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Fabiola Santiago

El liderazgo republicano de la Florida y Trump: almas gemelas

Una composición artística muestra al presidente Trump y el gobernador de la Florida, Rick Scott.
Una composición artística muestra al presidente Trump y el gobernador de la Florida, Rick Scott.

No sorprende que el presidente Donald Trump se sienta a gusto en la Florida, un estado al que el magnate de los bienes raíces y los campos de golf le gusta llamar “su segunda casa”. El liderazgo republicano de la Florida y Trump están en la misma longitud de onda política, son verdaderas almas gemelas.

El gobernador, su gabinete y los legisladores quizás no hablen tanto como el presidente, quien no tiene recato en sacar a relucir a todo el mundo su naturaleza de bravucón juvenil, pero el silencio de los otros puede ser peor. Ellos trabajan en las sombras –y lo hicieron desvergonzadamente durante el último período legislativo de sesiones– y han perfeccionado el arte de vender sus ideas destructivas a una población demasiado ansiosa porque alguien alivie sus temores ante otras personas y les confirmen la verdad de sus prejuicios.

En el caso a la mano –una cacería de brujas nacional de electores instigada por Trump– su modus operandi fue inicialmente silencio, y ahora obediencia parcial.

La mayoría de los otros estados, en una alianza inusualmente bipartidista, se negaron de inmediato a entregar a la Comisión Presidencial Asesora sobre Integridad Electoral, creada por Trump, la información electoral que el panel solicitó, como los números del Seguro Social y la licencia de conducción, que hubiera sido un tesoro para los ladrones de identidad.

Las autoridades floridanas dicen que no enviarán esos números a la comisión, pero sí información que está en los registros público. Esa respuesta tibia es típica de un estado donde los temas de libertades civiles han perdido presencia durante los últimos siete años del gobierno del gobernador Rick Scott y la Legislatura dominada por los republicanos.

Pero los esfuerzos de supresión electoral del presidente suenan conocidos.

Trump creó el panel en mayo tras afirmar repetidas veces, sin ofrecer prueba alguna, que el fraude electoral le costó el voto popular contra la demócrata Hillary Clinton. El hecho que varios estudios y autoridades electorales de todo el país no han encontrado prueba de fraude electoral amplio no han impedido a Trump azuzar las dudas sobre una premisa falsa, y entonces entrar en acción.

De manera similar, la falta de pruebas no evitó que Scott intentara en el 2012 eliminar a una gran cantidad de electores de los padrones electorales cerca de las elecciones presidenciales y también antes de su campaña por la reelección en el 2014. Al igual que Trump, quien ganó la Florida por un margen estrecho, Scott no salió de la elección con un mandato. Scott derrotó al demócrata Charlie Crist por solamente 64,145 votos, un margen de 1.07 por ciento.

Para personas como Trump, Scott y sus partidarios es difícil aceptar que no todos los estadounidenses son tan xenófobos, paranoides e insensibles con los pobres, ni tan desaventajados como ellos, de manera que piensan que el resto de los electores inscritos en los padrones electorales deben ser fraudulentos en vez de demócratas.

La meta en esta nueva inquisición, como en la purga electoral de Scott, no es preservar la integridad de las elecciones en Estados Unidos, sino instigar temor y alejar de las urnas a los negros, a los hispanos y a otras minorías de por lo general votan por los demócratas. Si el interés fuera la integridad electoral, no tratarían de alejarse de la interferencia rusa a favor de Trump en las elecciones del 2016, y la posible colusión de su campaña con una potencia extranjera. Pero Trump y su gobierno están haciendo exactamente eso en cada oportunidad.

La investigación electoral es una de esas cosas, y debe enfurecer por igual a todos, sin importar la afiliación partidista. La comisión está compilando una base de datos nacional de nombres de lectores inscritos, con la dirección, los últimos cuatro números del Seguro Social –que muchos usan para confirmar su identidad en transacciones sensibles– historial electoral, antecedentes penales y quién sabe qué más.

Autoridades de 44 estados han dicho exactamente lo que es la comisión de Trump: una extralimitación federal. Brian E. Frosh, procurador general de Maryland, calificó la solicitud de “repugnante”. James C. Condos, secretario de Estado de Vermont, dijo que era “un despilfarro de dinero del contribuyente”. Liberales, afirman los partidarios de Trump.

Pero Delbert Hosemann, secretario de Estado de Mississippi, quien es republicano, tuvo la respuesta más colorida.

“Pueden lanzarse al Golfo de México, y Missisippi es un lugar excelente para saltar al agua”, dijo.

Pero en la Florida de Rick Scott no hay tanto valor.

Solamente los demócratas y ciertos republicanos opuestos a Trump han defendido los derechos de los electores.

Gwen Graham, legisladora y candidata demócrata a la gobernatura de la Florida, acusó en una carta a Scott que la comisión fue “creada para alimentar el ego del presidente Trump, y recordó a Scott sus propios esfuerzos fallidos en tratar de encontrar electores fantasma.

“Como ya sabe su gobierno después de su costoso y partidista intento de eliminar electores de los padrones electorales en nuestro estado, no hay pruebas de un fraude electoral significativo en la Florida”, escribió Graham. “Con estos hechos en mente, sería irresponsable enviar información sensible de los electores floridanos a la falsa comisión del presidente Trump”.

Pero esperar que Scott y su gobierno tomaran una postura digna ante la iniciativa de Trump era esperar demasiado. Por la supresión del voto es también la historia de ellos.

Trump es el presidente perfecto para el Partido Republicano de la Florida, y Scott es uno de sus aliados incondicionales.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de julio de 2017, 7:20 p. m. with the headline "El liderazgo republicano de la Florida y Trump: almas gemelas."

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