Daniel Shoer Roth

Vivir entre cucarachas y ratas en el Gran Miami de los pobres

Un hombre sin hogar duerme entre sus pertenencias en una calle en Miami, Florida, el 28 de enero de 2014.
Un hombre sin hogar duerme entre sus pertenencias en una calle en Miami, Florida, el 28 de enero de 2014. Para el Nuevo Herald

Es bien sabido que un entorno saludable potencia y maximiza la salud de la población y contribuye a su desarrollo social, no obstante, en los barrios marginales de Miami continúa estancado el mejoramiento de las viviendas insalubres y los asentamientos precarios que contrastan con las mansiones y rascacielos emblemáticos de las vistosas postales de la ciudad.

Aspectos de hacinamiento, falta de condiciones higiénico-sanitarias y graves fallas en la calidad estructural de las edificaciones frenan el alcance del potencial humano entre los estratos más pobres para transformar su propia realidad. En las asignaturas de planificación y gestión del desarrollo, urbanismo y ordenación del suelo, y políticas de rehabilitación de viviendas, estamos fracasando.


La precariedad de estos domicilios, las condiciones míseras de vida y los entornos degradados son inconcebibles en la primera potencia del mundo. Ante estos factores de riesgo, para algunos miamenses se hace difícil incluso preservar el sentido de dignidad del hogar y la familia. Las consecuencias son palmarias: carencia de oportunidades de empleo decente, mayor dependencia en un Estado benefactor, vulnerabilidad al crimen y contaminación ambiental.

Con miras a atenuar estos males, en los distritos depauperados del Condado Miami-Dade se establecieron Agencias para el Redesarrollo Comunitario (CRA), sustentadas financieramente con el incremento diferencial en la recaudación fiscal a los propietarios de cada jurisdicción. Son entidades de opaca contabilidad; agujeros de despilfarro.

El último embrollo que pone de relieve la ineficacia de las políticas diseñadas para el fortalecimiento de espacios adecuados de vivienda sucedió en Overtown, zona de extrema pobreza, estigmatizada no solo por el origen étnico de sus habitantes, sino también por la marginalidad urbana y la violencia callejera. Allí, en una cooperativa residencial con aspectos de tugurio, las autoridades municipales dieron luz verde a un ambicioso proyecto de revitalización empleando $15 millones del erario. Prometieron villas y castillos; sembraron esperanzas e ilusiones.


Dos años más tarde, tras la inversión de $9 millones, los vecinos de Town Park siguen amaneciendo entre tuberías colapsadas, moho tóxico, enjambres de cucarachas y plagas de ratones. Muchas familias fueron reubicadas temporalmente, pero llevan más de un año fuera de sus hogares por la tardanza de la construcción, reveló el Miami Herald. La investigación expone que funcionarios del CRA de Southeast Overtown Park West aceleraron el inicio de la obra sin analizar las dimensiones de las moradas, y la licitaron a un contratista general sin historial en la terminación de proyectos de gran escala que sí halló tiempo para cumplir otros trabajos.

Conflictos de interés, planificación deficiente y gastos cuestionables –el presidente de la corporación a cargo de reubicar a los vecinos recibió una remuneración de $217,900 a través de su compañía particular– han ocasionado las demoras y han abultado los costos, concluyó el Herald, aunque los mandos del CRA culpan a la obtención de permisos y al hallazgo imprevisto de asbesto.


Lo cierto es que, en este y otros incidentes similares, en lugar de beneficiarse los desfavorecidos, son empujados aún más hacia la indigencia y el desamparo por el favoritismo político y la mala administración del patrimonio fiscal de los miamenses. En la rápida y extensa urbanización de nuestra metrópolis, imán de riquezas de todo el orbe, progreso económico y cultural, y remozamiento de áreas otrora relegadas, quedan rezagados y desplazados los más pobres.

La mala gestión de la vivienda por parte de sus habitantes, a menudo atribuida a la falta de capacitación de los individuos, significa un peso mayor sobre su estado insalubre, mas en Town Park los vecinos no quieren incurrir en altos costos de reparaciones si el interior de sus domicilios será igualmente demolido.


El derecho a una vivienda, digna y adecuada, se consagra en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Para la Organización Mundial de la Salud la vivienda es el ente facilitador del cumplimiento de funciones como protección, descanso, almacenamiento y alimentación. Miami pudiera esforzarse más para mejorar el bienestar de su población mediante líneas de intervención de promoción social integral y de la salud. ¡Manos a la obra!

Escritor, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami. Siga al autor en Facebook y Twitter @danielshoerroh.

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