Béisbol

Novato cubano Randy Arozarena, el rey sin corona de la postemporada

A pesar de la crisis económica que sufre Cuba desde hace seis décadas y a la escasez de pelotas, bates, guantes y restantes implementos para el desarrollo de los peloteros, en esta tierra donde nacieron leyendas como Martín Dihigo, Adolfo Luque y Orestes Miñoso, cuando se levanta una piedra debajo de ella sale una futura estrella del deporte de las bolas y los strikes.

Cuba tiene un nuevo astro de Grandes Ligas, Randy Arozarena. Un pelotero de 25 años de edad que desde su debut el 14 de agosto del 2019 con los Cardenales de San Luis ha demostrado sus virtudes excepcionales.

Sin duda, se equivocaron los Pájaros Rojos al cambiarlo y acertaron los Rays de Tampa Bay con su adquisición.

Arozarena, nacido en La Habana, guió a los Rays al título de la Liga Americana por segunda ocasión de esta franquicia. Por ello, ganó el premio de Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato.

Más allá de lo que pudiera hacer en las próximas temporadas, los récords ofensivos de Randy en los playoffs del 2020 alcanzan dimensiones históricas. Y vale la pena mencionarlos.

Antes de iniciarse la Serie Mundial ganada por los Dodgers, Arozarena tenía promedio de .382, con siete jonrones, 10 impulsadas, embasamiento de .433 y 1.288 de OPS, convirtiéndose en el jugador debutante con más incogibles en una postemporada con 21 y ubicándose en ese momento a uno del líder entre novatos, Derek Jeter (22, 1996).

Luego durante seis partidos de Serie Mundial el cubano sumó ocho imparables para liderar entre los novatos en una postemporada con 29 y establecer un récord de todos los tiempos por cualquier jugador (el anterior de 26 lo tenía Pablo Sandoval. 2016 con San Francisco).

Pero Arozarena no sólo se conformó con los incogibles, también lo hizo pegando jonrones llegando a ocho cuando le conectó uno al cerrador de los Dodgers Kenley Jansen en el tercer partido, luego le dio otro en el cuarto juego al zurdo Julio Urías y en el sexto desafío sumó uno más ante Tony Gonsolin para establecer una nueva marca de diez en una postemporada.

Con sus tres cuadrangulares en la Serie Mundial, Arozarena igualó a Charlie Keller (1939, Yankees) como los únicos novatos en hacerlo, además de empatar con otros cuatro antillanos que también dieron tres cuadrangulares: Tony Pérez, José Canseco, Yasiel Puig y Yuli Gurriel. Con sus 14 remolcadas superó a Evan Longoria (13) como el debutante con más impulsadas en una postemporada.

Otro récord que destrozó Arozarena fue en total de bases con sus batazos al sumar 64, quebrando el anterior de David Freese (50, 2011), igualando en extrabases con 14 con el propio Freese. También sumó tres imparables en un juego en cinco ocasiones para igualar con otros cuatro jugadores: Edgar Martínez (1995), Joy Buhner (1995), Albert Pujols (2004) y José Altuve (2017).

En total durante 20 partidos y 77 turnos oficiales al bate en la postemporada del 2020, Arozacena terminó con promedio de .377, sumó 29 imparables, 10 jonrones, 14 impulsadas, .442 de embasamiento, .773 de slugging, 64 en total de bases, 14 extrabases y un OPS de 1.273.

Sin duda, la actuación del sensacional novato cubano lo ubica entre los mejores bateadores en una postemporada en la historia de las Grandes Ligas.

LA DECISIÓN DEL MANAGER DE TAMPA BAY KEVIN CASH

No quiero cerrar mi comentario de la temporada 2020 sin mencionar la controvertida decisión del manager de Tampa Bay, Kevin Cash, en el sexto juego de la Serie Mundial. En menos de dos minutos dicha jugada cambió el escenario y ayudó al triunfo de los Dodgers de Los Angeles.

Reconocemos que el revés de los Rays no sólo se produjo por dicha jugada, pues la única vez que este equipo tocó el plato fue por un jonrón de Arozarena, y sin anotar las necesarias no se puede ganar juegos. Ahora bien, sin tener la oposición del pitcher que desde la lomita los dominaba a su antojo, los bateadores de los Dodgers se inspiraron y se fueron arriba anotando dos carreras.

El abridor zurdo Blake Snell con su repertorio de rectas, curvas, sliders y cambios de velocidad con control en cada uno de ellos y tirados en cualquier conteo, en cinco entradas y un tercio había tolerado un incogible sin pasaportes y nueve ponches propinados con sólo 73 envíos.

Después de sacar al primer hombre de la sexta entrada permitió sencillo de Austin Barnes y fue entonces que el piloto Cash lo sacó de la lomita.

Y hasta un muchacho tranquilo como Snell se vio afectado por la absurda decisión. Molesto por ello, dijo una o varias palabras fuertes cuando salió de la lomita y después cuando llegó al banco.

Cash llamó al relevista Nick Anderson (9.00 de efectividad) y los Dodgers que no perdonan cuando le regalan oportunidades, en un abrir y cerrar de ojos le anotaron las dos carreras que resultaron decisivas por doblete de Mookie Betts, lanzamiento desviado y roletazo por la inicial donde el corredor de tercera pudo anotar. Y no sumaron otras dos carreras porque la conexión del siguiente bateador Justin Turner por el bosque izquierdo le faltó sólo un metro para irse del parque.

Sabemos que en la pelota moderna se utilizan abridores, relevistas especializados y cerrador. Pero esta forma de utilizar a los lanzadores no tiene que cumplirse al ciento en cada juego. Depende de cada situación, y mucho más cuidadoso hay que ser en partidos decisivos.

Estábamos en el sexto juego de la Serie Mundial con los Rays de Tampa Bay obligados a ganar para seguir con vida. Aquí hay que ganar o perder con los mejores, y eso lo saben hasta los que se inician en este deporte.

¿Cómo quitar a un pitcher que sólo se le habían embasado dos hombres con nueve ponches y mantenía en silencio a una artillería pesada? Lo prudente era dejarlo en la lomita y sacarlo en caso de que le siguieran conectando.

Hacerlo en el momento que lo hizo fue una jugada absurda. Bien mala. No confió en un pitcher que realizaba una actuación magistral, para darle la bola a un relevista que ha estado ineficiente en la postemporada. Y con ello le abrió la brecha para que los Dodgers salieran del letargo ofensivo en que estaba ante Snell, para entonces ganar y conquistar la Serie Mundial por primera vez desde 1988.

En la explicación de Cash sobre su decisión dijo que prefirió que Snell no se enfrentara por tercera ocasión a Betts. ¿Por qué? ¿Acaso no podía volver a dominarlo por muy buen bateador que sea Mookie?

Betts, que se había ponchado dos veces ante el zurdo Snell, sólo necesitó medirse en una ocasión ante Anderson para pegarle doblete, ni tampoco esperó para darle un jonrón al otro pitcher que le siguió Pete Fairbanks que puso el marcador definitivo 3-1.

No, por favor, Kevin Cash, por mucho que justifiques tu decisión, esta fue un disparate. A un lanzador estelar que con sólo 73 envíos dominaba por completo a una ofensiva poderosa como la de los Dodgers, no se le saca de la lomita en un partido decisivo hasta que no exista una justificación correcta para hacerlo.

Tremenda pifia, Kevin Cash. ¡Y en qué momento!

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de octubre de 2020, 5:59 p. m. with the headline "Novato cubano Randy Arozarena, el rey sin corona de la postemporada."

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