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Fabiola Santiago

Los manifestantes afrocubanos merecen el apoyo de la comunidad negra de EEUU | Opinión

Rapper Maykel “Osorbo” Castillo raises his arm, showing a pair of handcuffs around one wrist, after authorities tried to arrest him on April 4, 2020, in Havana, Cuba.
Rapper Maykel “Osorbo” Castillo raises his arm, showing a pair of handcuffs around one wrist, after authorities tried to arrest him on April 4, 2020, in Havana, Cuba.

A 90 millas de las costas estadounidenses, otro poderoso ajuste de cuentas se ha estado desarrollando en uno de los vecindarios más pobres y predominantemente negro de Cuba.

Aunque este movimiento también pide justicia e inclusión social y racial, el levantamiento sin precedentes de personas de color en la isla caribeña no ha recibido la atención que merece de los estadounidenses y, en particular, de los activistas y simpatizantes de Black Lives Matter.

¿Dónde están los Beyonce y Jay-Z que se paseaban por La Habana? Y, de hecho, ¿dónde está el presidente Barack Obama, quien animó a los cubanos a buscar el cambio y abrirse al mundo?

Sus voces son necesarias en esta coyuntura histórica en Cuba: el comienzo de una era post-castrista.

A los afrocubanos del barrio de San Isidro en La Habana, que arriesgan sus vidas para enfrentar abiertamente al gobierno cubano, les vendría bien un apoyo generalizado en este momento. Son el punto álgido de una implacable y valiente resistencia contra la represión, el sufrimiento y carencias económicas que a menudo se manifiestan a lo largo de líneas raciales.

Con la jubilación de Raúl Castro como jefe del Partido Comunista este fin de semana, no habrá un Castro liderando el país por primera vez desde 1959, aunque familiares de los Castro todavía ocupan cargos en el gobierno. Pero, sin reformas reales que establezcan derechos humanos básicos y oportunidades económicas abiertas para todos, el cambio en la cúpula significa poco para los cubanos, que una vez más huyen por mar hacia el sur de la Florida.

Después de que sucedió a Fidel, el segundo hermano de Castro se percibió como un reformista, pero falló en lograrlo miserablemente. En lugar de abrir el país a la modernidad, Raúl Castro instaló como presidente a otro detestado déspota, Miguel Díaz-Canel, quien fue designado el lunes a dirigir también el Partido Comunista.

Todos ellos hombres blancos que hicieron muchas promesas de justicia social, pero destruyeron a Cuba y dejaron que los ciudadanos negros llevaran la peor de las cargas, haciendo los mayores sacrificios por una revolución que sigue traicionándolos.

La represión perdura

Con o sin Castro al mando, la opresión castrista permanece arraigada en la sociedad, desde las prácticas policiales que envían arbitrariamente a ciudadanos a la cárcel, a menudo hombres y mujeres negros, hasta la reescritura de la Constitución de 2019 de Díaz-Canel que criminaliza la expresión artística independiente.

El movimiento de San Isidro comenzó orgánicamente como un grupo de jóvenes artistas opuestos a la medida de censura, la Ley 349, y ganó fuerza a medida que cada vez más artistas, escritores, músicos y periodistas independientes clamaban al diálogo sobre la libertad de expresión.

El gobierno se negó a escuchar y continuó con las detenciones, el hostigamiento y la vigilancia, pero los artistas no dejaron de presionar. Decenas de artistas, intelectuales y periodistas, entre ellos grandes nombres del arte y el cine, se presentaron el pasado 27 de noviembre frente al edificio del Ministerio de Cultura en La Habana, exigiendo que los escucharan.

Una banda sonora para el cambio

En las calles, los líderes del movimiento de San Isidro son en su mayoría artistas afrocubanos y su himno y grito de protesta, “Patria y Vida”, es una poderosa canción cubana de rap y reggaetón que le dice con valentía al régimen: “¡Basta ya!”

No más “la dignidad de un pueblo entero pisoteada”, dicen. No más paraíso en Varadero para los extranjeros mientras “madres lloran por sus hijos que se fueron”. “No nos tratemos y dañemos como animales”.

Los intérpretes de la canción son cuatro músicos negros desafiantes y visualmente deslumbrantes, uno de ellos sin camisa, con la consigna “Patria y Vida” pintada en sus tensos abdominales. Otro es miembro del grupo Gente de Zona, vetado alguna vez en Miami por ser percibido pro-Castro. En un momento, aparece un miembro con una sudadera con capucha, una prenda llena de significado de protesta racial.

Esta es la izquierda cubana que protesta contra la izquierda cubana al mando, y la nota más esperanzadora es que el himno unificador y su grito de libertad se han popularizado tanto en Miami como en La Habana.

“Se acabó el engaño”, cantan. Es hora de “empezar a crear lo que soñamos, lo que destruyeron con sus manos”.

El video tiene más de 4.7 millones de visitas en YouTube; sin embargo, no lo he visto en las transmisiones de Twitter de artistas estadounidenses que abogan con razón a favor de BLM.

Ver a la gente, blancos y negros, en una calle derrumbada de San Isidro cantando “Patria y Vida” — liderada por uno de los raperos, Maykel Osorbo, con un eslabón de esposas colgando, — verlos abucheando a Díaz-Canel, puede parecer normal para los estadounidenses acostumbrados a las protestas de Black Lives Matter.

Pero, en Cuba, puede ser suicidio.

“#PatriayVida es un movimiento mundial que nos pertenece a todos los cubanos que exigimos inmediatamente la libertad y l democracia en Cuba”, publicó Osborbo en Instagram. “El arte tiene más fuerza que una dictadura”.

Así parece en este momento.

El movimiento ha crecido fuera del humilde San Isidro e incorporó un arco iris de defensores que han escrito el “manifiesto 27N” sabiamente usando un lenguaje de izquierda los cubanos en la isla entiende para esbozar cómo debería ser una nueva Cuba.

Es hora de que la izquierda estadounidense acoja un nuevo día para Cuba.

Las vidas de los cubanos negros también importan.

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Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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