Cualquier vida cuenta si de salvarla se trata
La imagen fue tan impactante y ocurrió ante mis ojos, que me hizo pasar mal aquel día de hace pocas semanas.
Unos patos cruzaban la Bird Road cuando, a pesar de que los conductores se detuvieron para que cruzaran, un cafre que manejaba un pickup a exceso de velocidad arrolló al último, el pato más viejo de aquella parvada.
Desesperada traté de alertarlo desde el carril contrario pero, qué va, a la velocidad que iba no le importó la vida de aquellos desgraciados animalitos en su camino.
Bajé de mi auto llorando de la tristeza e impresión y recogí el cuerpo del viejo pato y lo puse en un prado en la acera antes de regresar corriendo a mi auto parqueado en medio de la calle.
Me pregunté si acaso la comisionada Rebeca Sosa de la zona de West Miami a la que pertenece la calle se haría eco con las autoridades de muchas partes de la ciudad para poner letreros que adviertan a los automovilistas del cruce de patos y disminuyan su carrera.
Ahora son indefensos animales, pero bien pudiera ser un niño.
A partir de entonces me he vuelto más vigilante y es por eso que me sucedió lo que aquí les cuento.
Era una tarde de la semana pasada cuando venía en el auto con mi amiga Niuvis Miralles cuando la vista me advirtió de una familia completa de patos que ya estaba cruzando la Bird Road, pensando que los conductores se detendrían al verlos.
Estaba aterrada por lo que imaginé sucedería.
Pero los patos tuvieron razón mientras seguían su camino. Todos nos detuvimos respetando su caminar cruzando.
Yo venía al frente de la fila central y me detuve haciendo que los conductores de los otros carriles hicieran lo mismo.
Rápidamente me bajé con mi celular en la mano para poder hacer señas al último carril que no se había percatado de lo que sucedía y donde un auto venía en mi dirección.
Los otros automovilistas me ayudaron sonando sus cláxones y el hombre paró.
De pronto me vi dirigiendo el tráfico en la congestionada vía por la tarde mientras los patos con su parsimonia cruzaban lentamente. Los pude contar.
Papá y Mamá patos y como siete pequeños patitos y un pato mayor al final cerrando la fila.
Todos estuvieron a salvo en la otra acera.
Una vez que pasaron los conductores me escoltaron hasta que regresé al carril de en medio a mi auto desde donde Niuvis me tomaba fotos.
“No pensé que lo harías, qué cómica”.
¿Cómica?, le respondí sorprendida. ¿Qué hubiera sucedido si no salgo en ayuda de unos indefensos patos a los que hubieran masacrado los autos?
“No, pensé en que es verdad y que hay que hacer las cosas en el momento oportuno, lo cierto es que no muchos toman esa decisión en cuestión de segundos”.
Es que los animales tampoco tienen voz y somos nosotros, los supuestamente racionales los que debemos también respetar sus vidas.
La ovación de los automovilistas al ver a los patos sanos y a salvo fue la gran recompensa.
Con los días sigo pensando en los comisionados de Miami-Dade tan en campaña, Steve Bovo, Daniella Levine Cava o la misma Rebeca Sosa, si alguien de ellos tuviera un tiempo para pensar en estos desprotegidos y por lo menos instalar los señalamientos que puedan salvarlos.
Pienso y escribo en voz alta porque la realidad es más cruda: estas vidas anónimas del reino animal pareciera que no les importa a muchos.
Al fin del día sigo pensando que siguen siendo más las almas buenas en este mundo. Por lo pronto si ve patos o un animal cruzando por la calle, ayúdelo por favor.
Twitter e Instagram: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.