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Opinión

Por qué murió Freddy Mercury

Freddie Mercury.
Freddie Mercury. AP

Hace un cuarto de siglo que murió Freddy Mercury, pero aún vive entre nosotros, pues al escuchar sus canciones no podemos evitar que la magia de su voz nos envuelva en un halo mágico. Mercury encontró en esa muchedumbre que lo aclamaba el antídoto a su dolor. El éxito lo anestesiaba, era feliz en el escenario. Sabía que no lo disfrutaría por mucho tiempo y prefirió que el show continuara. Al igual que muchos seropositivos, solo cuando sintió que desfallecía, que había llegado el final y le quedaban 24 horas de vida, recién reveló al mundo que tenía sida.

Seguramente que luego de saber su enfermedad, su existencia fue difícil, pero su coraje fue superior y le permitió hacer esa elección. Era un ser talentoso y sensible que indudablemente temía enfrentarse a la discriminación. Porque en aquellos tiempos, cuando alguien contraía este mal, de inmediato se convertía en una persona indeseable.

El cantante estaba debilitado. El frenético ritmo de vida a que sometió su cuerpo logró aniquilarlo, sabía que moriría.

Prefirió dejarnos un legado. Aunque él ya no esté, el 1 de diciembre, aquellos que perdieron un ser querido con vih, lo recuerdan como un ícono. Mercury se convirtió en una leyenda que con su voz y silencio nos habló de lo que significaba vivir con sida.

En el primer mundo, piensan que el sida es una enfermedad crónica, que la dramática situación de los infectados es histórica. Lamentablemente no es así, pues gobiernos como Rusia, China e India ocultan el número de portadores y maquillan realidades que se guardan como secretos de estado.

Desde que empezó la pandemia 78 millones de personas han contraído la infección del vih y actualmente viven 36.7 millones de seropositivos en todo el orbe. Solamente 18 millones reciben terapia retroviral. Millones desconocen que son portadores porque nunca se sometieron a una prueba de Elisa y ni siquiera usan condón cuando tienen sus encuentros íntimos, otros optaron por ocultarse.

Tener sida implica un proceso doloroso que no solo debilita y postra al infectado, sino que afecta a la familia, los hace vulnerables ante la sociedad que los señala como si fuese un delito. Es real que el tratamiento ha evolucionado y es gratuito en varios continentes, pero los fármacos suministrados en los países adelantados son mejores a los que se otorgan a los menos desarrollados. El problema se agrava cuando el seropositivo es pobre, desempleado, tiene esposa e hijos infectados y es objeto de estigma y discriminación, se deprime y muere, dejando huérfanos y desamparo.

Todavía hay quienes no desean abordar este tema tan personal. Una vez entreviste a una autoridad de Sudáfrica sobre las estadísticas y prefirió obviarlo, afirmando desconocerlo, cuando organismos como ONUSIDA publican esos índices y desarrollan programas mundiales.

China tiene más de mil millones de habitantes, pero se desconoce cuántas personas han contraído vih. Solo trascienden hechos aislados, como el de Sichuan, donde un anciano promovió la firma de un manifiesto, para que su nieto de 8 años fuese evacuado a otra zona y los pobladores lo apoyaron. Felizmente, el pequeño fue aceptado en un centro para niños con sida y allí recibirá tratamiento. Su madre lo infectó y al marcharse lo dejó con sus abuelos.

En Malawi, condenaron a dos años de prisión a un hombre que sabiendo que tenía sida sostuvo relaciones sexuales con un centenar de niñas y un grupo de viudas. La comunidad lo contrató siguiendo las tradiciones de ese país, donde las adolescentes son obligadas a estos vejámenes. En otros países africanos, creen que esta enfermedad se cura alternando con vírgenes.

En Centroamérica continuamente se violan los derechos humanos, restringiéndoles sus medicamentos y en Sudamérica, aunque algunos hospitales cumplen con el Fondo Mundial, miles son discriminados por sus propias familias y ocultan sus dolencias, para evitar ser maltratados.

Existen líderes seropositivos que luchan por esta causa, ya sea en organismos internacionales o pequeñas ciudades. Aunque se requieren millones para adquirir más medicinas. Estos enfermos no necesitan compasión, ni dádivas, ellos tienen derecho a no ser discriminados, a recibir un trato digno, darles acceso a trabajo, tolerancia y amor a raudales. Ese es el principal medicamento. Mercury lo sabía y eligió morir en el momento que se sintió más amado.

Periodista peruana.

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de diciembre de 2016, 2:43 p. m. with the headline "Por qué murió Freddy Mercury."

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