De cambio climático y huracanes salvajes
Qué pesado es hablar del cambio climático “antrópico” producido por la actividad humana. Se trata de un fenómeno complejo que, sin embargo, desata polémicas plagadas de simplismo e ignorancia las cuales se manifiestan en los argumentos falaces que nos espetan algunos políticos y sus perros falderos.
En estos días aciagos a muchos de estos mismos políticos descreídos les molesta hablar sobre el papel que les corresponde a los gobiernos en las respuestas oficiales a desastres como los que han desolado a Texas y Florida. A la a luz de doctrinas mayoritariamente republicanas que denuncian el tamaño actual y las funciones del gobierno federal y que abogan por un Estado pequeño que apenas intervendría en la vida de individuos y corporaciones (salvo en lo referente a la defensa nacional, la seguridad interna y la administración de la justicia), ¿cómo justificar el gasto de miles de millones del erario público en ayuda humanitaria y obras de reconstrucción tras estos u otros huracanes?
¿Por qué los mismos congresistas texanos que hace cinco años votaron contra la ayuda a los damnificados de Sandy en el Noreste, hoy se apresuran para asignarle toda la plata del universo a su estado? ¿Para ellos, lo correcto no sería insistir en que las llamadas fuerzas del mercado se ocupen de recoger escombros, reabrir las vías, repartir alimentos y levantar viviendas provisionales?
Para otros politiqueros ideólogos resulta engorroso discutir el cambio climático antrópico y su clara influencia sobre la creciente fuerza destructiva de ciertos huracanes. Así, según Scott Pruitt, el ministro que encabeza la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés) es una “falta de sensibilidad” hablar de huracanes y cambio climático mientras tantos damnificados luchan por rehacer sus vidas.
¿Por qué? Porque el señor Pruitt no cree en el cambio climático antrópico. Es como si el encargado de la higiene en una lechería inmensa no creyese en la existencia de las bacterias. De manera que el ministro no quiere que vinculemos procesos exacerbados por los seres humanos a cataclismos en el mundo real que refutan las posturas seudocientíficas de Pruitt y políticos afines.
En el caso de los huracanes, la evidencia científica es avasalladora. Ojo, estos modelos científicos no le atribuyen al cambio climático antrópico la formación de huracanes específicos ni su frecuencia. Su alcance es más modesto. Como nos recuerda el huracanólogo Kerry Emanuel del respetadísimo Massachusetts Institute of Technology (MIT) la ciencia explica cómo el cambio climático, el calentamiento de las aguas y la atmósfera, junto con la subida de los niveles del mar, aumentan (y seguirán aumentando) la fuerza y capacidad destructiva de estas tormentas catastróficas, les guste o no a Pruitt y sus aliados.
Lejos de mostrar esa presunta falta de sensibilidad que perturba al jefe de la EPA, los científicos que en estos momentos intentan explicar el comportamiento y la naturaleza de Irma e Harvey por medio de conceptos relacionados con el cambio climático producido por la actividad humana, no lo hacen a fin de politizar estas tormentas. Lo hacen a fin de entender y explicar el mundo racionalmente sin recurrir a distorsiones de la realidad motivadas por pulsaciones ideológicas que hacen caso omiso de la evidencia científica.
Esto no significa que políticos racionales y serios conocedores del cambio climático antrópico hayan logrado formular políticas factibles cuya finalidad sería frenar a tiempo el calentamiento global (para no hablar de la postura de esos profetas estruendosos que nos advierten constantemente sobre la urgente necesidad de actuar lo antes posible a fin de “salvar” el mundo, aunque sus imprecisas “medidas urgentes” conlleven la destrucción de la economía de mercado y el empobrecimiento de miles de millones de personas) Semejantes políticas no se han formulado ni en el marco de los Acuerdos de París ni, por ejemplo, en proyectos que contemplan un impuesto global a las emisiones de carbonos.
En todo caso, ¿no será demasiado tarde para salvar el planeta? Como dijo alguna vez el conocido (y polémico) científico británico James Lovelock: “No nos propusimos deliberadamente calentar el mundo, pero como resultado de lo que hicimos –construir civilizaciones–, iniciamos un cambio y ya no podemos detenerlo”.
Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de septiembre de 2017, 6:07 a. m. with the headline "De cambio climático y huracanes salvajes."