Cuba

Bajo nuevo liderazgo, el gobierno cubano muestra grietas 60 años después

Miguel Díaz-Canel es el nuevo presidente de Cuba

Miguel Díaz-Canel, de 57 años y quien fuera hasta ahora primer vicepresidente, fue elegido por la Asamblea Nacional como presidente del Consejo de Estado y de Ministros el jueves 19 de abril del 2018, en un proceso donde era el único candidato.
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Miguel Díaz-Canel, de 57 años y quien fuera hasta ahora primer vicepresidente, fue elegido por la Asamblea Nacional como presidente del Consejo de Estado y de Ministros el jueves 19 de abril del 2018, en un proceso donde era el único candidato.

Seis meses después de ser nombrado presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, presidirá la celebración del 60 aniversario de la revolución con una economía estancada y en medio de crecientes protestas de los ciudadanos. Después de seis décadas de experimento socialista, su gobierno todavía intenta descubrir cómo puede satisfacer las necesidades básicas de la población.

Dado el crecimiento económico mínimo en el 2018 y la falta de suministros básicos como la harina este fin de año, los expertos creen que está fallando.

Y, a diferencia de sus predecesores, que gobernaron con un poder casi absoluto, su gobierno mostró contradicciones internas cuando dio marcha atrás a impopulares regulaciones para aumentar el control sobre el sector privado; se mostró propenso a suavizar un decreto que legaliza la censura al arte independiente y decidió retirar del proyecto de Constitución un polémico artículo que abriría el camino al matrimonio igualitario, aparentemente temiendo perder el voto de sectores religiosos en el referendo que debe aprobar el texto el próximo año.

“Al reconsiderar las regulaciones que gobiernan el sector privado y hacer concesiones a los artistas en el decreto ley que regula las artes, el gobierno mostró una respuesta a la presión pública organizada que no tiene precedentes”, dijo William LeoGrande, profesor de la American University, quien recientemente participó en un evento organizado por la cancillería cubana en La Habana.

“En el pasado, el gobierno modificó algunos proyectos de ley después de que las discusiones públicas indicaran la oposición a características particulares, pero su respuesta a la oposición organizada en el pasado ha sido inflexible”, agregó LeoGrande. “Esta respuesta pragmática indica la flexibilidad del gobierno y también su reconocimiento de que la Cuba de 2018 no es una en la que la gente simplemente acepte lo que las autoridades dicten”.

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Una valla alegórica a la reforma de la Constitutución de Cuba, en una calle de La Habana, el 13 de noviembre del 2018. YAMIL LAGE AFP/Getty Images

Seis décadas después del triunfo de la revolución de 1959 comandada por el fallecido Fidel Castro, Díaz-Canel está al frente de un país que hace muy poco se ha conectado a internet en sus teléfonos celulares, a tiempo para publicar videos de las largas colas para comprar pan o de la “huelga de brazos caídos” de los chóferes de taxis privados, que se rehusaron a trabajar en protesta por nuevas medidas de control implementadas por el gobierno.

Los límites al número de licencias para el trabajo privado o el número de sillas que pueden tener los paladares, incluidos en decretos aprobados en julio, provocó gran descontento entre los llamados cuentapropistas y la incredulidad de expertos y gobiernos extranjeros, que esperaban una mayor apertura económica en lo que supuestamente sería un gobierno más moderno, con una cara más joven en la isla.

Tras meses de críticas, a principios de diciembre, la ministra de Trabajo, Margarita González, anunció en la televisión que estas dos medidas fueron eliminadas. Díaz-Canel se defendió en Twitter de los que vieron en esta decisión un síntoma de la fragilidad de su gobierno.

“No hay por qué creer que las rectificaciones son retrocesos, ni confundirlas con debilidades cuando se escucha al pueblo. Revolución es cambiar todo lo que deba ser cambiado. Ninguno de nosotros puede tanto como todos nosotros juntos”, escribió.

Pero las tribulaciones del nuevo gobernante —nombrado sucesor de Raúl Castro en abril del 2018— no pararon ahí.

