Fabiola Santiago

Hay que permitir que los bahameños tengan refugio en Florida

Mark Winder (centro), de Tampa, abraza a su sobrina Gabriella Winder, de 10 años, y a su madre, Marcia Winder, ambas de Freeport, las Bahamas, cuando llegan al puerto de Palm Beach, Florida, el sábado 7 de septiembre de 2019.
Mark Winder (centro), de Tampa, abraza a su sobrina Gabriella Winder, de 10 años, y a su madre, Marcia Winder, ambas de Freeport, las Bahamas, cuando llegan al puerto de Palm Beach, Florida, el sábado 7 de septiembre de 2019. AP

Que nuestra bondad no se agote en donaciones y entrega de provisiones de ayuda a las Bahamas.

De la misma manera que después del catastrófico huracán Andrew en 1992, quienes vivían en el sur de Miami-Dade se mudaron a lugares del norte para buscar refugio hasta que pudieran reconstruir sus hogares, los bahameños deberían poder encontrar refugio en la Florida.

Tienen familia e historia aquí.

Son vecinos.

Deberían ser bienvenidos con los brazos abiertos.

Permitir que los bahameños viajen fácilmente para quedarse con familiares en Estados Unidos es un alivio de sentido común para los miles que se quedaron sin hogar tras el paso de Dorian, el huracán de categoría 5. Los vientos y ráfagas de 185 hasta 220 millas por hora diezmaron las islas Abacos y Gran Bahama.

El gobierno de las Bahamas aún no lo ha pedido, pero el presidente Donald Trump y su administración deberían facilitar que la opción de reubicar temporalmente a las personas aquí fuera oficial lo antes posible.

Y no hay funcionario electo más adecuado para presionar al presidente sobre este tema que su aliado inquebrantable, el gobernador de la Florida, Ron DeSantis.

El gobernador debería estimular una política de brazos abiertos —no evadir el tema de los viajes de los bahamenses a la Florida, como lo hizo durante la sesión informativa del jueves en el Centro de Operaciones de Emergencia del estado en Tallahassee.

“Cuando se trata de ciudadanos extranjeros, eso debe hacerse de acuerdo con lo que sea la política federal y veremos cómo se resuelve”, dijo DeSantis. “Esas no son decisiones mías”.

Pero examinemos su historial.

No es el papel de DeSantis tampoco intervenir en la política estadounidense con respecto a Cuba y Venezuela —y lo hace todo el tiempo, ya sea reuniéndose con la oposición en la mansión oficial del gobernador u opinando sobre la intervención militar. En efecto, DeSantis usó la política exterior como un importante y muy efectivo apoyo de campaña.

Tampoco es su papel convertir a las agencias locales y estatales en sustitutos de la ICE federal y la Patrulla Fronteriza, pero DeSantis lo hizo con la legislación antisantuario la cual promovió como promesa de campaña y la que la Legislatura aprobó durante su primera sesión como gobernador.

No es coherente —y ahora es demasiado conveniente— que DeSantis, con su la línea dura en contra de la inmigración, denomine a los bahameños como “ciudadanos extranjeros” y los diferencie de los puertorriqueños que son ciudadanos estadounidenses.

Los vecinos son vecinos.

Los floridanos se apresuran a ayudar a las Bahamas, una antigua colonia británica, con la misma urgencia y el mismo compromiso con el que apoyamos a Puerto Rico y Haití.

Como se quiera llamar la dispensación que les permite refugiarse con la familia aquí hasta que se recuperen y reconstruyan sus hogares —exención de visa, libertad condicional humanitaria o TPS— es irrelevante.

No se trata de inmigración. Se trata de asistencia en tiempos de desastre.

Además, viajar de las Bahamas a Estados Unidos por negocios, visitas familiares y turismo ya es bastante fácil.

Según un acuerdo bilateral, en ciertas circunstancias, muchos bahameños y ciudadanos del territorio británico de ultramar de las Islas Turcas y Caicos no requieren visa para viajar a Estados Unidos, según las directrices del Departamento de Seguridad Nacional.

Todo lo que necesitan es un pasaporte bahameño, prueba de una estación de policía de que no tienen antecedentes penales, y autorización previa de aduanas e inmigración de Estados Unidos en las estaciones de Nassau o Freeport. Sin embargo, el tiempo de estadía se define como “de corta duración”, lo que representaría un problema para quienes esperan la reconstrucción.

Los bahameños son pioneros en la Florida.

Se establecieron en Cayo Hueso, Miami y el área de Fort Lauderdale en el siglo XIX, y ayudaron a construir el ferrocarril y los puentes que trajeron a otros al sur de Florida. La ascendencia de muchas personas aquí se remonta a las Bahamas, un país independiente dentro de la Commonwealth británica desde 1973.

Los bahameños aman su archipiélago y se ganan la vida en gran medida mediante el turismo en uno de los paisajes más bellos del mundo. Que su gobierno prefiera que todos se quedasen a trabajar en la reconstrucción es una loable aspiración, pero es ingenua frente a la realidad.

El representante de la Florida, Shevrin Jones, un estadounidense bahameño con familia en las Bahamas, que representa a West Park, el área de Broward donde se establecieron los bahameños originalmente, solicitó a la administración Trump que no aplicara los requisitos de visa para los afectados por el huracán Dorian.

Y los senadores estadounidenses de la Florida, Marco Rubio y Rick Scott, han dirigido una carta al presidente Donald Trump pidiéndole a la administración lo mismo para los ciudadanos de las Bahamas con parientes cercanos en Estados Unidos, desplazados por el huracán Dorian.

“... Quizás uno de los pasos más elementales pero significativos que nuestro gobierno puede tomar de inmediato es garantizar que aquellos que lo han perdido todo, incluidos miembros de su familia en algunos casos, tengan la oportunidad de refugiarse y reunificarse con la familia en Estados Unidos”, dice la carta.

El gobernador DeSantis debería dejar a un lado su política y unirse a Jones, Rubio y Scott en su solicitud al presidente.

Dar refugio a los vecinos que sufren pérdidas catastróficas es otra forma de ayudar a las Bahamas a recuperarse.

Y la Florida es la más adecuada para el papel de refugio vecindario.

Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

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