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Opinión

La bandera, el himno y los futbolistas

Los Dallas Cowboys, con el dueño del equipo, Jerry Jones, al centro, se hincan de rodillas antes de la interpretación del himno nacional en un partido contra los Arizona Cardinals en Glendale, Arizona, el 25 de septiembre.
Los Dallas Cowboys, con el dueño del equipo, Jerry Jones, al centro, se hincan de rodillas antes de la interpretación del himno nacional en un partido contra los Arizona Cardinals en Glendale, Arizona, el 25 de septiembre. AP

Estamos viviendo una época políticamente peligrosa en que la izquierda, no aceptando todavía que perdieron el pasado noviembre, ha concentrado sus esfuerzos en obstruir a la administración Trump e impedirle gobernar. Uno de sus recursos es ponerle piedras en el camino, de todo tipo y crear controversias sobre cualquier cosa. La izquierda, como la defino aquí, es el conjunto de prensa nacional, entretenimiento y academia donde la filosofía de izquierda ha logrado penetrar casi al punto de controlar esos tres medios e inundarlos con un océano de mentiras. Una de esas es la controversia que da título a esta columna.

La bandera de Estados Unidos, “Old Glory”, como se le llama en la cultura nacional, es una de las banderas a quien más honores se le rinde en el mundo. El científico político Samuel Huntington se maravilla al puesto de la bandera en nuestra vida nacional. Le prometemos nuestra lealtad, el himno nacional la celebra, un código elaborado estipula cómo se despliega, manipula y mantiene. Tiene hasta su propio día de conmemoración.

“Desde la Guerra Civil”, Huntington escribió, “los americanos son un pueblo orientado hacia la bandera. “Old Glory” tiene el status de un ícono religioso y es un símbolo central de identidad nacional de los estadounidenses”.

Los futbolistas de la NFL que se arrodillan durante el himno nacional están mostrando irrespetuosidad al más potente y duradero símbolo nacional de la nación más patriótica del planeta. No solamente están cometiendo un error sino también se equivocan si creen que reprochan al presidente.

La crítica más común es que, al oponerse a sus acciones, “el presidente es divisivo”. Aparentemente la pregunta “¿Quién empezó esto?” no significa nada para los periodistas políticos y futbolistas así como coaches y dueños que llaman al presidente “divisivo”. Así que antes de discutir la reacción de Trump, la izquierda debe contestar algunas preguntas simples: ¿ha sido el comportamiento de los atletas “divisivo”? ¿Es divisivo el mostrar desdén públicamente por la bandera nacional por la que tantos estadounidenses han ofrendado sus vidas?

¿Fue la retórica del presidente aceptable? No lo creo. Fue exagerada e irrespetuosa y merece una dura crítica. Ningún político y mucho menos el presidente, debe recurrir a la vulgaridad y la grosería, sobre todo en público.

Otra razón por la que la izquierda llama al presidente y no a los jugadores “divisivo” es porque la izquierda dice lo que le venga en ganas sobre aquellos con los que difiere. La izquierda usa el idioma como una herramienta, no para decir verdades sino para derrotar a sus enemigos. Desde Stalin llamando a Trostky “fascista” hasta la prensa americana llamando a Trump y sus seguidores “nazis” y “supremacistas blancos”, mentir sobre sus enemigos políticos es algo intrínseco en la izquierda.

Volviendo a la bandera. El escritor Tim Marshall escribió en su libro A Flag Worth Dying For (Una Bandera Por La Que Vale La Pena Morir) que sus raíces se originaron antes de la independencia. Las barras, rojas y blancas, provienen de la bandera de los Sons of Liberty (Hijos de la Libertad), los revolucionarios que llevaron a cabo el Boston Tea Party.

Las barras rebeldes de esa bandera no lucen mucho, pero en 1777 el Congreso Continental le añadió las estrellas –“blancas en un fondo azul representando una nueva constelación”. La bandera tomó su tiempo para enraizarse y contó con el patriotismo de William Driver, un marino retirado radicado en Nashville, Tennessee, que guardaba su bandera en su baúl de objetos preciados. Cuando soldados confederados demandaron la bandera, Driver les dijo que eran bienvenidos a hacerlo “sobre mi cadáver”. Driver la escondió y, después de la guerra, la entregó al ejército norteño. Y la leyenda de Old Glory siguió creciendo.

En 1923, el Congreso adoptó un código sobre la bandera. El código dice: “La bandera representa un país vivo y se considera un símbolo vivo”. Enfatiza que no se debe irrespetar la bandera y, cuando se baje, debe ser depositada en manos y brazos que la esperen.

Por esto es que los futbolistas que se arrodillan están yendo en contra de la cultura americana. Nuestros militares pelean por ella. La bandera envuelve los ataúdes de los que caen y es doblada, cuidadosamente, en ceremonia solemne en funerales militares. No se presta a frivolidad, a menos que se intente insultar al país que representa.

Cuando William Driver le entregó su bandera a las tropas de la Unión se cuenta que “Habló triunfalmente. Con lágrimas en los ojos”. Más de un siglo después, Old Glory produce los mismos sentimientos.

Quiera Dios que siempre sea así.

AGonzalez03@live.com

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de octubre de 2017, 6:00 p. m. with the headline "La bandera, el himno y los futbolistas."

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