Opinión

Adioses sentidos, un año de grandes pérdidas para el mundo del arte

De izq. a der.: Prince en 1985, David Bowie en 1995 y George Michael en 2008. Estos artistas se cuentan entre las luminarias del arte y entretenimiento fallecidas en el 2016.
De izq. a der.: Prince en 1985, David Bowie en 1995 y George Michael en 2008. Estos artistas se cuentan entre las luminarias del arte y entretenimiento fallecidas en el 2016. AP

Sentimientos encontrados se dan cita en el resumen del año que termina. Por un lado, el alivio, la alegría y el inicio de la esperanza de cambio para el tormento cubano con la muerte demorada del dictador. Por otro, la numerosa cantidad de ídolos culturales y de importantes figuras del arte que ya no estarán físicamente entre nosotros.

He sentido vergüenza ajena por comentaristas de la isla, ahondando en la importancia y vigencia del pensamiento de Fidel Castro, sobre todo de sus llamadas Palabras a los intelectuales al comienzo de los años 1960, disparate totalitario que ya el tiempo se encargará de borrar para siempre, así como su propio legado malsano.


Los dictadores son acápites tenebrosos de la historia y necesitan de la fuerza y la represión para ser recordados por sus víctimas o descendientes, de lo cual ya se ocupa Raúl Castro, hasta que lo ampare la biología.

En la cultura deformada promovida por el castrismo sigue sin haber obituario, ni mención a los que decidieron buscar la libertad. El gran músico Carlos Averoff, fundador de la Orquesta Cubana de Música Moderna y del legendario Irakere, no consta en los anales de la prensa cubana, luego de fallecer recientemente.

Estuvo entre los que se empeñaron en cultivar el jazz, cuando era ridículamente considerada música del enemigo y optó por Miami como residencia, donde siempre fue querido y admirado.

Tuve la suerte de conocer y conversar con el fotógrafo Ramón Suárez al llegar al exilio en los años 1990. Persona afable, de buen humor, sin rencores. Se había hecho de una espléndida carrera, sobre todo en Europa, luego de ser el director de fotografía de algunos de los clásicos de Tomás Gutiérrez Alea, entre los cuales figura Memorias del subdesarrollo.


El silencio alrededor de su figura ha sido poco menos que vergonzoso, considerando que le dio imagen al filme cubano por antonomasia. Me recuerda como la televisión cubana borraba el crédito de Néstor Almendros cuando pasaban algunos de los filmes que había fotografiado.

Suárez acaba de fallecer en París y es de esperar que la Cinemateca de Cuba le rinda algún tipo de modesto tributo. Evento que también aguarda quien está considerado como el mejor actor de la pantalla nacional, Reynaldo Miravalles, desaparecido este año y solo mencionado en la prensa oficial con las pocas líneas que suelen dispensarles a los artistas que “abandonaron el país”, categoría creada por el régimen para lidiar con sus llamados “desertores”.

También murió Umberto Eco en el 2016 y me veo en La Habana de los años 1980 con una edición de su novela El nombre de la rosa, prohibida no sé por qué inexplicable razón, como otros numerosos disparates de la dictadura cubana.

El patriarca del cine polaco Andrzej Wajda falleció este año y la prensa oficial lo eludió por sus declaraciones y espléndida filmografía antitotalitarias.


Ha sido una jornada cruel para la cultura en muchas de sus manifestaciones. Michelle Morgan, la primera actriz en ganar un premio en el Festival de Cannes, la mujer hermosa de Passage to Marseilles, se fue, así como el cineasta Eliseo Subiela que nos emocionó con Hombre mirando al sudeste en aquella Habana sin salida de los años 1980.

En el 2016 mi esposa y yo por fin vimos a Los Eagles y luego nos enteramos, sobrecogidos, que Glenn Frey había fallecido poco después.

George Martin nos legó a Los Beatles para siempre y Bowie se apagó no sin antes regalarnos el álbum más importante del año, Blackstar, y luego fue Prince y ahora George Michael, glorias del panteón sentimental de tantas generaciones.

Crítico y periodista cultural.

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