, el gobierno cubano anunció el acuerdo con Brasil y Odebrecht.

Purvis y una docena de otros empresarios extranjeros fueron encarcelados durante un presunto esfuerzo contra la corrupción dirigido por Raúl Castro entre 2011 y 2012. Los observadores en ese momento creían que la operación era un intento de evitar los pagos de la deuda y redirigir las inversiones y el comercio hacia compañías de países aliados en el terreno político.

Odebrecht también intentó usar a la hija de Castro y primera dama de facto, Mariela, para promover sus intereses en la isla.

En un correo electrónico enviado a Marcelo Odebrecht en 2013, Hueb le recomendó que buscara directamente el apoyo de Mariela Castro para “proyectos sociales autosustentables” en la isla que serían implementados con la ayuda de la compañía brasileña. Pero indirectamente, escribió Hueb, la compañía quería usarla para enviarle un mensaje a su padre: “Nuestro apoyo a Cuba en la modernización económica del país”.

El Chong Chon Gang

El apoyo de Odebrecht al gobierno cubano parece haber implicado también cerrar los ojos ante las actividades de los militares cubanos en el Puerto de Mariel.

En julio de 2013, meses antes de inaugurarse oficialmente la nueva terminal de contendores del Puerto del Mariel en enero de 2014, el Chong Chon Gang, un barco de Corea del Norte que atracó allí fue incautado en Panamá. El barco llevaba escondidos motores de cazas de combate MIG, armamentos y municiones. Las Naciones Unidas condenaron a Pyongyang, pero no a La Habana, de violar el embargo de armas impuesto por esa organización internacional.

“En ese momento, cuando se cargaron las armas para Corea del Norte, se cargaron en el Puerto de Mariel, que no estaba abierto al público, aún estaba en construcción, por lo que solo dos entidades tenían acceso: Almacenes Universales [otra compañía de GAESA al frente de la terminal de contenedores] y Odebrecht”, dijo un funcionario de alto rango de la administración del presidente Donald Trump. El funcionario pidió no ser identificado porque no estaba autorizado a hablar del tema.

¿Qué sabían Hueb y Odebrecht del asunto? Odebrecht no respondió y Hueb dijo en un mensaje de texto que no tuvo “ningún conocimiento” de ese asunto. Hueb amenazó con demandar por cualquier “publicación falsa relacionada con mi nombre”.

Las referencias en Drousys relacionados con Cuba también incluyen documentos que mencionan a la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), entidad del Departamento del Tesoro que supervisa el programa de sanciones a Cuba. Uno de los documentos del 2011 menciona una planta de níquel; otro es una solicitud para descongelar activos no especificados bloqueados en 2013.

Los funcionarios de la compañía y Hueb se negaron a discutir el asunto, al igual que ex funcionarios de la OFAC. El bufete de abogados White and Case, que representó a Odebrecht, también declinó hacer declaraciones al respecto.

Reacción en Miami

Cuando la noticia de la participación de Odebrecht en la modernización del Puerto del Mariel llegó a Miami, la reacción fue feroz. Gilberto Neves, entonces jefe de la filial en Miami, Odebrecht Construction Inc., tuvo que defenderse de las críticas y del boicot de la influyente Latin Builders Association.

Neves, quien tiene su propia empresa de construcción en Miami, insiste en que nunca se le pidió que testificara en las investigaciones de Estados Unidos o Brasil. Sobre Cuba, dijo que simpatizaba con los exiliados de Miami.

“Dije a todos los que querían escuchar que construir en Cuba era un error, pero no tenía influencia ni opinión en los proyectos fuera de Estados Unidos”, dijo.

Los correos electrónicos internos de Odebrecht dejan en claro que los ejecutivos esperaban aumentar su presencia en Cuba mientras mantenían contratos en Miami.

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“No tengo ni que decir que esta visita debe ser hecha con máxima discreción”, escribió el CEO de Odebrecht, Marcelo, en relación a una visita de un ejecutivo a Cuba.

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“No podemos aparecer ni confirmar nada”, escribió el CEO de Odebrecht en relación a la presencia de la compañía en Cuba. “Si fuéramos a actuar no será a través de la CNO (Constructura Norberto Odebrecht), sino de una empresa no relacionada”.

