El Día de la Raza
Estados Unidos está atravesando una era de revisionismo histórico que se basa, principalmente, en la historia de la guerra civil de mediados del siglo XIX y los monumentos conmemorativos de personajes conectados con la época. Como era de esperarse, las opiniones están divididas entre tradicionalistas y revisionistas. Desafortunadamente, los extremos han causado hechos trágicos como la tragedia en Charlottesville, Virginia, hace unas semanas.
Pero el revisionismo no ha terminado en el período histórico de la guerra civil. El pasado 30 de agosto, el Consejo Municipal de la ciudad de Los Angeles, California, votó, casi unánimemente, para suspender la celebración de Columbus Day (lo que en Cuba se llamaba el Día de la Raza, que celebrábamos el 12 de octubre) y remplazarlo con “El Día de los Pueblos Indígenas” que conmemorarán pueblos nativos indígenas en América del Norte.
La acción de eliminar Columbus Day ha sido llamada “Justicia Restauradora” por sus proponentes, quienes aducen que terminar con las celebraciones de Cristóbal Colón ayudará a “desmantelar un acto oficial conmemorando el genocidio de pueblos indígenas”.
La conexión de Colón con la destrucción y esclavitud de algunos grupos indígenas fue algo inmoral y nada digno de celebración, pero remplazar Columbus Day con el Día de los Pueblos Indígenas es altamente irónico y un ejemplo más del revisionismo histórico que ha infectado a los que desean borrar aquellas partes de la historia americana que no consideran merecedoras de ser recordadas.
Muchos de los pueblos indígenas que Los Angeles celebrará fueron partícipes en atrocidades horribles de su propia creación. Por ejemplo, es bien conocido que las tribus indígenas de Mesoamérica practicaban regularmente sacrificios humanos (Richard Overy, Historia Completa del Mundo). Fuentes europeas han escrito extensamente que los aztecas llevaron a cabo entre 10,000 y 80,000 sacrificios en 1487 como parte de su dedicación del templo primario de Tenochtitlán. Muchos de los sacrificios involucraban torturas ritualísticas, incluyendo la extirpación de los corazones de las víctimas aún vivas.
Muchas tribus americanas practicaban la esclavitud y mantenían opiniones racistas de otras tribus. Después de las guerras, esclavos suficientemente dichosos de no ser sacrificados eran forzados a servir en las peores labores esclavas. Algunas tribus mutilaban a sus esclavos para impedir que huyeran. Pueblos indígenas en Norteamérica también practicaban tácticas brutales en las guerras e infanticidio, asesinato de niños inocentes.
En adición, grupos nativos cometieron muchos ataques injustificados contra colonizadores americanos. En 1622, guerreros Powhatan visitaron múltiples asentamientos coloniales con el falso propósito de establecer paz y comercio. Una vez que los colonizadores le dieron entrada a los Powhatan, fueron asesinados en uno de los actos más sangrientos que registra la historia de la época. Aproximadamente un tercio de los colonizadores de Virginia fueron asesinados en un solo día.
Sacrificios humanos, esclavitud, racismo y el asesinato de niños inocentes no suena como un grupo que merezca celebración por los estándares modernos, pero son precisamente estos los grupos que el Consejo Municipal de Los Angeles ha determinado que son merecedores de reconocimiento.
No hay excusas para los horrores inflingidos en tribus indígenas de Norteamérica por conquistadores europeos. De la misma forma, no hay excusas para los numerosos crímenes cometidos por muchos de estos mismos indígenas americanos contra otros indígenas y contra muchos colonialistas pacíficos e inocentes.
Para algunos, los europeos colonizadores deben ser relegados al basurero de la historia, nunca dignos de honor o respeto. Pero esa visión es miope, tonta y aplicada inconsistentemente. No hubo manifestaciones de ira, por ejemplo, cuando Hillary Clinton aceptó el premio Margaret Sanger en 2009, un “honor” nombrado por un racista prominente y proponente eugenista.
En lugar de ignorar los seres imperfectos del pasado que contribuyeron a formar América, debiéramos celebrar sus logros y aprender de sus errores, recordando siempre que el camino del progreso es pavimentado con humildad. La única otra alternativa consistente sería borrar de la arena pública toda mención de alguien que no vivió de acuerdo a nuestros estándares modernos (que sería prácticamente todo el mundo). Y, al final, eso puede ser lo que los revisionistas persiguen: la completa destrucción de los grandes logros del mundo occidental.
AGonzalez03@live.com
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de septiembre de 2017, 1:59 p. m. with the headline "El Día de la Raza."