Béisbol

Fallece en Cuba el gran pelotero Cheíto Rodríguez, pero deja su leyenda marcada por la injusticia

Pedro José Rodríguez, uno de los peloteros más estelares del béisbol cubano en los últimos 50 años, falleció este sábado en Cienfuegos, la provincia del centro de Cuba que tanto amara y a la que tanto entregara en una carrera llena de luces, pero que también estuvo marcada por la injusticia.

De acuerdo con fuentes cercanas al pelotero, “Cheíto’’ falleció a los 66 años víctima de un paro cardíaco en su hogar, aunque padecía de varios malestares como una insufciencia renal -producto de muchos años de diabetes- que le obligaba a someterse a diálisis de manera rutinaria.

“Este es un golpe tremendo para el béisbol cubano en general y para mí en lo particular’’, expresó Osvaldo Pérez, empresario que lo trajo a Miami y con quien compartía una amistad profunda. “Cheíto’’ era sinónimo de dignidad. No hablaba mucho, pero era un hombre íntegro. Se le recordará por siempre’’.

A Rodríguez se le recordará por sus enormes batazos con las selecciones nacionales de Cuba, pero en especial un cuadrangular ante los envíos de Rogelio García para decidir en 1978 la serie selectiva contra Pinar del Río, algo que quedó guardado en la memoria colectiva del fanático de la isla.

“Nadie se ha olvidado de ese momento y los viejos se lo cuentan a los más jóvenes como si fuera algo de historia”, afirmó Rodríguez, cuando visitó esta ciudad en mayo del 2015. “Yo vivía para el juego, para hacer felices a los aficionados. Y la gente lo agradecía”.

Nacido el 26 de noviembre de 1955, Rodríguez debutó en la Serie Nacional de 1973-74 y ganó el premio de Novato del Año con Azucareros, dando inicio a una estela de actuaciones que le convirtieron en un consentido de la afición y en el slugger más temido de su tiempo.

Con su forma de batear plantado en el cajón, sin dar paso adelante y apoyado solo en movimientos potentes y coordinados de cintura y muñecas, ningún otro pelotero era considerado más oportuno para dar el batazo bueno en torneos foráneos antes de Lourdes Gourriel.

Pero también se le recordará por estar en el centro de una de las injusticias más grandes de todos los tiempos en la pelota cubana, que dejó truncada una carrera de 12 Series Nacionales con 286 palos de vuelta entera -pegaba uno cada 12,69 turnos- y 969 carreras impulsadas, dejando en el aire la pregunta sobre cuánto más habría logrado de haberse mantenido activo.

No cabe duda de que en la larga fila de atropellos en el deporte cubano, la historia de Cheíto Rodríguez, suspendido en el pico de su carrera --cuando tenía sólo 29 años-- por tener en su maleta menos de un centenar de dólares regalo de peloteros venezolanos en la III Copa José Antonio Huelga, califica entre lo peor y lo más bajo en la llamada “pelota revolucionaria’’.

Amparados en un Código Penal hecho a la medida de lo absurdo, funcionarios del INDER y muy seguramente de un nivel superior separaron a Rodríguez del béisbol por tenencia ilegal de divisas --la del enemigo, claro está-- y fue condenado a vivir lejos de lo que más amaba, de lo que mejor sabía hacer.

No importó su trayectoria, ni que era el amo indiscutible de los jonrones en la pelota cubana, ni que hubiera llegado a sumar una cifra impresionante de números ofensivos, prácticamente cada turno implicaba un posible nuevo récord. Antonio Muñoz, otro histórico en lo ofensivo, asegura que habría superado la barrera de los 500 bambinazos.

Uno sólo puede imaginarse al rey de los jonrones resignado a ese lento morir, incapaz de ver un juego de pelota por televisión, caminando lejos de los estadios, donde era considerado persona no grata. El mismo pelotero, en un documental sobre el hecho llamado “Los que faltaron’’ afirma que “tras la sanción, Pedro José Rodríguez dejó de ser Pedro José Rodríguez’’.

Cheíto intentó un regreso a fines de la década del 80, pero ya no estaban ni la juventud, ni los reflejos, ni la pasión. Para él era tarde, demasiado tarde, a pesar de que luego el Estado cubano se entregaría a la búsqueda desenfrenada de dólares por todos los medios y esta moneda pasaría a ser dueña y señora de la sociedad.

“Cuando volví ya no era el mismo, había perdido la forma física, tenía problemas en un ojo y por eso decidí retirarme’’, indicó Rodríguez en ese entonces.

“Pero recuerdo como si fuera hoy ese momento en que anunciaron mi nombre nuevamente en el estadio. Pensé que se habían olvidado de mí, pero la gente se paró y estuvo minutos aplaudiéndome, como si el aplauso fuera eterno’’.

La historia de Cheíto trae a la memoria lo sucedido a Lázaro Junco, obligado a retirarse junto con toda una generación de héroes sólo por tener más de 30 años. Tampoco importó que el matancero fuera el que hubiera tomado --primero en llegar a 400-- el relevó del cienfueguero en la lista histórica de jonrones.

Y por supuesto, no se puede olvidar el vínculo con Rey Vicente Anglada, otro encantador de aficionados, quien pagó con sus sueños por un crimen que jamás cometió, cuando fue acusado -y cumplió prisión- de vender juegos, algo que nunca pudieron probarle.

Tras el retiro, Rodríguez pasó a trabajar en la Academia Provincial de Béisbol de Cienfuegos y por sus manos pasaron varios peloteros que actualmente brillan en las Mayores, como Yasiel Puig y José Abreu, al que siempre admiró a la distancia.

“De todos ellos, Abreu es el que más me recuerda al tipo de pelotero que fui en mi juventud, más pausado, más analítico’’, comentó Cheíto.

Y no le faltó razón.

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de febrero de 2021, 6:51 p. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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