Linares, Miñoso y Chapman y la tergiversación de la historia de la pelota cubana
Cuba tiene una larga y exitosa historia beisbolera. En 1864, Nemesio Guilló, un joven que estudiaba en Estados Unidos aprendió a jugar en el Springhill College de Mobile, en Alabama, y al regresar a Cuba junto a otros estudiantes lo hicieron con pelotas, bates y el conocimiento básico del juego para ponerlo en práctica, a la vez que marineros estadounidenses que visitaban el puerto de Matanzas jugaban con residentes de esta ciudad. Entre ambos grupos encendieron la chispa de la pasión entre los cubanos por este deporte.
Guilló, conocido como el “Padre del Béisbol Cubano” junto a un grupo de seguidores que incluyó al patriota Emilio Sabourín organizaron en 1868 el Habana Baseball Club. Los primeros movimientos se hicieron en el barrio del Vedado en la capital cubana y en la ciudad yumurina donde se jugó el primer partido de pelota el 27 de diciembre de 1874 en el Estadio Palmar de Junco entre las novenas de Matanzas y La Habana. El auge de este deporte creció rápidamente a lo largo y ancho de la isla, hasta que el 29 de diciembre de 1878 se inauguró el primer campeonato profesional con un juego entre Habana y Almendares.
Este fue el inicio de lo que se convirtió con el decursar del tiempo en un enorme desarrollo beisbolero alcanzado por Cuba durante todo el Siglo XX. Los cubanos se impusieron en casi todos los torneos amateurs a nivel internacional desde el primero celebrado en los Juegos Centroamericanos de México en 1926, ayudaron al desarrollo de este deporte en el área del Caribe, ganaron en el profesionalismo siete de 12 Series del Caribe, tuvieron equipos propios en las Ligas Negras de Estados Unidos con luminarias como Martín Dihigo, Cristóbal Torriente, José Méndez, Alejandro Oms y algunos otros, llegando a tener otros elencos en las sucursales de equipos de Grandes Ligas donde conquistaron campeonatos con los Havana Cubans, en la Liga Internacional de la Florida, y los Cuban Sugar Kings en Triple A.
Cuba era la principal cantera de jugadores extranjeros rumbo a las Grandes Ligas, desde los dos primeros Rafael Almeida y Armando Marsans, en 1911 con los Rojos de Cincinnati, siguiendo con otros notables jugadores que incluyó a la primera gran estrella latina, el lanzador habanero Adolfo Luque.
A pesar de todo este brillante historial, cuando en estos momentos un lector ingresa en la mayoría de los sitios digitales especializados sobre Cuba que se publican dentro y fuera de la isla, puede observar que al hablar de la pelota cubana y sus mejores jugadores, casi siempre se mencionan a los protagonistas de la etapa de la Serie Nacional que se inició en 1962.
Para nosotros puede resultar comprensible que esta tergiversación de la historia de la pelota cubana provenga de las autoridades deportivas de la isla, pero cuando el mal se vuelve un contagio casi generalizado en las publicaciones digitales independientes, entonces el daño necesita que historiadores e instituciones honorables lo enfrenten en busca del rescate de la verdadera historia desde sus orígenes hasta el momento actual.
Es justo reconocer que existen algunos medios digitales que saben diferenciar las etapas de nuestro béisbol. Pero sí ocurre en la mayoría de las publicaciones que siguiendo los ejemplos de los diarios Granma y Juventud Rebelde cuando hablan del mejor pelotero de todos los tiempos la respuesta casi unánime es que fue Omar Linares. Que cuando mencionan a los lanzadores más destacados aparecen sólo los nombres de Pedro Luis Lazo, Braudilio Vinent, Rogelio García, Lázaro Valle y Jorge Luis Valdés, entre otros.
Al hacerlo sobre el torpedero más brillante a la defensa casi sin cuestionamiento se habla de Germán Mesa. Si indican al robador de bases más eficiente aparece el nombre de Enrique Díaz y cuando hablan del mejor jardinero central mencionan a Víctor Mesa. Si quieren señalar al estratega principal indican a Jorge Fuentes y si lo hacen del equipo más destacado pues escogen a Industriales o Pinar del Río en la etapa de sus fantásticos lanzadores.
