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Fabiola Santiago

Coral Gables debe permitir que Harriet Tubman sea el nuevo nombre de Dixie Highway | Opinión

Un museo en Macon, Georgia, muestra una estatua de Harriet Tubman, heroína de la Guerra Civil .
Un museo en Macon, Georgia, muestra una estatua de Harriet Tubman, heroína de la Guerra Civil . KLEMOINE@MACON.COM

Hay muchas buenas razones para cambiar el nombre del tramo de Dixie Highway del condado Miami-Dade —nombre ofensivo que se remonta a los días de la Confederación racista— para honrar a la abolicionista Harriet Tubman.

Una figura icónica en la historia de Estados Unidos, Tubman escapó de la esclavitud y luego ayudó a otros a obtener su libertad también, convirtiéndose en la “conductora” de una red clandestina para ayudar a esclavos conocida como “ferrocarril subterráneo”. Cualquiera que haya estado despierto durante la clase de educación cívica lo sabe.

Pero ella fue mucho más.

Como miembro del Ejército de la Unión, Tubman se desempeñó como “exploradora, espía, guerrillera y enfermera” durante la Guerra Civil y es considerada la “primera mujer afroamericana en prestar servicio en el ejército”, dice el Museo Nacional de Historia de la Mujer.

Cada municipio por el que pasa la carretera estatal y federal ve el valor del cambio de nombre, excepto uno: Coral Gables, cuyo nuevo alcalde, Vince Lago, votó en contra de la designación de Tubman en enero como comisionado.

“Jugar a la política”, llamó Lago a la propuesta largamente esperada de retirar el nombre de Dixie Highway.

Las raíces de las Bahamas en Gables

Pero su oposición es un pretexto para no darle a una histórica mujer negra lo que le corresponde en una ciudad que puede ser un 79% blanca, pero que fue construida gracias al arduo trabajo de los trabajadores negros de las Bahamas. Toda esa hermosa roca de coral se debe a su habilidad para la albañilería.

La oposición de Lago y la de otros comisionados de Coral Gables a honrar a Tubman es una excusa para continuar encubriendo y tapando la fea historia del racismo en la Florida.

Esto se hace bastante claro cuando Lago advierte que le preocupa que el fundador de Coral Gables, George Merrick, quien abogó por sacar a los residentes negros de Miami en la década de 1930, pueda ser otro objetivo del movimiento nacional para eliminar los símbolos racistas.

Quiere que la estatua de Merrick, instalada en 2006 por el Garden Club de la ciudad, permanezca donde está, frente al Ayuntamiento.

Pero, ¿no debería preocupar a Lago más enterrar la historia de discriminación contra los negros en nuestra comunidad que una estatua cuyo lugar apropiado es un museo educativo?

Mantener dos errores en su lugar para evitar lidiar con uno de ellos no lleva a nadie a ninguna parte. Pero lo cierto es que dice mucho sobre quienes mantienen secuestrado el cambio de nombre de una vía arterial prominente, aprobado unánimemente por la Comisión de Miami-Dade y respaldado por todos los demás municipios.

Una bolsa de plástico cubre lo que parece ser el letrero de Tubman Highway (autopista Tubman), en la intersección entre U.S. 1 y I-95 en Miami.
Una bolsa de plástico cubre lo que parece ser el letrero de Tubman Highway (autopista Tubman), en la intersección entre U.S. 1 y I-95 en Miami. Douglas Hanks

Nuevamente, lo que se teme son las revelaciones.

Agenda racista

El cambio de nombre es lo correcto, pero es el segundo tema reciente que arroja luz sobre la falta de comprensión en sectores de la comunidad cubanoamericana en lo que respecta a los problemas raciales modernos que están dando forma a unos Estados Unidos de América más dignos.

Lago y su esposa, junto con otros 150 padres de familia, firmaron una carta criticando las enseñanzas contra el racismo y una declaración de misión adoptada que incorpora la inclusión como valor en la Catholic Carrollton School of the Sacred Heart.

El problema de Tubman Highway solo agrava lo que es, en el mejor de los casos, ignorancia y, en el peor, puro racismo. De cualquier manera, algunos funcionarios elegidos en Miami-Dade no comprenden que hay una nueva generación que exige que Estados Unidos finalmente cumpla con sus principios fundamentales de igualdad y justicia para todos.

El hecho de que vivamos en un estado regido por un gobernador, Ron DeSantis, que impulsa y prioriza la eufemística legislación antiprotestas es solo, con suerte, una condición temporal.

Sin embargo, los republicanos cubanoamericanos en puestos electos apuestan sus carreras —y su reputación— a apoyar e incitar la agenda racista de DeSantis al estilo de Trump.

“Increpar a los republicanos cubanos elegidos de la Florida ha revelado el enconado debate sobre si los legisladores cubanos ‘privilegiados’ están actuando según su cultura y educación, o si están emulando a sus mentores y modelos no hispanos que los han convencido de que la falta de sensibilidad y la indiferencia a la raza es el camino hacia la aceptación al círculo de ‘líderes’ neo-confederados en nuestro estado”, me escribió el ex abogado de la ciudad de Miami y profesor de derecho George Knox.

Agregó: “Los funcionarios electos cubanos que se inclinan hacia la derecha extrema parecen renunciar a ser agradables solo para tener acceso a los plutócratas que los alimentan con gachas y lo llaman helado. Una respuesta a si los líderes de pensamiento republicanos cubanoamericanos que apoyan la supresión de votantes no tienen ni idea o si son racistas puede ser que son asimilacionistas serviles que no se dan cuenta de que los están utilizando”.

Que las palabras de Knox iluminen lo que las mías no han logrado.

El rechazo de Coral Gables le ha dado a la Legislatura de la Florida, predominantemente republicana, la excusa que el cuerpo legislativo necesitaba para detener y eliminar la SB 1216, el proyecto de ley que designa 42 millas de la autopista U.S. 1 como Harriet Tubman.

Otra mancha en Tallahassee es habitual.

Otra mancha racial en el diverso y multicultural Miami-Dade es inaceptable.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de abril de 2021, 11:20 a. m..

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Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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