El hotel Sheraton en La Habana, un negocio con los opresores
Sr. Presidente, ¿qué hay de malo con esto?
Starwood Hotels & Resorts Worldwide abre el primer hotel operado por una empresa estadounidense en Cuba en más de cinco décadas. Pero no es una compañía conjunta entre una firma norteamericana y un emprendedor cubano, el tipo que debía beneficiarse de la nueva y amistosa política de Estados Unidos hacia Cuba. El gigante hotelero estadounidense firmó un acuerdo con las fuerzas armadas cubanas, propietarias del hotel.
Four Points Sheraton Havana le presta servicios a usted, viajero norteamericano, de la mano de las mismas personas que reprimen a los cubanos.
Si la intención del acercamiento es crear oportunidades para los cubanos de pie, para que se ganen la vida independientemente de su sistema de gobierno unipartidista, este emprendimiento no pasa la prueba.
Así las cosas, sólo estamos pasando de que los hermanos Castro se enriquezcan mediante un gobierno totalitario, a que las represoras fuerzas armadas hagan exactamente lo mismo. Los militares y sus herederos ya tienen las mejores paladares en Cuba, como en la que comieron el presidente Obama y su familia. Con este nuevo acuerdo, también son los únicos socios de negocios de una importante empresa estadounidense de hotelería.
Lo que veo es que una compañía norteamericana trata de ganar dinero en contubernio con un régimen represivo. Es la misma ambición, ética cuestionable y doble rasero norteamericano de siempre. Y en materia de acercamiento, esto cae en el mismo terreno de los cruceros y la teoría imaginaria de que si suficientes estadounidenses desembarcan en lugares selectos y controlados de la isla y siguen una agenda muy estructurada, de alguna manera Cuba va cambiar mágicamente para mejor.
El Departamento del Tesoro explica que la aprobación del acuerdo de Starwood por parte del Tesoro es una necesidad. Los estadounidenses que viajan a Cuba se quejan de la mala calidad de los hoteles del gobierno. Para hacer que sigan llegando, supuestamente para intercambios con los cubanos de a pie, hay que darles por lo menos las habitaciones y servicios que esperan, como los de un Sheraton. Pero, un momento... ¿no era que iban a la Disneylandia comunista antes que Starbucks y McDonald’s la echaran a perder?
La política debe ser permitir que los viajeros estadounidenses se empapen de toda la realidad cubana, no protegerlos de ella.
Perdónenme por ser tan franca, pero a mí –a y otros cubanoamericanos que han apoyado la política de acercamiento de Obama con el objetivo de mejorar la vida del pueblo cubano– no nos interesan las comodidades de que disfruten los estadounidenses cuando viajan a Cuba. Si esa necesidad de comodidad significa seguir oprimiendo al mal pagado trabajador cubano, si la necesidad de comodidades de los estadounidenses significa mantener el represivo gobierno cubano como el único empleador en la isla, si los dólares de esos norteamericanos sólo prorrogan la supervivencia de la dictadura, entonces que duerman en la playa.
O mejor todavía, quédense en casa de un cubano.
Ya hemos escuchado suficientes historias de estadounidenses que han viajado a la isla y no han aprendido nada, sólo incorporado propaganda castrista a sus puntos de visa. Ya hemos enfrentando suficientes humillaciones, como la disposición de Carnival de hacer cumplir las represivas leyes del gobierno cubano y discriminar a una clase de estadounidenses para ser los primeros en conseguir ese contrato de los cruceros. Ya sabemos que el gobierno cubano vende visas y entonces cuando algún viajero que llega no les conviene, lo obligan a regresar desde el aeropuerto, sin devolverle el dinero.
No, nombrar a Shaquille O’Neal “embajador deportivo a Cuba” no ayuda a los cubanos de a pie a ganarse la vida fuera del gobierno y de su llamada economía centralizada.
Más circo de celebridades, nada de cambios.
El gobierno cubano sigue violando los mismos derechos humanos que cínicamente prometió respetar en presencia de líderes mundiales y foros como las Naciones Unidas.
A las Damas de Blanco las siguen reprimiendo violentamente los gorilas del régimen cubano, algunas veces a la vista de los turistas. Ya ni siquiera ocultan los abusos. El sábado pasado, las fuerzas represivas del régimen arrestaron a docenas de estas mujeres pacíficas para que no pudieran ir a misa, entraron a la fuerza a la sede de la organización y trataron de robarse pertenencias.
Sr. Presidente, ¿qué hay de malo en eso?
Mucho. Hasta el momento, las únicas entidades que se han beneficiado del acercamiento estadounidense son el gobierno cubano, sus aliados y ciertos estadounidenses que han decidido ganar dinero a costa de los cubanos, de la misma manera que hicieron los españoles e italianos cuando llegaron en tropel a la isla durante su “apertura”a la inversión extranjera en los años 1990. Los que mandan son los mismos que convirtieron el Habana Hilton en 1959 en la sede de su victorioso ejército y nacionalizaron el turismo, para solo beneficiarse ellos mismos.
¿En qué punto la indignación por la falta de derechos humanos básicos en Cuba es lo suficientemente fuerte como para que el gobierno de Obama eche un paso atrás y vuelva a evaluar una relación de negocios que ha avanzado con rapidez inusual y sin reformas ni oportunidades legítimas para el pueblo cubano?
Sr. Presidente, la generosidad y apertura de su gobierno hacia el estático régimen cubano parecen infinitas.
Es hora de detenerse y evaluar las cosas antes de entregar más dólares directamente a las arcas de los represores.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de julio de 2016, 1:24 p. m. with the headline "El hotel Sheraton en La Habana, un negocio con los opresores."