Los artistas cubanos han mostrado un frente unido para criticar el Decreto 349, que censura el contenido de las obras e impide a los artistas trabajar sin permiso del gobierno. A las críticas se han unido artistas disidentes reconocidos internacionalmente, como Tania Bruguera, al igual que íconos de la revolución, como el cantautor Silvio Rodríguez.

“El Decreto 349 fue algo que le pusieron delante a nuestro presidente para que lo firmara, sin haber sido discutido entre los artistas”, escribió Rodríguez en su blog personal. “Quizá debiera hacerse una moratoria del decreto, hasta que se discutiera y se resuelve una modificación aceptable”.

Aunque fueron hechos públicos en julio, los decretos sobre el trabajo privador fueron firmados por Castro, quien se mantiene al frente del Partido Comunista. Díaz-Canel firmó el decreto 349.

Díaz-Canel “no tiene la misma legitimidad histórica que Raúl o Fidel ni tiene el mismo poder ultraconcentrado y el pueblo lo sabe”, opinó Ted Henken, profesor de Baruch College que sigue el tema cubano. El nuevo gobernante “siente la presión popular más que los presidentes anteriores porque está buscando establecer su propia legitimidad, en parte tratando de escuchar y responder a las quejas del pueblo”.

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Participantes en el desfile del Día del Trabajo, el 1 de mayo del 2018, sostienen pancartas e imágenes del héroe nacional cubano, José Martí, los ex presidentes Raúl y Fidel Castro, así como el presidente Miguel Díaz-Canel, en la Plaza de la Revolución de La Habana. YAMIL LAGE AFP/Getty Images

Para ganar mayor apoyo popular, coinciden los expertos, Díaz-Canel tendría que ofrecer mejoras palpables en la vida diaria, lo que parece poco probable a corto plazo en medio de una situación económica y política compleja, con un gobierno en Estados Unidos que ha prometido aumentar la presión sobre La Habana.

La economía cubana tuvo un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) ligeramente superior al 1 por ciento en el 2018, pero ese crecimiento “todavía no impacta en la población como necesitamos”, reconoció el gobernante ante la Asamblea Nacional a fines de año. La expectativa de crecimiento para el 2019 es del 1.5 por ciento, pero los economistas no creen en estas proyecciones, entre otras cosas porque Cuba modificó la manera de calcular el PIB para incluir los gastos en salud, educación y otros servicios sociales.

“El aparato productivo cubano no colapsa del todo, pero tampoco hay progreso económico” en los últimos 30 años, escribió el economista Pavel Vidal en un artículo publicado en el sitio digital Cuba Posible.

Aunque el país no se ha recuperado de la aguda crisis en la década de los 90, conocida como el Período Especial, “se debe reconocer que es un sistema que ha mostrado ser efectivo para manejar las crisis y evitar el colapso económico, como también ha sido ‘efectivo’ en limitar la iniciativa privada, la innovación y el despegue de la productividad”, señaló Vidal. “Es un sistema que tiene el récord de mantener al país con las menores tasas de inversión de América Latina”.

La gira de Díaz-Canel por Rusia, China, Vietnam y otros países asiáticos —y con escalas en el Reino Unido y Francia— no dio los frutos esperados. Para el 2019, la inversión extranjera ya asegurada apenas representa el 6.2 por ciento de toda la inversión planificada en el país. Tras la gira, Díaz-Canel pidió a sus ministros revisar las propuestas de inversión existentes, unas 80, algunas con varios años sin recibir respuesta.

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El presidente chino Xi Jinping (izq) y el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel pasan revista a la guardia de honor en una ceremonia de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo en Pekín. Wang Ye AP

Vidal cree que la economía cubana lleva varios años en recesión, pese a que las cifras oficiales indican otra cosa. Pero para mantener a flote los índices macroeconómicos como el PIB, el gobierno ha aumentado las medidas de austeridad, ha disminuido las importaciones y ha aumentado el déficit fiscal a niveles que no se veían desde la crisis de los años 90.

El gobierno dejó también de pagar deudas que fueron renegociadas con varios países, reportó la prensa estatal.

