Fabiola Santiago

Clínicas de cirugía estética, una trampa de muerte

Heather Meadows, de 29 años, residente de West Virginia y madre de dos niños, que falleció la semana pasada tras una cirugía cosmética en una clínica de Hialeah.
Heather Meadows, de 29 años, residente de West Virginia y madre de dos niños, que falleció la semana pasada tras una cirugía cosmética en una clínica de Hialeah. Miami

Heather Meadows nunca sabrá lo que es ver crecer a su hijita de brazos y a su hijo de seis años. No llegará nunca a la mediana edad, no verá jugar a los hijos de sus hijos preguntándose cuán rápido pasó el tiempo.

En lugar de eso, la joven madre de 29 años se ha convertido en la cara más reciente de un tema que necesita medidas serias y enérgicas de parte de las autoridades: el creciente número de muertes en las poco confiables clínicas de cirugía estética del sur de la Florida

Hoy, Linda Pérez, de 21 años ha recuperado algunas facultades del trágico procedimiento de aumentos de senos del 2013. Ganó peso, puede decir algunas palabras y pararse sola por pocos segundos. Sin embargo, los médicos pronostican que no podrá rec

Meadows viajó de West Virginia a Hialeah para someterse a una operación conocida como el levantamiento de glúteos brasileño – en el cual se extrae grasa del torso y se inyecta en las nalgas – en Encore Plastic Surgery, una clínica de historial problemático. Ella murió el 12 de mayo luego que partículas de grasa acabaron ocluyendo las arterias del corazón y los pulmones y los paralizaron, de acuerdo con la oficina de medicina forense.


Su muerte, bajo investigación, saca a la luz una vez más el negocio, peligroso pero lucrativo, de la cirugía cosmética a precio de ganga en clínicas mal equipadas para enfrentar emergencias de vida o muerte y con médicos no exactamente estelares. La transferencia de grasa de un área del cuerpo a otra es un procedimiento tan terrible y violento que es difícil de observar hasta en video. A eso se añaden los riesgos que esas mujeres enfrentan cuando entran a lugares que ni siquiera deberían estar abiertos.


La pregunta es: ¿dónde están las autoridades? ¿Dónde está la supervisión estatal de lo que se describe como líneas de ensamblado de levantamiento de glúteos brasileño, cuyos médicos han sido acusados anteriormente de graves delitos relacionados con operaciones chapuceras y mala atención al paciente?

Aquellos que están a cargo de la seguridad pública parecen impotentes para cerrar esos establecimientos que continúan atrayendo a clientes como Meadows de todo Estados Unidos con infomerciales llenos de testimonios positivos.


Sus guiones de mala telenovela venden el embellecimiento físico de este modo: una latina joven está pensando en hacerse una operación para agrandar sus senos en un centro de cirugía estética, pero sus padres se oponen. Los padres salen en cámara y expresan convincentemente objeciones llenas de sentido común. La muchacha se resiste — oh, ¡ella está muy segura de sí misma! — y se hace la operación de todos modos. El padre, al verla salir sana y salva, la abraza con lágrimas en los ojos. La madre queda extasiada al ver el físico embellecido de su hija. La muchacha no puede expresar con palabras su final feliz.

Todo eso es mucho más cuento de hadas que Cenicienta, y, para algunos, termina en muerte o desfiguración.


El Departamento de Salud de la Florida ha acusado a los médicos que trabajan en Encore Plastic Surgery y otra clínica, Vanity Cosmetic Surgery y Spectrum Aesthetics en Miami, de negligencia médica y de dar empleo a profesionales sin licencia. Pero ellos siguen operando.

El día que Meadows murió la semana pasada, Encore siguió funcionando como de costumbre. Lo mismo fue el día siguiente, justo frente a las cámaras de televisión. Los clientes reportaron haber recibidos llamadas urgiéndolos a presentarse antes de tiempo para sus operaciones. Ni una palabra sobre la muerte.

La página de Facebook de Meadows, llena de fotos de sus niños pequeños, y de dulces palabras de ánimo a sus amigos, le rompe el corazón a uno.


En la tristeza de la muerte, queremos ser generosos, considerar las cosas con gentileza y justificar las malas decisiones. Pero la verdad desnuda es esta: dos niños han quedado sin madre, porque ella apostó por agrandarse el trasero en vez de pensar en el bienestar y el futuro de sus hijos, y perdió su apuesta en una clínica comercial.

Estoy siendo dura y crítica, es verdad. Pero, mientras escribo estas líneas, hay mujeres –¿por qué son siempre mujeres, me pregunto?– haciendo cola para hacerse arreglos cosméticos.


Los más ricos pueden permitirse los centros de mayor calidad, aunque ni siquiera esos pueden garantizar un procedimiento quirúrgico libre de riesgos, como lo ilustra el caso de la bien conocida personalidad radial Betty Pino, quien falleció a consecuencia de complicaciones de inyecciones de silicona en los glúteos.

La clase trabajadora, las personas con menos educación, y los ingenuos escogerán lo que les resulte más fácil de pagar. Y aquí, en el sur de la Florida, estamos ofreciéndoles las trampas mortales.

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