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Opinión

¿Cómo se confronta el peligro de Corea del Norte?

Soldados norcoreanos en tanques de guerra desfilan en Pyongyang, el 15 de abril, conmemorando el natalicio de Kim Il Sung, fundador de la nación y abuelo del actual mandatario, Kim Jong Un.
Soldados norcoreanos en tanques de guerra desfilan en Pyongyang, el 15 de abril, conmemorando el natalicio de Kim Il Sung, fundador de la nación y abuelo del actual mandatario, Kim Jong Un. AP

En “Oldeuboi”, una de las mejores películas coreanas que he visto, secuestran a un hombre de negocios y lo encierran en una celda asfixiante donde solo hay un televisor. El hombre no sabe a qué se debe su cautiverio y empieza a enloquecer. Vive enjaulado durante quince años sumido en una especie de estado hipnótico. Lo sostienen la ira y un plan de venganza.

El secuestrado de “Oldeuboi” tiene rasgos en común con los norcoreanos. Son rehenes de la dictadura más represiva del planeta. Subsisten ajenos a la realidad del mundo exterior, hipnotizados por el terror y la propaganda que administra una casta dirigente que en todo momento predica la venganza contra Corea del Sur y Estados Unidos, culpando a sus enemigos de los crímenes que ella misma ha cometido.

Un ejemplo reciente: En la década de los 90 del siglo pasado se desplomó la economía norcoreana. En medio del colapso, los escasos recursos del país se utilizaban para fines militares entre los cuales predominaba el desarrollo de bombas atómicas. Este desastre económico provocó una hambruna que causó la muerte de más de dos millones de personas. Con todo, según varios desertores norcoreanos de alto nivel, el desolado pueblo de Corea del Norte demostró que creía al pie de la letra la burda propaganda demencial de los Kim. Se sentía víctima, no de la dictadura despiadada responsable de su sufrimiento, sino de Corea del Sur y Estados Unidos. Al extremo de que, según estos desertores, en los años más terribles de la hambruna, el pueblo clamaba por una “guerra de venganza” contra los enemigos externos.

Así es el reino ermitaño de Kim Jong Un. Combina las peores inmundicias del despotismo oriental y el estalinismo. De cara a Beijing, Seúl y Washington presenta los “bluffs” de un jugador que no tiene nada que perder.

Por eso van a surtir tan poco efecto en Pyongyang las reacciones de la Administración Trump a la retórica apocalíptica y las movidas belicosas de Corea del Norte. Los comunistas coreanos no se amilanan por los tuits amenazantes del Presidente ni por el lanzamiento de bombas colosales, ni por el anuncio de que Trump envía a aguas coreanas el Grupo de Ataque Carl Vinson, conformado por un portaviones y varios barcos de guerra. La respuesta del reino al Carl Vinson fue una muestra típica de su histeria aderezada con rabia y paranoia. Concluyó afirmando que el despliegue naval constituía una prueba más de su necesidad, y su derecho, a desarrollar armas nucleares.

Prodigan una ignorancia risible quienes insisten que el reino ermitaño está usando sus bombas atómicas como fichas negociadoras que Kim Jong Un y sus generales estarían dispuestos a entregar a cambio de generosas concesiones estadounidenses, chinas y sudcoreanas. Nada está más lejos de la realidad. Para Corea del Norte, la desnuclearización que Estados Unidos le exige no es negociable. Está totalmente convencido de que sin su arsenal nuclear sería aniquilado por Estados Unidos. Por tanto ve sus bombas atómicas como una necesidad existencial. Sabe, además, que la nueva estrategia conjunta de Estados Unidos y Corea del Sur, el llamado Plan de Operaciones 5015 (OPLAN por sus siglas en inglés) tiene como objetivo responder con armas no nucleares a un ataque norcoreano. Lo haría por medio de devastadores golpes preventivos que incluyen la eliminación de Kim Jong Un y sus cortesanos más cercanos.

Aun así, y aunque no consiguiera lanzar ninguna de sus bombas atómicas, Pyongyang podría infligirle inmensos daños a Corea del Sur con sus otras armas de destrucción masiva, sus tropas especiales y las numerosas piezas de artillería emplazadas a poca distancia de Seúl. De manera que para Estados Unidos y Corea del Sur, en la confrontación con Corea del Norte las opciones militares convencionales también conllevan enormes riesgos.

En cambio, los riesgos para China, el otro protagonista de esta tragedia marcial, provienen de su vaguedad y de una cautela excesiva hacia Corea del Norte, a pesar de que mantiene con vida la miserable economía del reino ermitaño. El presidente chino Xi Jinping dice que favorece una “resolución del conflicto a través de medios pacíficos”. ¿Pero cuáles son los medios que propone Xi Jinping? ¿Y cómo se los tomarían Kim Jong Un y su corte de lambiscones secuestrados?

Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de abril de 2017, 2:54 p. m. with the headline "¿Cómo se confronta el peligro de Corea del Norte?."

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