“El ministro de Economía [Alejandro] Gil Fernández también hizo referencia al elevado nivel de endeudamiento con que operó la economía, debido al impago de deudas reordenadas, asunto que también impactará en la gestión del 2019, pues dicha tensión financiera no se podrá resolver en el corto plazo”, reportó el diario oficial Granma.

La caída en la exportaciones, la disminución del turismo —que no llegó a los 5 millones de visitantes—, el impacto del huracán Irma y el embargo estadounidense, fueron las causas citadas por el ministro para explicar el escaso crecimiento. A ello hay que sumar la reducción de los subsidios provenientes del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, un país aliado sumido en su propia crisis económica.

La caída en la producción de azúcar ha llegado a tal punto que un exasperado José Ramón Machado Ventura, el octogenario segundo secretario del Partido Comunista, cuestionó: “¿para qué queremos centrales si no tenemos caña?”, lo que se convirtió en titular de un artículo de Granma (el diario oficial cambió el titular después que medios independientes y extranjeros se hicieran eco).

Las carencias se han sentido particularmente este fin de año, cuando la población ha tenido problemas para comprar alimentos básicos como pan, huevos y pollo. El 2019 no parece ser mucho mejor, pues el ministro de Economía anunció aún más reducciones en la importación de alimentos y combustible.

Recientemente, el gobierno anunció un acuerdo con las Grandes Ligas para fichar a peloteros cubanos, lo que podría compensar parte de los ingresos perdidos por la “exportación de servicios médicos” a Brasil, tras la decisión del gobierno de retirar a los médicos cubanos de ese país. Según el acuerdo, la Federación Cubana de Béisbol, controlada por el gobierno, actuaría como agente de los peloteros y recibiría entre el 15 y el 20 por ciento del valor total del contrato para liberar al jugador.

Adicionalmente, el gobierno comenzará a cobrar un nuevo impuesto sobre los ingresos personales a peloteros y otros deportistas que tengan contrato para jugar en el extranjero, anunció la ministra de Finanzas y Precios, Lina Rodríguez, dos días después de firmarse el acuerdo.

Pero estas cifras son mínimas en relación con la inversión extranjera que necesita el país para desarrollarse, calculada en al menos $2,500 millones anuales.

Un nuevo proyecto de Constitución promovido por Castro había generado expectativas, pero tras ser ampliamente debatido, el documento final, que deberá aprobarse en un referendo, mantiene la economía socialista planificada y el control del Partido Comunista. Aunque reconoce legalmente la propiedad privada, el texto dejó fuera demandas populares como permitir la elección del presidente por voto directo y que los cubanoamericanos inviertan en el país.

La resistencia a una apertura económica aún es tan fuerte dentro de sectores conservadores que el secretario del Consejo de Estado, Homero Acosta, tuvo que hacer un alegato de 10 minutos ante la Asamblea Nacional para defender una modificación de un artículo que establecía que el estado limitaría la riqueza. Tras el cambio, el proyecto de Constitución establece que el estado se encarga de la redistribución de la riqueza.

“A veces cuando hablamos aquí de la riqueza, si lo comparamos con lo que se habla en el mundo de acumulación de riqueza, es risible lo que nosotros hablamos. A veces se habla de la riqueza de un taxista o del que tiene un timbiriche, y eso en ningún lugar de este mundo es riqueza”, argumentó Acosta. “Es un sector que no podemos atacarlo ni reprimirlo”, dijo sobre el sector privado.

“El gobierno no tiene soluciones económicas para los problemas económicos del país”, opinó Henken. “Solo tiene soluciones políticas, burocráticas e ideológicas, por lo que siempre tienen que volver al punto inicial. Hasta que usen la lógica y las soluciones económicas, este ciclo continuará”.

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El ex presidente cubano Raúl Castro (centro), quien todavía es primer secretario del Partido Comunista de Cuba, durante la conmemoración de 14to aniversario del acuerdo comercial regional conocido como el ALBA, flanqueado por el presidente venezolano Nicolás Maduro (izq) y el mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel (der), en el Palacio de Convenciones de La Habana el 14 de diciembre del 2018. YAMIL LAGE AFP/Getty Images

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