Cómo nos transformamos para llevarles las noticias clave en medio de un huracán
Antes que las primeras ráfagas del huracán Irma se acercaran a la Florida, casi cuatro docenas de periodistas del Miami Herald y el Nuevo Herald ya estaban listos en la Redacción, a la que habían llegado con sus almohadas, frazadas y provisiones suficientes para las próximas 48 horas.
Docenas de otros periodistas se dirigieron a todas partes del sur de la Florida, la Costa del Golfo del estado, los Cayos y el Caribe, las comunidades que estaban en la posible trayectoria de Irma.
Hace 25 años, cuando el huracán Andrew devastó amplias zonas del sur de Dade, el Miami Herald y el Nuevo Herald fueron un salvavidas para miles en esta comunidad. Sin servicio de correos, sin electricidad, teléfono o agua potable, publicamos página tras página de información crítica y docenas de empleados se brindaron de voluntarios para entregar el periódico a los lectores.
En esta era digital, nuestro compromiso es el mismo: ofrecer información esencial en tiempo real a nuestros lectores usando todas las herramientas de que disponemos, nuestras páginas digitales, los medios sociales, y sí, nuestros periódicos impresos.
Casi una semana antes que se pronosticara que Irma tocara tierra en la Florida, nuestras redacciones trabajaban a toda máquina.
Jenny Staletovich, nuestra especialista en huracanes, trabajando con su editor Curtis Morgan —ex reportero especializado en huracanes— monitoreaban todos los cambios en el rumbo de Irma, explicando con precisión y seriedad las ramificaciones de cada cambio de trayectoria. Una y otra vez, respondieron la pregunta que teníamos en mente: ¿Para dónde va Irma?
Mientras tanto, otro grupo de reporteros —Howard Cohen, Abel Fernández, Monique Madan, David J. Neal, George Richards y Catalina Ruiz Parra— trabajaron en turnos para responder a las preguntas más urgentes de los lectores antes que llegara la tormenta. ¿Dónde se puede comprar agua? ¿Dónde hay gasolina? ¿Estoy en una zona de evacuación? ¿Dónde puedo encontrar un albergue para refugiarme?
Las acciones heroicas del personal fueron muchas, tanto grandes como pequeñas.
Cuando la tormenta se aproximaba el sábado por la noche, en nuestro edificio en Doral —donde antes estaba la sede del Comando Sur, una instalación equipada incluso con ventanas blindadas— el personal se alternó para trabajar en turnos para seguir ofreciendo información actualizada las 24 horas.
Al lado, en el edificio de la imprenta, 14 empleados se atrincheraron para asegurar que pudiéramos imprimir los dos periódicos una vez que el huracán pasara. Y los transportistas estaban listos para salir, sin saber qué tipo de obstáculos encontrarían en las vías.
En Cayo Hueso, el reportero David Ovalle y el fotoperiodista Charles Trainor pasaron la tormenta en un edificio de concreto de tres pisos, una antigua logia masónica. Desde ese bunker, se convertirían en una de las pocas fuentes de noticias en vivo desde los Cayos, y los primeros en ofrecer un panorama de los daños en la zona.
Fue después que me enteré que a la robusta estructura donde se refugiaron le falta algo básico: contraventanas.
“Muchas personas me enviaron mensajes más tarde, agradeciéndonos por habernos mantenido informando tanto tiempo”, dijo Ovalle. “No me di cuenta hasta que regresé que tantas personas dependían de nosotros [para mantenerse informadas]”.
En Marathon, Larry Kahn, director del diario The Keynoter, también de la cadena McClatchy, se quedó a reportar sobre el huracán, y envió su última actualización a su colega David Goodhue antes de quedar incomunicado.
Usando a Puerto Rico como base, Jim Wyss emprendió un recorrido para ver la mejor forma de llegar a las Islas Vírgenes. Cuando le ofrecieron llevarlo en un catamarán privado que llevaba suministros, aceptó de inmediato, aunque no tenía agua ni alimentos para su propio consumo.
Una vez allí, estuvo 24 horas reportando sobre la devastación, y durmió en el suelo de la vivienda de un extraño amable. También pasó de largo junto a una fila para recibir comidas gratis, negándose a comer algo que dijo otros necesitaban más.
Más cerca de casa, en Naples, la reportera Julie Brown, junto con las reporteras de McClatchy, Lesley Clark y Kate Irby, y el videógrafo Travis Long, se estaban quedando sin combustible y sin suministros.
Angel Doval, empleado de la Redacción en el Miami Herald, manejó hasta Alligator Alley en una furgoneta cargada con 40 galones de gasolina, una caja de agua embotellada, manzanas, barras energéticas, Motrin, baterías portátiles y teléfonos móviles, lo que les permitió seguir reportando otro día más (Gracias también a nuestros colegas en el Naples Daily News, que recibieron a nuestro personal en su Redacción).
Hay muchas más historias que contar, pero poco espacio para contarlas.
Digo poco cuando afirmo que estoy orgullosa del trabajo que mi equipo ha realizado, y todavía realiza, para servir a los lectores.
De hecho, todavía nos queda mucho por hacer. Mientras escribo este texto, otros dos huracanes cobran fuerza en el Atlántico. Algunos de nuestros vecinos todavía esperan ansiosos que les restauren el servicio eléctrico. En muchas calles de Miami-Dade y Broward todavía hay escombros. Y a nuestros vecinos en los Cayos y la Costa del Golfo les espera un regreso más lento y difícil a la normalidad.
Pueden seguir contando con nosotros para que les sigamos informando.
Aminda Marqués González es directora ejecutiva del Miami Herald y el Nuevo Herald.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de septiembre de 2017, 6:54 p. m. with the headline "Cómo nos transformamos para llevarles las noticias clave en medio de un huracán."