Los Rays y la esperanza vencen hoy en La Habana, ojalá Cuba gane mañana
La historia se ha repetido hasta el cansancio y puede ser la de miles, muchos miles. Se trata del hijo que se tira de la lancha para rescatar a alguien, sin pensar en consecuencias, y luego con la complicidad de la luz de la luna se da cuenta que le ha salvado la vida a su propia madre.
El hijo es hoy una estrella de Grandes Ligas y lanza para los Marlins de Miami, por eso cuando José Fernández habla de que "ojalá esto sea el comienzo del cambio, ojalá'', se le nota en el rostro cierto rictus de desconfianza. "Lo importante es que la gente vea el cambio''.
Para Fernández y para muchos cubanos, "esto'' fue el partido de exhibición ganado 4-1 por los Rays de Tampa Bay a la selección nacional de Cuba este martes en La Habana con la presencia del presidente Barack Obama y delante de más de 50,000 -¿fanáticos?- personas.
Fernández tiene todo el derecho del mundo a sentarse entre la esperanza y el escepticismo. No por gusto intentó escapar cuatro veces de la isla por vía marítima y en una de ellas fue a dar en una cárcel, cuando apenas tenía 14 años de edad, algo tremendo para cualquier ser humano.
"Sí, tienen que cambiar muchas cosas'', sentenció Fernández desde el centro primaveral de los Marlins en Jupiter, poco antes de lanzar cinco entradas sin hits a los Medias Rojas de Boston, aunque su corazón tal vez estaba en el montículo del Estadio Latinoamericano.
Los gobiernos de Cuba y Estados Unidos lo saben, con el béisbol nos dan un golpe bajo y emocional a todos los que amamos este deporte, que nos hace olvidar, al menos por un rato, tantos dolores viejos y nuevos, que se niegan a desaparecer en medio de los impulsos de aceptar.
¿Pero será este un juego un punto trascendental? Solo el tiempo lo dirá. De esta visita el encuentro fue apenas el punto de descanso. Lo real, lo perdurable, se produjo horas antes en el Gran Teatro de La Habana, cuando Obama le pidió a Raúl no temerle a las voces discordantes, distintas, diversas.
Le pidió, además, que no temiera escuchar a su pueblo, ese mismo pueblo que aplaude a sus estrellas del béisbol en el Latinoamericano o en el parque de los Marlins, precisamente en La Pequeña Habana, la otra que a veces también es la misma.
El pueblo, y hay que decirlo, el gobierno a su manera, también quieren el pacto con Grandes Ligas, que se acaben las trabas y los peloteros puedan ir y venir, sin tener que escapar y caer en manos de criminales, sin tener que cargar el cartel de traidores.
"Suerte muchachos, hoy no estoy con ustedes y quizá nunca más, pero siempre los apoyaré donde quiera que este'', escribió Yulieski Gourriel, el mejor pelotero que habitaba en la isla antes de fugarse en febrero pasado durante la Serie del Caribe.
Mucho debe suceder, a ambos lados del estrecho, para que la historia de Gourriel no se repita. Obama trajo una bocanada de esperanza a Cuba. Ojalá no se haya marchado con él en el avión. Ojalá que se reparta y crezca por toda la isla.
Mucho debe cambiar, también, para que algún día José Fernández lance en La Habana.
"Son tantas cosas que puedo pasarme todo el día haciendo una lista'', recalcó el cubano. "Mi familia y yo pasamos por tantas cosas para llegar aquí, que mucho debe cambiar para poder hacer eso''.
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Esta historia fue publicada originalmente el 22 de marzo de 2016, 5:25 p. m. with the headline "Los Rays y la esperanza vencen hoy en La Habana, ojalá Cuba gane mañana."