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Los idus de marzo para el partido republicano

Marco Rubio se despide de sus simpatizantes luego de anunciar que se retira de la campaña presidencial como precandidato republicano, en la Universidad Internacional de la Florida, el 15 de marzo.
Marco Rubio se despide de sus simpatizantes luego de anunciar que se retira de la campaña presidencial como precandidato republicano, en la Universidad Internacional de la Florida, el 15 de marzo. pfarrell@miamiherald.com

Los antiguos romanos dedicaron la fecha del 15 de marzo a Marte, el dios de la guerra. En el año 44 a.C. el adivino Espurina le advirtió al emperador Julio César: “Cuídate de los idus de marzo”, pero el César fue al Senado y cuando vio al adivino le dijo: “Los idus de marzo ya han llegado”. El adivino le respondió, “Si, pero aún no han acabado”. Ya sabemos cómo acabaron para Julio César y en pleno siglo XXI estamos en las mismas.

La primaria del pasado 15 de marzo aquí en la Florida ha dejado una estela de sangre y destrucción en el partido republicano. El senador Marco Rubio recibió la última puñalada trapera cuando perdió su propio estado frente al aparentemente imparable Donald Trump. En la noche triste de su derrota, Rubio hizo una importante petición a todos sus partidistas. “Les pido”, dijo, “que no se dejen llevar por el miedo, que no se dejan llevar por la frustración”. Pero eso es precisamente lo que ha ocurrido y los idus de marzo aún no han terminado.

El nuevo dios de la guerra, Donald Trump, arrasó en la Florida. Primero destrozó al ex gobernador Jeb Bush, el único de los precandidatos presidenciales en llevarle la contraria, y luego a la última gran esperanza del partido republicano, el precandidato Rubio.

Quizás Rubio no fue el candidato perfecto, primero toleró las barrabasadas de Trump con un guiño porque sus asesores pensaron que Trump debilitaría a la competencia. Luego se rebajó al mismo nivel del magnate intercambiando insultos infantiles, de lo cual se ha arrepentido públicamente el propio Rubio. Pero con todos estos defectos de ejecución, Rubio era el candidato que mejor representaba el sueño americano y el que proyectaba un mensaje optimista e inclusivo. Fue precisamente esto lo que lo hundió.

Hace solo tres años la portada de la revista Time proclamó al senador Rubio como el “Salvador republicano”. Michael Grunwald, el periodista que escribió el artículo de fondo describió a Rubio como “un perfecto animal político, un conservador ambicioso, calculador, y carismático” con una historia personal de triunfo y superación en una familia muy humilde. Grunwald, que siguió muy de cerca la trayectoria que llevó a Rubio al Senado de la nación, consideró que en ese momento el cubanoamericano era la voz más influyente en el debate nacional sobre inmigración. En ese tema, Rubio formó parte del grupo de ocho senadores que redactó una propuesta de reforma migratoria sensata y detallada que luego fue aprobada por sus colegas. Pero ese esfuerzo por hacer lo correcto del que luego se desentendió se convirtió en el albatros que hundió su aspiración presidencial.

El martes pasado Trump le ganó a Rubio en 66 de los 67 condados de la Florida; Rubio solo logró ganar en Miami-Dade gracias al apoyo del 63 por ciento de los republicanos cubanoamericanos. Y la importancia del tema de inmigración fue patente. El 63 por ciento de los republicanos a favor de la deportación masiva votó por Trump. No es la primera vez que un senador cubanoamericano es eliminado por haber tratado de hacer algo razonable sobre el tema de inmigración. El primero fue el senador cubanoamericano Mel Martínez. Cuando la reforma migratoria liderada por Martínez cayó envuelta en llamas gracias a los ataques de sus colegas extremistas, el senador, profundamente desilusionado, se retiró abruptamente de la política.

Lo que ocurrió con Mel Martínez en el 2009 es prueba fehaciente de que el partido republicano ha creado, como el doctor Frankenstein, su propio monstruo en el señor Trump. Como dijo Marco Rubio en su discurso de despedida: “América está en medio de una tormenta política, un tsunami que debíamos haber divisado antes”.

Increíblemente, aquí en la Florida el candidato Trump recibió el voto de uno de cada cuatro hispanos. Lamentablemente, Trump apela a lo peor de nosotros, el miedo, el resentimiento, el caudillismo, el machismo y las soluciones absolutistas y simplistas. Es el pequeño Fidel Castro que todos llevamos dentro.

La destrucción del partido republicano no sería buena para nadie en este país. Pero el electorado tiene que empezar a entender algo que dijo un gran republicano, Jack Kemp. Famoso futbolista, congresista y candidato a la vicepresidencia en 1996, Kemp solía decir que el propósito de la política no es derrotar al oponente sino proveer mejor liderazgo y mejores ideas que el opositor.

En contraste, Trump cita al dictador Mussolini en Twitter: “Es mejor ser un león por un día que una oveja por 100 años”. Todo es relativo. No hay nada de malo en ser una oveja cuando tenemos un buen pastor que nos proteja del león. Todavía estamos a tiempo.

Periodista cubanoamericana

Twitter: @PedaleaBernie

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de marzo de 2016, 4:29 p. m. with the headline "Los idus de marzo para el partido republicano."

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