María Antonieta Collins

Debemos ser socialmente aceptables

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Estaba en la fila para pagar en un almacén cuando de pronto comencé a ver un pleito entre clientes, era una batalla cruzada de insultos de las que uno se entera por las redes sociales.

Una persona estaba correctamente guardando la distancia social ordenada para bien de todos cuando de pronto, la pareja detrás de ella —que dicho sea de paso, traía en brazos a un bebito con poca ropita— comenzó a acercarse con su carrito.

La mujer volteó para hacerles ver con la mirada que estaban peligrosamente cerca. La pareja con aquel bebito a todas luces recién nacido, ignoró totalmente su mirada y siguió acercándose hasta que la mujer no pudo más.

“Señora, ustedes están muy de cerca y sin obedecer las indicaciones que tenemos señaladas aquí en el piso de permanecer alejados a seis pies”.

Aquella madre de no más de 18 años y el esposo comenzaron una retahíla de insultos.

“¿Quien se cree usted para venir a decirnos a nosotros lo que tenemos que hacer?…. ¡Como si nunca hubiéramos entrado a una tienda!”.

La altanera respuesta atrajo la atención de todos los que estábamos esperando, mientras aquellos padres jóvenes seguían increíblemente enojados con la mujer que decentemente les pedía se distanciaran de ella obedeciendo las reglas del lugar.

“Lo único que les he pedido es que no se me acerquen y que guarden el orden”.

En ese momento me di cuenta que la pareja traía sus mascarillas faciales sobre el cuello como si fueran un collar, ¡y tampoco estaban obedeciendo traerlas puestas mientras gritaban a pulmón en cuello!

Otro de los clientes que esperaban intervino en la plática.

“Por favor, por el bien de ustedes y de nosotros pónganse la máscara”.

Aquellos jóvenes entonces cambiaron el sujeto de sus ataques.

“Si queremos la usamos y si no, usted tampoco tiene derecho a ordenarnos nada”.

En ese momento la cola entera comenzó a dirigirse a la pareja.

“¿Qué no han leído cómo estamos de infectados en esta ciudad?”, dijo una clienta.

“Por personas como ustedes es que las cosas se están poniendo peor”, terció otra.

“¡Se ve que no les importa ni su bebito! Lo arriesgan a estar en esta cola sin protección y ustedes tampoco la usan”.

Aquello amenazaba en convertirse en un motín cuando alguien advirtió al empleado de seguridad de lo que sucedía y este vino a pedirle a la pareja que obedecieran instrucciones o que tendría que sacarlos de la tienda. El júbilo estalló entonces.

Es que vivimos nuevas reglas de comportamiento social que todos debemos obedecer:

1) ¿Toser en público? ¡Qué va! Si tiene tos súbita o se siente enfermo, lo primero es no salir a la calle.

2) Aceptar que nos tomen la temperatura es una regla de seguridad, no algo que viola nuestra privacidad.

3) No usar mascarilla facial es algo inaceptable.

4) Guardar la distancia en tiendas, almacenes y supermercados y guardar distancia es tener una indispensable y sana cortesía.

5) Informar a los colegas en el trabajo si tenemos un familiar con sospecha o confirmación del virus y si hemos estado en contacto con esa persona es ser responsable.

6) Los síntomas de catarro deben imponer una autocuarentena hasta que médicamente se aclare lo que tenemos o no. Los tiempos en que un catarro no era nada ya pasaron.

7) Lavarse las manos, no abrazar a nadie, ni saludarse de apretón de manos, mucho menos de beso es algo que no debe hacerse ni siquiera en los velorios.

Es clara la urgencia del cambio social: somos responsables no solo por nosotros sino también por los demás, y hasta este momento no hay ni vacuna, ni medicina que extermine el virus.

Para eso, para ayudar a que seamos socialmente aceptables y seguros solo quedamos nosotros.

Twitter e Instagram: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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