Miami no generó muchos ingresos, pero permitió a los funcionarios de la compañía presumir ante los inversionistas y bancos globales de haber construido la torre de control del Aeropuerto Internacional de Miami y la AmericanAirlines Arena.

“Ni siquiera tengo que decir que la visita a la isla debe hacerse con la máxima discreción, bajo el riesgo de una enorme pérdida para Gilberto”, advirtió Marcelo Odebrecht el 21 de noviembre de 2007 en un correo electrónico a tres ejecutivos de la compañía.

Menos de dos meses después, y antes de un viaje a Cuba del ejecutivo Ricardo Boleira Sieiro Guimaraes, Marcelo advirtió en un correo electrónico del 11 de enero de 2008: “Recuerda: tu presencia en la isla, Ricardo, debe ser VISIBLE al gobierno brasileño e INVISIBLE a los medios de comunicación”.

¿Por qué Cuba?

Un panorama político cambiante claramente influyó en el interés de Odebrecht por Cuba, incluso si significaba perder parte del negocio en Miami.

El Partido de los Trabajadores (PT) llegó al poder en 2002 y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, un ex dirigente sindical encarcelado por oponerse a una dictadura de casi 21 años, trató de apoyar a Cuba y a los gobiernos de izquierda en toda la región. Odebrecht era un medio para ese fín.

“El gobierno de Lula y su sucesora, la Sra. Rousseff, consideraron a Odebrecht casi como un fondo de riqueza soberano”, dijo John Kavulich, presidente del U.S.- Cuba Trade and Economic Council.

Hace una década, la intimidad tenía sentido. Todo indicaba que el PT estaría mucho tiempo en el poder.

“Odebrecht y otras compañías se pusieron a trabajar con el PT desde el principio. Pero como hemos conocido... el PT estaba construyendo un nuevo modelo de corrupción del siglo XXI“, dijo Thomas A. Shannon Jr., embajador de Estados Unidos en Brasil entre 2010 y 2013, y secretario de Estado interino durante los primeros meses del 2017.

Otro factor fue el enfoque punitivo del presidente George W. Bush hacia Cuba, contrario a la apertura de Canadá y España hacia los hermanos Castro.

“Brasil llegó a la conclusión de que los únicos inversionistas potenciales en Cuba serían China y Venezuela, y no quería quedarse sin esa oportunidad”, dijo Shannon. “Y ahí es donde Mariel se convirtió en un imperativo estratégico para el PT, y donde Odebrecht se convirtió en una herramienta útil para ellos”.

Pero eso hizo poco para sofocar la reacción en Miami. Tanto los políticos de la ciudad como los del estado trataron de restringir la participación de Odebrecht en proyectos en la Florida. En mayo de 2012, el estado de la Florida prohibió otorgar contratos a filiales de compañías como Odebrecht que tuvieran negocios con Cuba. Odebrecht demandó y la medida fue anulada por los tribunales.

La filial de Odebrecht en Estados Unidos se negó a contestar preguntas específicas sobre el tema, citando un acuerdo de confidencialidad que su empresa matriz alcanzó con el Departamento de Justicia.

“Como exportador internacional de servicios de ingeniería, el grupo Odebrecht estableció una subsidiaria independiente y de propósito especial para desarrollar proyectos de infraestructura en Cuba de una manera que no infrinja las leyes de Estados Unidos y las normas aplicables”, dijo un portavoz de la empresa en un comunicado. “Las operaciones de Odebrecht USA no han proporcionado ningún apoyo financiero, técnico o de recursos humanos a la subsidiaria en Cuba. Además, ninguno de los empleados de Odebrecht USA participa en proyectos en Cuba”.

Esa respuesta no le sienta bien al gobierno del presidente Trump.

“Cualquier abogado entiende que una filial que es propiedad total [de una compañía matriz] es parte de esa compañía, por lo que usted es responsable del comportamiento de la empresa matriz”, dijo el funcionario de alto cargo del gobierno de Trump.

Cuando se le preguntó si Odebrecht pudo haber violado el embargo de Estados Unidos a Cuba, el funcionario dijo que “no hay nada que diga que no lo hicieron”.

Contribuyeron a este reportaje: Monika Leal en Miami, Ben Wieder en Washington, Guilherme Amado y Thiago Herdy de la Revista Época en Brasil, y Joseph Poliszuk de Armando Info en Colombia.

Siga a Nora Gámez Torres en Twitter: @ngameztorres

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