Fabiola Santiago

Trump dice que los hispanos lo adoran, las encuestas lo desmienten

Donald Trump habla durante un acto de campaña en West Chester University en West Chester, Pennsylvania.
Donald Trump habla durante un acto de campaña en West Chester University en West Chester, Pennsylvania. Bloomberg

“Los hispanos me adoran”. — Donald Trump

Sí, eso es lo que piensa.

A pesar del alboroto sobre una cifra aterrorizante en Nevada –que Trump se llevó el 44 por ciento del voto hispano, según encuestas a boca de urna– la mayorías de las encuestas a hispanos a nivel nacional y estatal muestran que no soportan a El Donald. Sin embargo, en un acto de campaña en Pennsylvania, Trump insistía: “¡Ese fue el mayor voto jamás emitido a favor del Presidente Trump!”


Pero la realidad es otra: una encuesta nacional de la organización Latino Decisions entre electores hispanos inscritos concluyó que el 87 por ciento tiene una opinión desfavorable de Trump. Y en un muestreo del diario Washington Post y Univisión, ocho de cada 10 hispanos tenía una mala opinión de Trump. ¿Y así y todo Trump dice que no es él, sino la prensa la que es deshonesta?

En la Florida, un estado no definido en materia electoral, donde la dirección del Partido Republicano ha respaldado plenamente a Trump, el rechazo al magnate baja un poco, pero las cifras negativas son de todas formas elevadas y muestran que el atractivo que Trump piensa que inspira en el corazón del mayor grupo minoritario del país es una de las aseveraciones más delirantes del líder republicano. Y Trump tiene un historial impresionante en este sentido.


No importa lo que nos llamen, hispanos o latinos, o el lugar donde vivamos, sencillamente no es cierto que Trump nos caiga bien.

En la Florida, donde los cubanoamericanos son más conservadores que otros hispanos, 73 por ciento de los electores hispanos tiene una mala opinión del candidato republicano. Otro 11 por ciento indicó que tenía una opinión “algo desfavorable”.

¿Quiénes son los hispanos a los que Trump les cae bien?

Son una pequeña minoría de 9 por ciento a nivel nacional, y 16 por ciento en la Florida.


La mayoría piensa que Trump es un tipo tóxico y que lleva al Partido Republicano por el camino equivocado. ¿Por qué importa eso? Porque contra Hillary Clinton, Trump perdería el voto hispano en la Florida por un enorme y vergonzoso margen: 69 a 18 por ciento, según una encuesta de Latino Decisions a pedido del grupo America’s Voice, que defiende la reforma a las leyes de inmigración.

Tanto a corto como a largo plazo, el Partido Republicano pagará las consecuencias de la divisiva campaña de Trump, por acicatear a los que se oponen a los inmigrantes y enfrentarlos con los grupos de inmigrantes sin importarle el daño que inflige al país. Cuando un grupo es objeto de críticas, se retira y reúne fuerzas. Y eso es lo que está sucediendo con los hispanos, quienes se están inscribiendo para votar en grandes números, según activistas. Se están convirtiendo en un bloque electoral más poderoso, y en la Florida, que ha marcado una gran diferencia en elecciones anteriores, los hispanos ya tienen un enorme poder político y económico. Ellos cuentan y votan.

El problema del Partido Republicano con los hispanos es algo que viene desde antes de la candidatura de Trump, sobre todo en la Florida.


El Partido Republicano de la Florida y Donald están hechos uno para el otro.

La química de esa similitud la explica la xenofobia. Pero el temor a los inmigrantes no es el único elemento que los une. Trump tampoco puede dejar de decir cosas ofensivas sobre las mujeres. La legislatura de la Florida, dominada por los republicanos, tampoco puede dejar de legislar contra los derechos de las mujeres. Por ejemplo, en este período de sesiones aprobó las leyes antiaborto más fuertes que se hayan visto desde la histórica decisión jurídica del caso Roe vs. Wade. Y no hay ninguna decisión antiinmigrante en Texas o Louisiana que el gobernador Rick Scott y su procuradora general, Pam Bondi, no imiten o se sumen a ella. Eso incluye el caso de Texas contra las medidas ejecutivas del presidente Obama a nombre de los llamados dreamers y sus padres, que ahora está en manos de la Corte Suprema federal.

No hay mucho misterio en el apoyo de los líderes republicanos a Trump cuando se sabe que el vicepresidente de ese partido, Joe Gruters, es copresidente de la campaña de Trump en la Florida. El apoyo republicano a la campaña de Trump no puede ser más oficial que eso.


La retórica de Trump ha estado presente en la agenda del Partido Republicano de la Florida, sólo que Scott, Bondi y otros líderes republicanos no son tan bocones como Trump. Pero son igualmente letales para los inmigrantes y otros grupos de minorías.

Cuando Trump se refería a ese “mayor voto hispano” en Nevada, lo que no dijo fue que se trata de un pequeño grupo, 8 por ciento de los republicanos que votan en el caucus. La afirmación de Trump de que es el “No.1 entre los hispanos” se basa en 125 republicanos.

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