En muy pocas ocasiones mencionan a los jugadores que brillaron antes de 1961 dentro de Cuba y posterior a esta fecha en Grandes Ligas, como si pareciera que la pelota cubana haya sido inventada con el inicio de la Serie Nacional e ignorando que aquel 14 de enero de 1962 cuando Fidel Castro sepultó 84 años de gloria beisbolera eliminando la Liga Profesional, se interrumpió el segundo mejor torneo beisbolero del mundo que sólo era superado por las Ligas Mayores.
Cuando realizan estas comparaciones casi nunca dicen que fueron los mejores en la etapa de la Serie Nacional, pues en la mayoría de los casos resaltan como que son los más grandes de cualquier época de la historia. Y es aquí, donde cometen el gran disparate.
No, que nadie confunda mis palabras haciendo creer que ignoro los méritos de los mejores jugadores de las Series Nacionales, pues nosotros crecimos teniendo como ídolos a las primeras estrellas de dicha pelota como lo fueron Pedro Chávez, Urbano González, Miguel Cuevas y Manuel Alarcón, entre algunos otros.
Nosotros estamos entre los primeros cronistas deportivos que ubican a Omar Linares como un pelotero con todas las virtudes para ser una estrella de Grandes Ligas, así como que decenas de otros jugadores de dicho béisbol fueron legítimas luminarias de este deporte.
Sabemos que Pedro Luis Lazo, Braudilio Vinent, Rogelio García y Jorge Luis Valdés fueron astros de la lomita. Conocemos que Jorge Fuentes fue un excelente manager y ganador de varios torneos nacionales e internacionales. No ignoramos que Germán Mesa le decían “El Mago’’ por sus excepcionales dotes como fildeador en el campocorto, que Enriquito Díaz estafó 698 bases y que Víctor Mesa fue un sensacional jardinero central.
Sí, es cierto, todos estos jugadores y algunos más desarrollaron un juego de excelencia. Pero cuando hablamos de historia beisbolera es obligatorio respetar a los más grandes peloteros que actuaron antes de 1961 en la pelota profesional cubana y en las Grandes Ligas en sus diferentes etapas, incluso debemos tener en cuenta a varios estelares que brillan en estos momentos en Estados Unidos como el inicialista José Abreu y el cerrador Aroldis Chapman, pues aunque todos ellos se marcharon de su país por diferentes circunstancias son tan cubanos como Linares, Lazo, Mesa y Vinent.
Cuando estos medios digitales hablan de los mejores jugadores de posición de todos los tiempos casi nunca mencionan el nombre de Orestes Miñoso, una estrella de la gorra a los spikes que en Grandes Ligas lideró en varias ocasiones los robos de bases en la Liga Americana y se mantuvo sobre la marca de los .300 hasta que por turnos adicionales teniendo más de 50 años bajó de esa cifra a .298. Tampoco aparece el nombre de Tony Pérez que impulsó 1,652 carreras y sumó 379 jonrones para ser elegido después al Salón de la Fama.
Ninguno se atreve a señalar entre los mejores bateadores a Tony Oliva, tres veces campeón de bateo en el mejor torneo del mundo, tampoco a Cristóbal Torriente que fue uno de los grandes con la majagua y el guante en Cuba y en las Ligas Negras de Estados Unidos, ocupando un sitio en el Salón de la Fama de ambos países. Ni hablan de Rafael Palmeiro nacido en La Habana y criado en Estados Unidos que pegó 569 cuadrangulares con 1,835 remolcadas, tampoco del reglano José Canseco ganador de los premios Novato del Año y Jugador Más Valioso de la Liga Americana, con 469 jonrones, 1,407 impulsadas y 200 estafas.
No hablan de Bert Campaneris (Dagoberto Campaneris Blanco) que estafó 649 bases para ubicarse como el séptimo mejor de las Grandes Ligas y fue líder en seis temporadas. Cuando se habla del mejor fildeador del campo corto, nunca mencionan a Willie Miranda que fue otro mago defensivo que con el guante no le envidiaba a ningún otro torpedero del mundo. Y cuando indican al jardinero central defensivo por excelencia se olvidan de que hubo un Tony “Haitiano’’ González que fue un coloso de esta posición y uno de los mejores de Grandes Ligas en su etapa de esplendor.
