Daniel Shoer Roth

Venezolanos en Miami y el mundo unidos por el dolor

Venezolanos participan en una protesta el miércoles 19 de abril de 2017 frente a la Torre de la Libertad, en el centro de Miami. Como parte de las manifestaciones convocadas en Venezuela por la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), los residentes originarios de este país protestaron contra el gobierno que encabeza Nicolás Maduro y, entre banderas tricolores, pidieron "libertad para los presos políticos".
Venezolanos participan en una protesta el miércoles 19 de abril de 2017 frente a la Torre de la Libertad, en el centro de Miami. Como parte de las manifestaciones convocadas en Venezuela por la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), los residentes originarios de este país protestaron contra el gobierno que encabeza Nicolás Maduro y, entre banderas tricolores, pidieron "libertad para los presos políticos". EFE

Entre tan apabullante desconsuelo, una afectuosa solidaridad, con su vehemente expresión, alivia nuestro llanto y tregua el tormento colectivo.

A la distancia en la geografía, pero atentos, minuto tras minuto, al pavoroso acontecer de un país en convulsión, gracias al don de la ubicuidad de la internet y la evolución de las tecnologías de comunicación instantánea, los venezolanos en la diáspora han demostrado palmariamente un frente común de solidaridad y ayuda moral, económica, institucional y política que a menudo pasa desapercibido dada la gravedad de la crisis allende los mares.

No por echarnos flores mutuamente, mas es encomiable el esfuerzo mancomunado que se viene forjando y merece, por qué no, unas palabras de reconocimiento. En airadas concentraciones, algunas multitudinarias, otras pequeñas, alrededor del globo terráqueo, los expatriados protestan por la bárbara represión del régimen venezolano a manifestantes pacíficos que se ha cobrado, desde el 6 de abril, una treintena de vidas y ha dejado casi medio millar de heridos.


Las organizaciones del exilio venezolano en el Sur de Florida han aunado ímpetus y cada una contribuye a ejercer presión sobre los legisladores locales, quienes, a su vez, han conseguido que el gobierno norteamericano apoye, con ciertas medidas, la causa democrática del valiente pueblo venezolano amedrentado por las medidas coercitivas de las corruptas fuerzas de seguridad del Estado y las agresiones de los delincuentes de los llamados colectivos o grupos de base armados del chavismo, escoria humana en su mayor pureza.

 

A través de las redes sociales, los venezolanos en la abultada diáspora denuncian las violaciones de los derechos humanos, se comunican entre sí para hallar medicinas para sus familiares enfermos y algún buen samaritano que las transporte, diseminan las descarnadas imágenes y videos de la sangrienta lucha en aras de crear conciencia pública a escala global sobre la hecatombe en el país, y ruegan oraciones para que la mano del Creador actúe a su favor.

La escasez de alimentos y medicamentos ponen a prueba la diligencia, el buen recaudo y la voluntad de luchar juntos contra el hambre, la enfermedad y la miseria.


No solo en Miami se exterioriza ese vínculo insoslayable con los compatriotas en el terruño de la niñez, enarbolando en calles, plazas y parques la bandera tricolor y regando el suelo con ásperas lágrimas teñidas de una grisácea pérdida. En España, me comenta el colega Noé Pernía, bulle un movimiento silencioso de inmigrantes venezolanos que envían insumos médicos en una obra social de gran precisión y responsabilidad llevada a cabo en las parroquias. Los fletes desde la Madre Patria a la nación del Alma Llanera son costosísimos.

Destacan, asimismo, los activistas que organizan protestas y, más trascendente aún, mantienen vivo un lobby dentro de los circuitos institucionales del Parlamento, ayuntamientos y partidos, y ante la gran prensa española.

La maquinaria de solidaridad en el exterior –un elemento unificador de un pueblo dispersado que décadas atrás no acostumbraba emigrar en masa– es sin embargo incipiente.

“No sabemos cómo construir en el extranjero una identidad que de Venezuela hemos traído rota. Eso nos coloca en un afuera, y dentro de un espacio vacío, con recuerdos pero sin códigos ni proyectos comunes para enfrentar y reparar heridas, ni aceptar la diáspora como destino inmediato”, observa el influyente periodista.


Poco, claro, puede hacerse desde afuera, en comparación al espíritu indomable y libertario de la ardorosa juventud venezolana que en las calles fragua estos días, sin descanso, una lucha inquebrantable por las libertades y derechos de su pueblo. ¿Quién no admiró la osadía de aquel joven que en plena protesta caminó desnudo, con Biblia en mano, hasta subirse al techo de un tanque de la Policía Nacional Bolivariana?

Residan dondequiera, en el territorio nacional o en la diáspora, miles de venezolanos se encargaron de preservar y proyectar para la historia esa escena, como una infinidad de otras, de una tragedia que a todos acomuna bajo una interrogante: ¿Cuándo acabará? Aquí y allá, la esperanza vive con todos sus bríos y anhelos.

Escritor y periodista graduado de la Universidad Central de Venezuela, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.

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