El COVID arrasa en la Florida, pero ni el gobernador ni la gente se lo toma en serio | Opinión
Esta es la historia de otra tragedia anunciada del coronavirus.
A finales de octubre, durante un viaje por carretera al norte de la Florida, comencé a usar doble máscara.
Los antimáscaras, quienes se las cuelgan —y los genios que las usan debajo de la nariz y debajo de la barbilla— dominaban la escena en todas partes, excepto en hospitales y consultorios médicos. Desde las plazas de servicio en la autopista Turnpike y las paradas de descanso en la autopista I-95 hasta los pasillos de las tiendas y los interiores de cafés, la gente ignoraba los letreros que decían que se requerían máscaras.
Sentí que tenía que compensar tal estupidez con precauciones de seguridad adicionales. No hace falta decir que yo era la única persona que usaba guantes para bombear gasolina, a pesar de que muchas estaciones de servicio Shell tenían cajas disponibles a la vista. Nadie se mantenía a distancia tampoco.
Las escenas me recordaron las ciudades del Tercer Mundo que he visitado donde las señales de “Pare” son opcionales.
“Es culpa del gobernador”, me dijo una cajera de un supermercado Publix de Jacksonville cuando me quejé de que tanto empleados como no cumplían con las reglas sobre las máscaras. “No hay nada que realmente podamos hacer al respecto”.
Sí, como se predijo, después de que en septiembre el imprudente gobernador Ron DeSantis relajó las restricciones a las reuniones públicas para que pareciera apropiado organizar todos esos mítines de campaña Trump-Pence, y prohibió que los gobiernos locales penalizaran a las personas que se negaban a usar máscaras, los floridanos tomaron esas decisiones desacertadas como el permiso de bajar la guardia.
Los encargados de hacer cumplir la ley o bien se sienten impotentes para intervenir en violaciones o estaban muy complacidos de tener una excusa para no desempeñar el papel de ejecutores.
Tres semanas más tarde, a medida que se acerca la festividad del Día de Acción de Gracias, el número de casos de COVID-19 en toda la Florida se ha disparando, las hospitalizaciones aumentan y nuevamente la gente muere a tasas más altas.
La tendencia alcista se ha mantenido durante un mes.
La semana pasada la tasa de personas que dieron positivo por el coronavirus alcanzó el 10.4% en Miami-Dade. Los hospitales también informaron que la mitad de los pacientes que acudieron por accidentes automovilísticos o enfermedades dieron positivo por COVID-19, evidencia de transmisión generalizada entre la población.
ALCALDES BUSCAN CONTROL LOCAL
Al igual que la cajera de Publix, los alcaldes de la Florida saben quién tiene la culpa, quién preparó el escenario para que esto sucediera: DeSantis, que está promoviendo y apoyando la teoría arriesgada de “inmunidad colectiva” que los expertos han advertido que costará miles de vidas.
“Total y completa basura”, la Dra. Aileen Marty, epidemióloga y experta en enfermedades infecciosas de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), ha calificado la estrategia de permitir que el virus se propague libremente en el estado hasta que la mayoría de la población se infecte o se vacune. “No es científico, es súper peligroso, y ningún científico o médico respetable ni siquiera la consideraría”.
Cinco alcaldes que atienden a la ciencia en los condados Miami-Dade y Broward, más el alcalde de San Petersburgo, han pedido a DeSantis que imponga un mandato de uso de la máscara en todo el estado. Y lo más importante, que restablezca el control local sobre las restricciones de COVID-19, que mejore el rastreo de contactos y que aumente las pruebas financiadas por el estado.
“Obreros, ciudad trabajadora, números enormes, —y pasamos por un infierno en la primera fase”, dijo Carlos Hernández, republicano como el gobernador y el alcalde de Hialeah, una de las ciudades más afectadas del estado.
La forma como DeSantis ha manejado la pandemia “no tiene ningún sentido”, dijo.
“Siempre ha habido falta de comunicación entre el gobierno estatal y el local”, dijo Hernández.
Pero hay mucho más que un problema de comunicación que se soluciona fácilmente.
Uno de los elementos omnipresentes en la agenda del Partido Republicano de la Florida ha sido la práctica de presionar a las ciudades y condados para que sigan su estrategia sobre temas candentes como las leyes de armas, por ejemplo.
Están haciendo lo mismo con COVID, a pesar de que la trayectoria de la infección por coronavirus se ha desarrollado de manera diferente en áreas rurales y centros urbanos, cada cual, con su propio conjunto de retos, y una misma necesidad, un mandato de uso de máscara exigible para prevenir la transmisión.
Mi única pregunta es: ¿Por qué solo cinco alcaldes presionan al gobernador para que actúe de manera más responsable?
Lenny Curry, el alcalde de Jacksonville, que supuestamente estableció un mandato de uso de máscara para todos los mayores de 6 años hasta el 26 de noviembre, ha respondido a esa pregunta con franqueza.
“La gente debe tomar decisiones responsables ... No voy a actuar [como] un autoritario, ya sabes, diciéndole a la gente exactamente cómo deben vivir sus vidas”, dijo al canal News4Jax.
Eso es una tontería.
Los políticos de la Florida solo están escogiendo selectivamente cuáles libertades civiles quieren restringir. Curry está siendo un buen soldado, siguiendo la línea del partido.
Pero existe un alto precio por politizar el virus mortal, que no es como la gripe, y lo estamos pagando.
Si el aumento continúa al ritmo actual, la cantidad de infectados en la Florida durante la pandemia podría llegar a 1 millón para fin de año. Ya tenemos 944,745 personas infectadas en el estado, la mayoría por contacto con una persona infectada y no debido a viajes, y son 18,085 los muertos.
Una vez más, las personas en el sur de la Florida esperan durante horas en largas filas para hacerse la prueba del COVID. Una vez más, los trabajadores de la salud y los sistemas sanitarios están sobrecargados. Una vez más, algunos artículos están empezando a desaparecer de los estantes de las tiendas de comestibles o se venden en cantidades limitadas para evitar el acaparamiento.
“Está fallando horriblemente”, fue como calificó Dan Gelber, el alcalde de Miami Beach, el enfoque de la Florida para manejar la pandemia, y tiene razón.
DESANTIS EQUIVOCADO DESDE INICIO
Esta tercera oleada es una repetición de los fallos iniciales.
Desde el comienzo de la pandemia de coronavirus en la Florida, DeSantis tomó decisiones terribles impulsadas por la ignorancia, las ofertas de relaciones públicas (recuerde el espectáculo de batas de laboratorio) y jugadas puramente políticas.
Pero Curry tiene razón en una cosa.
Esta trágica tercera ronda también es culpa de la gente.
Deberían estar más enterados, pero actúan como seguidores de culto de un líder que rechaza las máscaras y los expertos confiables.
Sin embargo, esto no exime de culpa a DeSantis.
La responsabilidad de liderazgo frente a la pandemia, de poner como ejemplo un comportamiento seguro y decirles a las personas que deben usar una máscara por la misma razón por la que usan cinturones de seguridad, para salvar vidas, es prioritario.
El gobernador DeSantis manejó mal el COVID, —y volvemos a la transmisión generalizada en la Florida.
Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.