Cuando mencionan a Martín Dihigo algunos dicen que fue el pelotero más completo, aunque en realidad este ilustre jugador debe ser considerado el más versátil de la historia. Es necesario esclarecer que no se debe confundir la versatilidad con ser el mejor en el terreno de juego. En la época de Dihigo se acostumbraba a que un jugador actuara en varias posiciones defensivas y este inmortal de la pelota cubana jugaba bien en todas las bases, incluyendo como lanzador. En esta etapa y desde hace muchos años este estilo de jugar la pelota no se utiliza.
Al hablar de los grandes lanzadores cubanos de todos los tiempos ignoran el nombre de Luis Tiant que logró 229 victorias en Grandes Ligas con 3.30 de carreras limpias y 2,416 ponches propinados, al curveador Camilo Pascual que sumó 174 triunfos y que fue una estrella en la pelota profesional cubana, al zurdo Miguel Cuéllar ganador del premio Cy Young que sumo 185 éxitos con efectividad de 3.14, al legendario Adolfo Luque que alcanzó 194 victorias y fue una luminaria en la Liga Invernal, ni a José de la Caridad Méndez que fue el mejor serpentinero de su época en Cuba, uno de los grandes en las Ligas Negras de Estados Unidos y miembro de Cooperstown.
Cuando vemos el olvido de estas figuras gloriosas del béisbol cubano nos parece que algunos pretenden hacer creer que Tiant, Oliva, Pérez, Miñoso, Campaneris, Cuéllar, Camilo, Palmeiro, Canseco, Torriente y Méndez, no deben ser analizados entre los mejores de todos los tiempos por el hecho de que no pertenecen a la generación de la Serie Nacional.
Por otro lado, parece que algunos no saben o no quieren reconocer que en la pelota profesional cubana (antes de 1962) existieron managers ganadores de muchos torneos y que antes de que en la isla nacieran los buenos equipos de Industriales y Pinar del Río, existieron otras excelentes novenas como Leones del Habana, Alacranes del Almendares, Elefantes del Cienfuegos, Tigres de Marianao y los potentes Leopardos de Santa Clara.
Los Leones del Habana se fundaron en 1868 y desde su primer campeonato en 1878 hasta 1961 ganaron 31 títulos con 1,553 victorias. Los Alacranes del Almendares comenzaron en 1878 y sumaron 25 coronas y 24 veces terminaron en segundo lugar, siendo los dos equipos con más campeonatos ganados en toda la historia de la pelota cubana.
Para nadie es secreto que durante las últimas seis décadas dentro de Cuba se borró la historia del pasado beisbolero y los méritos de sus grandes jugadores, en especial aquellos que decidieron radicar fuera de la isla para jugar o por no coincidir con el sistema político.
Pero esta ignorancia a la que fueron sumidas varias generaciones de cubanos no es excusa para que en esta era moderna del internet que nos brinda la oportunidad de buscar información de manera más precisa sin tener que aceptar lo que nos diga un individuo por sus intereses personales o nos quiera inculcar cualquier sistema político por sus razones de control de la mente humana.
Es inconcebible que la mayoría de las publicaciones deportivas especializadas en deporte cubano, no sepan marcar una diferencia correcta a la hora de hablar de los mejores peloteros de todos los tiempos nacidos en la isla. Es hora que lo hagan, si es que desean alcanzar un verdadero respeto periodístico.
Es nuestra obligación como historiador del deporte hablar sobre estos errores que llevan a una tergiversación de la realidad sobre el béisbol cubano. Por ello, queremos decir bien claro que las Series Nacionales son sólo una parte de la historia de la pelota cubana que pudiera ser considerada la mejor etapa a escala amateur, pero no del campo profesional.
Considero que lo más correcto es que cuando se mencionen a los mejores peloteros cubanos de la historia no se limite con nombres de las estrellas que actuaron en las Series Nacionales, pues cuando hablamos de todos los tiempos es obligatorio incluir a los que más brillaron en todos los escenarios del mundo, desde la Serie Nacional hasta las Grandes Ligas y la Liga Profesional Cubana antes de 1961, que fue la segunda mejor pelota del mundo.
No hacerlo, seria mutilar la historia o seguir tergiversándola.
¡El debate está abierto!
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de junio de 2020, 7:37 p. m..