Los cubanoamericanos republicanos de Miami deben afrontar el tema del racismo | Opinión
Si pensara que la estrechez mental con la que el vicealcalde de Coral Gables, Vince Lago, el ex presidente de la Cámara de Representantes de Florida, José Oliva, y el ex comisionado de Miami-Dade, Bruno Barreiro, hablan del tema racial y el racismo es una excepción, no estaría escribiendo esta columna.
Si pensara que los 150 padres que, junto con estos líderes destacados, firmaron una carta amonestando a Carrollton School of the Sacred Heart por abordar los problemas raciales en el contexto de un ajuste de cuentas nacional necesario, fueran una minoría insignificante, no estaría escribiendo esta columna.
Pero, desafortunadamente, están diciendo en público lo que muchos cubanoamericanos republicanos, y también latinoamericanos dicen en privado, en las redes sociales, en la aplicación Nextdoor y lo que me dicen a mí por correspondencia y personalmente.
Los autores de la carta utilizan la afiliación religiosa para justificar el prejuicio cuando nada podría estar más alejado de los principios del cristianismo, y específicamente del catolicismo.
Usan el ser conservadores como excusa para negarse a considerar siquiera que hay algo podrido en un país que continúa permitiendo que sus oficiales de policía maten a hombres, mujeres y adolescentes negros desarmados, y usen la fuerza excesiva de manera desmedida en su contra.
No se trata simplemente de una política “conservadora” para arremeter contra la escuela católica a la que envían a sus hijas por ser inclusiva y usar términos como “racismo sistémico” y “justicia social” bajo el manto de presentar estas palabras como “marxismo”.
Esto es racismo.
Y me avergüenzo de mi gente.
De algunas personas, debo aclarar, porque también es importante señalar que muchos de nosotros, cubanoamericanos y latinoamericanos, estamos asqueados por una carta que, si bien pretende defender los principios católicos, claramente intenta ejercer su influencia para acabar con los esfuerzos de una escuela por volverse más diversa e inclusiva.
“Me pareció una carta cargada de odio”, me dijo Gloria Artecona Peláez, ex alumna de la ahora desaparecida escuela Sacred Heart en Puerto Rico y ex decana del School of Education de la Universidad de St. Thomas.
Está afligida al encontrar los nombres de amigos y conocidos como signatarios de una carta enviada un mes antes de las elecciones presidenciales de noviembre, pero no está sorprendida.
“Pusieron la plataforma política republicana por escrito, [aquella de] la gente del Tea Party, la gente odiosa y quienes ven el comunismo en cada rincón”, dijo.
Para los firmantes de la carta, palabras que el propio Papa Francisco ha evocado son “temas ateos repetidos de división y desesperanza” e “ideología subversiva”.
Anotan su afirmación al final de la carta así: “Términos como racismo sistémico, comunidades marginadas, justicia sistémica y desigualdad, equidad racial, sesgo implícito, micro-agresiones, emanan de la teoría crítica del tema racial, una de las muchas ramificaciones de la teoría crítica, desarrollada en la famosa Escuela de Frankfurt en Alemania en la década de 1920. Como referencia, la Escuela de Frankfurt se fundó con el objetivo de desarrollar estudios marxistas en Alemania”.
Disparates.
Lo que estos padres quieren es que una escuela fundada sobre los principios de educar a mujeres fuertes y autosuficientes, con rigor intelectual y mediante la fe, renuncie al elemento de conciencia social y acepte la política separatista de ellos.
Quieren que sus hijos e hijas sean educados en la burbuja blanca de Coral Gables / Miami Lakes [ingrese aquí su enclave cubano blanco favorito]. No quieren que la escuela inculque en sus hijas un sentido de conciencia social cuando la amplitud mental se contrapone a su credo trumpista.
Los estudiantes minoritarios becados de la escuela han sentido el rechazo y expusieron sus experiencias en las redes sociales, lo que ha llevó a la escuela a estudiar la situación. Emitieron una nueva declaración de misión incorporando “justicia social, inclusión y diversidad” en su sección de Metas y Criterios, lo que hizo que los padres se agitaran.
Visten sus quejas en contexto de otros agravios, pero el racismo y la política del Tea Party se manifiestan clara y elocuentemente en su carta, firmada en su mayoría por personas con apellidos españoles.
Una vez más, sé que recibiré correos que me cuestionan por qué estoy “metiéndome con los cubanos” o por qué soy “anticubana”, lo cual es una tontería. Escribir esto me duele hasta la médula. Soy orgullosamente cubanoamericana.
Pero el deterioro de esta comunidad después de que Donald Trump sacó la intolerancia del closet y la hizo parecer normal, nos ha hecho retroceder décadas.
Miami, y especialmente la Miami cubanoamericana, era una ciudad orgullosa de estar a la vanguardia de los cambios demográficos en Estados Unidos. Nos encantaban los apodos, “Puerta de las Américas” y “Babel en Biscayne”, y la forma como pasamos de la agitación cultural y política a ser un destino mundial de primera categoría.
Las drogas y el dinero ilícito fueron los pecados. Los políticos chiflados eran casi un derecho de nacimiento.
“Ciudad del futuro”, nos llamó el escritor T.D. Allman.
Ahora se siente como si otro virus altamente contagioso, el virus del odio, estuviera circulando en una comunidad que se suponía que había crecido, no retrocedido citando, como hacen los escritores de cartas, el Catecismo de 1935, que ha sido revisado muchas veces, para protegerse de las inclinaciones racistas.
Afortunadamente, el liderazgo, la junta directiva y la administración de Carrollton han hecho lo correcto y defienden la nueva declaración de misión de la escuela y el compromiso de reclutar un cuerpo estudiantil más diverso.
Felicitaciones por reconocer la intención tras las argucias políticas de gente como el dogmático Oliva un mes antes de las elecciones de noviembre pasado, cuando se envió la carta.
Pero más allá de Carrollton, el problema más importante sigue siendo el tema racial y la falta de comprensión de las personas influyentes en Miami-Dade, en particular los cubanoamericanos que legislan en Tallahassee, Washington D.C., y los municipios y los condados, con respecto a este momento decisivo en la historia.
Vimos los comentarios desdeñosos e intolerantes de funcionarios elegidos durante las protestas, en gran parte pacíficas, del movimiento Black Lives Matter. Y escuchamos los comentarios racistas velados y evidentes todos los días en las interacciones humanas, a veces, las más mundanas.
La carta a Carrollton —teatro político racista orquestado— es solo la más reciente de muchas ofensas.
Esta comunidad necesita hacer un profundo examen de conciencia, hablar sobre el tema racial y enfrentarse a la oscuridad interior.
Su nombre es racismo, y Jesús lo rechazó.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de abril de 2021, 3:54 p. m..