Fabiola Santiago

¿‘Esa cosa mexicana’? Una razón más para que los latinos voten

El candidato republicano a la vicepresidencia, Mike Pence (der.), habla con su homólogo demócrata, Tim Kaine, el martes pasado durante el debate presidencial en Longwood University en Farmville, Virginia.
El candidato republicano a la vicepresidencia, Mike Pence (der.), habla con su homólogo demócrata, Tim Kaine, el martes pasado durante el debate presidencial en Longwood University en Farmville, Virginia. Bloomberg

Mike Pence está cansado de lo que calificó como “esa cosa mexicana”; verdaderamente exasperado.

Pero hay una medicina para el mal del que sufre el gobernador de Indiana y candidato a la presidencia mientras se tambalea a lo largo de sus paradas de campaña: que eche un vistazo al nuevo espectáculo del actor John Leguizamo en el Public Theater de Nueva York. Se titula Latin History for Morons (Historia de los latinos para anormales). El Pence que vimos en el debate con Tim Kaine sería un miembro perfecto de su público. Necesita aprender una o dos cosas sobre los latinos en este país que seguro quedaron fuera de sus libros de historia en la escuela.


Porque solamente alguien muy bruto podría pasar por alto la oportunidad singular de aprovechar el único debate vicepresidencial, visto por 34 millones de personas, para apaciguar y calmar a los votantes latinos, que han sufrido el azote de los insultos constantes de Donald Trump a los inmigrantes desde el inicio de su campaña. Algunos de ellos eran verdaderos creyentes en el Partido Republicano, como se sabe.

Los latinos son, después de todo, un enorme bloque de votantes –el grupo minoritario más grande de Estados Unidos– y, dentro de poco, estarán en fila en las urnas con su lista de agravios.

Esta semana, por ejemplo, tuvimos la confirmación de que el Tribunal Supremo federal no intervendrá con respecto a las órdenes ejecutivas protectoras del presidente Barack Obama, las cuales benefician a más de cuatro millones de indocumentados. Toda esperanza de que la intervención del Tribunal Supremo, tras un reto exitoso por parte de Texas, pudiera haber representado una victoria para la protección permanente contra la deportación de los mismos se ha evaporado.


Los afectados son los DREAMers, o jóvenes de la Ley DREAM que fueron traídos a este país cuando eran niños y se consideran a sí mismos estadounidenses pero carecen de estatus legal. Los votantes latinos se ven reflejados a sí mismos en la lucha de los DREAMers, su esfuerzo por distinguirse en los estudios y el trabajo, su odisea interminable en busca de lugar en este difícil mundo nuevo. Cada obstáculo que cualquiera de nosotros haya enfrentado es más difícil de superar para los DREAMers y sus padres. El miedo a la deportación es el pan nuestro de cada día para ellos. Y Donald Trump no sólo los ha demonizado, sino que se ha jactado repetidas veces de que él planea reunirlos y deportados a todos.

Existe sólo una ruta segura a la legalización: ejercer el poder del voto para derrotar al dúo presidencial de Trump y Pence. No hay otro camino que pueda llevar a la aprobación de legislación bipartidista de reforma de inmigración con un camino a la ciudadanía.

Los latinos no son votantes interesados en un solo tema. Investigaciones muestran que, por ejemplo, se interesan más en el medioambiente y los cambios climáticos que los no hispanos. Pero la tendencia abiertamente antimigratoria del dúo presidencial de Trump y Pence ha dado una mayor urgencia y prioridad a la inmigración.


En estas elecciones presidenciales, los votantes latinos tienen más razones que nunca para votar.

No nos subestimen.

Más de 27 millones de latinos son elegibles al voto en estas elecciones presidenciales, según reporta el respetado Centro de Investigaciones Pew, no afiliado a partido, y organizaciones cívicas de todo el país están haciendo grandes esfuerzos por registrarlos en cantidades significativas.

¿Por qué no querrían votar los latinos en estas elecciones?

Eso solo se le ocurre a operativos de los republicanos. Decir que no vamos a votar es parte de las maniobras políticas que están saliendo de las conversaciones sobre la negativa del Tribunal Supremo federal de dar su opinión sobre el plan del Presidente. Voces conservadoras dentro de la comunidad latina que quieren disuadir del voto a este bloque mayoritariamente demócrata están culpando a Obama del fracaso en la aprobación de una reforma migratoria. Eso los impulsará a quedarse en casa el día de las elecciones, afirman ellos.

Ese punto de vista es completamente ridículo.


No, no estamos igualmente desencantados con ambos partidos políticos. El Partido Republicano tiene una ventaja abrumadora en lo que se refiere al desencanto. No, no nos ha caído encima un malestar abrumador como la gripe simplemente porque la administración de Obama no pudo conseguir que el Congreso llevara a cabo la reforma de inmigración en ocho años.

Puede que algunos de nosotros seamos votantes silenciosos, el tipo de votantes que no responde a las llamadas telefónicas de las encuestas, pero no se crean que estamos más allá del juego electoral. Mitt Romney cometió ese error en el 2012, menospreciando a los latinos como parte de ese 47 por ciento del que no se iba a preocupar porque no iban a votar por él de todas maneras, y reduciendo su plan de inmigración a la risible idea de la “autodeportación”.

Y todos sabemos lo que ocurrió: el voto latino fue para Obama.

No nos subestimen.


En la Florida, estado clave, cada voto cuenta.

Y en esta ronda, los votantes latinos tienen más razones que nunca para votar, entre ellas “esa cosa mexicana”.

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