Opinión

Los Clinton: el final de una era

La ex candidata demócrata Hillary Clinton y su esposo, el ex presidente Bill Clinton, saludan a sus simpatizantes después de votar en Chappaqua, Nueva York, el 8 de noviembre. Los Clinton planean asistir a la inauguración de Donald Trump como presidente.
La ex candidata demócrata Hillary Clinton y su esposo, el ex presidente Bill Clinton, saludan a sus simpatizantes después de votar en Chappaqua, Nueva York, el 8 de noviembre. Los Clinton planean asistir a la inauguración de Donald Trump como presidente. AP

Ya hace más de dos meses de las elecciones y los que llamé en una columna anterior “Los Penosos Perdedores” continúan siendo penosos porque aún no pueden aceptar que perdieron y se agarran de cualquier cosa para tratar de despertar de su pesadilla. Yo me permitiría sugerirles que empleen su tiempo identificando por qué perdieron y, al hacerlo, que sean profundamente honestos para beneficio de su partido y del país. Y aquí les envío mi contribución:


Una de las revelaciones más interesantes para los que tratan de explicarse “¿qué pasó?” aparece en uno de los e-mails de John Podesta, el director de la campaña de Hillary. El autor del e-mail fue Joel Benenson, encuestador-jefe de la campaña y se refiere a un discurso que Hillary pronunciaría al día siguiente: “Además de lo que ella ha estado haciendo en los últimos días, ¿tenemos idea de lo que ella cree o del mensaje principal que quiere enviar? Apunto esto porque noté que el primer párrafo está escrito en voz pasiva a diferencia de voz activa, y aún no esta claro el mensaje”.

La pregunta de Benenson es extraordinaria. Este candidato es una mujer de 69 años de edad que ha empleado su vida adulta preparándose para ser la primera mujer en ocupar la presidencia del país y, al principio de la segunda mitad de la campaña, aún no tenía una razón clara para desear el puesto. Benenson continuó: “Bernie Sanders expuso simpleza y foco: el sistema político-económico está manipulado para seguir dándole más a la clase billonaria e ignorar a la clase media”. Curiosamente, este es un mensaje similar al proclamado por el hombre que, nueve meses después, ganaría la elección general.


Hillary Clinton no será presidente porque su familia se separó de las comunidades que respaldaron a su esposo hace 25 años. Bill Clinton nació y creció en la pobreza, fue gobernador de uno de los estados más pobres del país y, aunque estudió en Georgetown, Yale y Oxford, nunca perdió su conexión con la clase blanca obrera en la que se crió. Ganó estados como Kentucky, West Virginia, Ohio y Pennsylvania, así como Wisconsin y Michigan. Hillary no tenía esa conexión. Ni siquiera trató de forjarla.

Desde su elección en 1992 hasta el final de su presidencia, Bill Clinton dedicó su atención a la situación del votante de clase media. Y porque rectificó su presidencia después del desastre electoral demócrata de 1994 y le tocó presidir en una época económica buena, el público estuvo dispuesto a perdonar su sórdida vida personal.

Las cosas cambiaron cuando los Clinton dejaron la Casa Blanca. Hillary declaró: “Estábamos en bancarrota”, y para continuar la opulencia a la que se acostumbraron se dieron a crear “Clinton, Inc.”, un complejo de fundaciones, discursos pagados y firmas de consultoría que los enriquecieron en los 15 años subsiguientes a un estimado de $115 millones. Pero esa opulencia trajo como consecuencia la pérdida del “toque personal” con los votantes.


Los Clinton no reconocieron esto por dos razones: primero el concepto de “demografía es el destino” expuesto en el libro The Emerging Democratic Majority, de John Judis y Ruy Teixeira, donde los autores planteaban una alianza entre profesionales blancos y minorías, ambos segmentos demográficos en crecimiento. Las elecciones de 2006, 2008 y 2012 parecieron confirmar la tesis de Judis y Teixeira. Los demócratas concluyeron que todo lo que tenían que hacer era heredar los votantes que habían elegido a Obama dos veces.

Pero, en un ensayo publicado en 2015, John Judis rectificó una de las conclusiones de su libro: “Nuestro libro no anticipó un cambio en las preferencias de votación de las clases blancas hacia el Partido Republicano, no solamente la clase trabajadora baja sino la clase media con títulos universitarios e ingresos anuales entre $50,000 y $100,000. Los operativos demócratas de campaña ignoraron la advertencia de Judis porque asumieron que los votantes por Obama podían ser transferidos a cualquier otro demócrata. Y ese fue un craso error”.


La segunda razón fue Donald Trump. Ellos nunca lo vieron como una seria amenaza. Cuando Trump ganó la nominación, la campaña de Hillary no podía creer su suerte. Hillary gastó $211 millones en anuncios en televisión con ataques negativos contra Trump. Pero no tenía planes para reparar Obamacare, con sus primas elevándose vertiginosamente y menos compañías de seguros para escoger. Su agenda económica consistía en aplaudir a Obama y repetir el dogma liberal de aumentar impuestos y gastos gubernamentales. Estaban complaciendo a una base que no era la de ella mientras ignoraban a la base que había sido fundamental en el éxito electoral de su esposo y de Obama.

Y, al final… perdió.

AGonzalez03@live.com

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