María Antonieta Collins

La triste historia de una mala decisión

De mujer a mujer

María Antonieta Collins

¿Es una buena decisión para un hombre de más de 60 enamorar a una mujer en sus 30?
¿Es una buena decisión para un hombre de más de 60 enamorar a una mujer en sus 30? the Miami Herald

Me canso de escuchar la misma historia: mujeres divorciadas y viudas de 50 años y más sin pareja, y lo peor, sin esperanza alguna de encontrarla porque los hombres para ellas andan tras muchachas de 30 años y un poco menos, pero no mayores de 45 porque después de esa edad, ¡para ellos ya son unas viejas!

Siempre he pensado lo mismo cuando los veo de 50 y pico alardeando de sus conquistas veinteañeras: ¿En qué piensan? Cuando lleguen a los 70 y más, serán parte de las tristes historias de hombres abandonados por mujeres en plena flor de la vida que no quieren a su lado a un viejo quejumbroso, a menos que la cuenta bancaria sea grande.

¿Por qué cuento esto? Porque esta semana fui yo la que supo de la tristísima historia de un ex pretendiente cuya mala decisión hoy debe pesarle mucho. Era un hombre muy atractivo de casi 60 años cuando lo conocí hace tiempo. Simpático, dicharachero, con un empleo donde atendía a clientas mujeres y donde sus conquistas se contaban por montones. A todas les contaba mentiras, una tras otra. Yo no escapé a eso. Para mí pudo ser el hombre ideal, pero yo para él no y no me apena confesarlo.

Vivía el presente, no ahorraba, se la pasaba en fiestas, o comprando ropa y costosos relojes y paseando con mujeres jóvenes para presumir. Esa era su vida y yo era demasiado mayor para él, a pesar de ¡que me llevaba –si mi cuenta no anda mal– como siete años! Si alguien caía en sus redes no le importaba nada. Si el compromiso era conmigo, me llamaba para cancelar la cita así fuera cinco minutos antes. Conclusión: que fue la última persona por la que recuerdo haber sufrido mal de amores.

Al igual que muchas otras, le retiraba el habla, para hablarle algún tiempo después. Un buen día, cansada de ese maleducado Don Juan y de lo que me dijo: “No me gusta pertenecer a nadie, ni que nadie me pertenezca”, decidí no saber de él nunca; y así fue, hasta el otro día, casi 10 años después.

Hablamos por teléfono y de aquel hombre prepotente y mujeriego todo lo que quedaba era un ser triste y mal afortunado. “Hace dos años me quedé sin trabajo porque por tres meses no pude rendir como antes. Las cosas cambiaron seriamente y la mala suerte me persigue. Estuve grave y caí en un hospital y, cuando me dieron de alta, resbalé y me partí la cadera e ingresé de nuevo”.

Como siempre fue un buen padre, sus hijos salieron al rescate y lo llevaron a vivir con ellos porque tuvo que vender su casa, esa donde todo parecía perfecto y que no quería compartir con nadie. ¿Qué pensé? ¿Acaso que el karma tarda pero llega? ¡No!

Me aterró la lección contra la soberbia que se recibe cuando pensamos que la juventud dura toda la vida sin pensar en la mejor opción para el futuro. Pensé en el dolor que sentí y en lo que fuera hoy su vida si hubiera tenido la cordura de olvidar su afición por las jóvenes. Conocer sus desgracias me hizo reflexionar sobre las malas decisiones que se toman cuando alguien cree Que tiene a Dios por las barbas.

¿Qué hubiera sucedido si hubiera pensado en su futuro? Hubiera tenido un hogar donde no lo querían por aquello de lo que hacía gala, y tendría una pareja para los momentos difíciles. Hoy, nuestras historias son diferentes. Estoy feliz y me siento en paz; y les cuento, por si es su caso, piénselo dos veces.

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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