Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Fabiola Santiago

Después de la tragedia de Surfside, vivir frente al mar no será lo mismo | Opinión

Una pequeña parte de lo que significa vivir en el sur de la Florida también se ha perdido con el colapso y la demolición de Champlain Towers South en Surfside.

Posiblemente nunca volvamos a mirar un condominio frente a la playa de la misma manera inocente, con el corazón de un poeta que anhela el mar y la billetera de un profesional que necesita relajarse, sin hacer preguntas.

Ahora, no tenemos más que preguntas y reclamos.

Vivir en un condominio en Miami Beach

Durante semanas, he intentado comprender el horror de las familias que solían dormir felizmente arrulladas con el sonido de las olas del océano, y de pronto se hundieron junto con sus viviendas en un abismo de escombros y muerte.

Durante muchas noches, he querido poner fin a las pesadillas mirando hacia atrás, recordando lo bueno y lo malo de aquellos años cuando vivía con mi familia en un condominio frente al mar en Miami Beach.

Si existe el trastorno de estrés postraumático tardío por vivir en un edificio antiguo junto al mar, yo lo tengo.

Por un momento, estupefacta y sin suficiente información, en la mañana del 24 de junio, lo primero que pensé fue que el edificio de condominios derrumbado era “mi edificio”, como todavía llamo el paraíso frente al mar en Mid-Beach, donde pasé la mayor parte de los días más significativos de mi vida.

Había una razón detrás del “yoísmo” de mi reacción inicial.

Hace más de 30 años, compré un condominio frente al mar en un edificio similar a Champlain Towers South, que ahora es el sitio de uno de los peores desastres de la historia de la Florida y de Estados Unidos.

Construido en 1964, de 16 pisos de altura y más antiguo que Champlain, sus más de 300 apartamentos de alquiler se estaban convirtiendo en condominios. Cuando pasaba, vi el letrero que anunciaba la remodelación y la venta.

Entré, me enamoré y al instante me apropié de la idea romántica de pasar mis fines de semana con el cielo, la arena y el mar todos juntos en mis ventanas y mis tres niñas recibiendo una dosis semanal de las que habían sido mis queridas vacaciones de verano en Varadero durante mi niñez.

Pero el mío es un relato de advertencia.

Al principio, era el paraíso, pero mientras más tiempo pasaba allí, más insegura me sentía. En los días borrascosos, sentía que el edificio se mecía, pero me dijeron que era normal. En los días de marea alta, el agua del mar se aposentaba en el estacionamiento subterráneo, y todo esto sucedía a principios de los 90, cuando el cambio climático no era un tema cotidiano.

Sin embargo, cuando se hizo evidente que la modificación del condominio había sido primordialmente cosmética, remodelé el baño. Cuando mis carteras de cuero se pudrieron, probé remedios caseros en un tonto intento de superar la humedad. Y cuando me quedé sin leche y no pude salir de mi casa porque el tráfico de la feria de embarcaciones había convertido a Collins Avenue en un estacionamiento, dije, basta.

Pero no pude dejarlo hasta que, conversando con el jefe de mantenimiento del edificio, le dije que lo iba a alquilar para quedarme con él y algún día retirarme allí.

“¡Quítate ese pensamiento de la cabeza!” me dijo. “Este edificio no estará en pie para ese entonces”.

Y, desde el 24 de junio, no puedo quitarme de la cabeza sus fatídicas palabras.

Después de Surfside, especulación inmobiliaria

Nuestra comunidad afligida todavía espera noticias sobre el hallazgo de seres queridos, ya sin la esperanza de encontrarlos con vida.

Y los habitantes de condominios en la Florida — hasta la tragedia, un mercado de vendedores — están aprendiendo del horror vivido de Surfside. Algunos se preguntan si deberían vender y huir; otros, que están comprando, exigen ver los documentos de la asociación de condominios.

No puedo evitar constatar que la especulación inmobiliaria con respecto al trágico colapso de las Torres Champlain es predecible y vulgar.

Pero así se hace en Estados Unidos.

Aún no se habían encontrado, ni identificado y enterrado todos los cuerpos, cuando se calculaba la ansiedad y el posible daño económico a un mercado de bienes raíces que, antes del horror, era tan candente como la arena en el verano.

Pero debemos cambiar la forma de hacer las cosas; es la única forma de superar el dolor.

Exigir la responsabilidad de los funcionarios y departamentos de construcción de la ciudad que tienen que llevar a cabo múltiples auditorías e investigaciones, y no solo de los edificios, sino también de los empleados. Exigir que los legisladores protejan mejor a los consumidores y aborden todas las fallas del sistema de asociación de condominios que nos trajo el desastre de Champlain.

Y por favor, localizar y escuchar a los empleados de mantenimiento. Conocen estos edificios de arriba a abajo.

Si los políticos de la Florida toman las medidas apropiadas para garantizar la seguridad de los edificios, el mercado se recuperará.

No dejamos de volar porque algunos aviones se estrellan y, definitivamente no dejaremos de anhelar una vida con vista al mar porque un edificio antiguo se derrumbó, dejando 97 muertos hasta el momento de publicar este artículo, cifra que aumentará a medida que la recuperación y la limpieza se acercan al final. O, porque la aplicación laxa de los reglamentos ha permitido la negligencia del mantenimiento de otros edificios y también los están cerrando.

La humanidad tiene más fallas que los edificios.

La gente como yo sucumbirá al atractivo del mar, a la belleza de nuestra Miami Beach, al sueño de un lugar nuestro bajo el sol.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de julio de 2021, 0:28 p. m..

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA