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Daniel Shoer Roth

El portavoz de la Casa Blanca no sabe de holocaustos

El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, comparó al perverso mandatario de Siria, Bashar al-Assad, con Hitler, afirmando que el primero es incluso peor. Dijo que Hitler no usó gas mortífero contra su propio pueblo y a los campos de concentración los llamó ‘centros de holocausto’.
El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, comparó al perverso mandatario de Siria, Bashar al-Assad, con Hitler, afirmando que el primero es incluso peor. Dijo que Hitler no usó gas mortífero contra su propio pueblo y a los campos de concentración los llamó ‘centros de holocausto’.

Establecer comparaciones a la ligera del Holocausto, un recurso sobreexplotado para acentuar la ignominia de la maldad política o una dolorosa catástrofe, es una fórmula odiosa y lamentable de trivializar el crimen industrializado y sistemático que exterminó a seis millones de judíos, un método de genocidio históricamente distintivo. Nunca antes, ni después, un régimen orquestó la extinción de un pueblo entero bajo un pretexto biológico.

Los infames ejemplos abundan. El año pasado, el presidente de Filipinas, Rodrigo Duarte, equiparó su guerra contra las drogas al Holocausto, arguyendo que deseaba masacrar a tres millones de adictos en su país, tal como efectuó Adolf Hitler con los judíos. La gran matanza nazi también ha sido invocada en referencia a la crisis de los refugiados sirios que huyen del mal para criticar a gobiernos reticentes a acogerlos. La guerra civil en Siria no es un genocidio étnico organizado meticulosamente.

La perniciosa inclinación de quienes trazan estos agravantes paralelismos saltó a la palestra internacional nada más y nada menos que el primer día de la Pascua hebrea, cuando los descendientes de Moisés reviven la épica bíblica de la esclavitud de sus ancestros en Egipto y la milagrosa emancipación. En medio de una explicación sobre el bombardeo estadounidense contra una base aérea siria, el portavoz de la Casa Blanca Sean Spicer comparó al perverso mandatario de Siria, Bashar al-Assad, con el villano del nazismo, afirmando que el primero es incluso peor.

“Tienes a alguien tan despreciable como Hitler que ni siquiera pensó en usar armas químicas”, declaró en su analogía, una aberración histórica dado que los nazis emplearon gas Zyklon-B en las cámaras de extermino. Fue el uso más letal de un arma química en la historia de la humanidad.

Luego, a fin de aclarar lo antedicho, ahondó más la herida con otra metedura de pata. Alegó que Hitler “no usaba el gas en su propia gente de la misma forma que Assad”. Sin embargo, los nazis asesinaron entre 160,000 y 180,000 judíos alemanes tras implementar la Solución Final, y el mismo pueblo alemán no hebreo sufrió las penurias y la muerte de la guerra. Este comentario indirectamente perpetúa la falsa premisa antisemita de que los judíos no se consideran ciudadanos de sus propios países por su filiación religiosa.

Viéndose en la obligación de explicar su enredo, entre titubeos, el secretario de Prensa del presidente Donald Trump destacó que si bien el mandatario sirio bombardeó agentes químicos en centros urbanos, Hitler los llevó a los “centros del Holocausto”, término muy impropio para referirse a los campos de extermino como si fueran centros comerciales con crematorios que eructan el humo negro de cuerpos calcinados.

Ante el revuelo causado por sus tergiversaciones de la Historia, Spicer pidió disculpas al reconocer que su alusión a los acontecimientos fue desequilibrada y poco sensible al sufrimiento de las víctimas del exterminio durante la II Guerra Mundial. Lo preocupante, empero, no es su ignorancia, sino el hecho de ser él vocero del presidente de Estados Unidos, el rostro de su administración, la voz de la primera potencia del mundo.

Él está hablando, de cierta manera, a nombre de la nación misma.

Spicer en particular –y el equipo de comunicación del presidente Trump en general– son extremadamente descuidados en la difusión por falta de conocimiento, malos hábitos o excesivo estrés. Por ende, cometen errores de graves proporciones. El pasado Día Internacional para la Memoria del Holocausto, un comunicado de la Casa Blanca no mencionó explícitamente a la comunidad judía o el antisemitismo, una torpeza desconcertante porque la aniquilación de los judíos fue núcleo central de la ideología nazi.

Las analogías con Hitler son espantosas en la retórica política, pero aún peor son para fundamentar una medida política. El Holocausto le aconteció a un pueblo específico por razones específicas. Aunque el sufrimiento de una víctima siempre es sufrimiento, provoca indignación y repulsa compararlo con un conflicto de distinta magnitud carente de monstruosos campos de exterminio. Spicer cometió una pifia inexcusable.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo, nieto de sobrevivientes del Holocausto.

Siga a Daniel Shoer Roth en Facebook y en Twitter: @danielshoerroth

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de abril de 2017, 11:50 a. m. with the headline "El portavoz de la Casa Blanca no sabe de holocaustos."

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