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Fabiola Santiago

Florida se está quedando sin peces y no están haciendo lo suficiente para evitarlo

Los peces están desapareciendo de la Bahía de Biscayne, un hecho respaldado por 20 años de disminución documentada en las poblaciones de peces y en los moribundos arrecifes de coral.

La culpa es nuestra.

Nosotros, los seres humanos, arrojamos nuestros desechos en las aguas del océano, dejamos escombros, hundimos nuestros botes en hábitats preciosos, deterioramos la vida marina y el coral con nuestras trampas y anclas, y, buscando vivir durante más tiempo y de forma más saludable, comemos demasiado pescado.

Nosotros, por las meras cantidades de humanos, por las prácticas cuestionables y la expansión urbana, estamos diezmando las poblaciones y el tamaño de los peces, particularmente el pargo y el mero, en el Parque Nacional Biscayne.

Y, de nuevo, surge otra amenaza para un activo estatal vital a nuestra puerta. El problema no se resolverá solo. A la industria pesquera no le gustará, pero el gobernador Ron DeSantis debe actuar con premura para proteger el Parque Nacional Biscayne de la pesca excesiva. DeSantis puede usar su considerable poder para mover opinión e influenciar a las autoridades federales.

“Hay datos y ciencia más que suficientes que demuestran que las técnicas tradicionales de la gestión de pesca no están funcionando y no garantizarán un futuro sano para el parque”, dijo el pescador veterano Martín Aróstegui a la escritora ambiental del Miami Herald, Adriana Brasileiro, durante un recorrido por la Bahía Biscayne.

La mirada minuciosa de Brasileiro al tema establece el argumento para exigir reglas más estrictas, y pregunta: “¿El estado está haciendo lo suficiente?”.

Claramente, la situación frágil del entorno de la Florida y los constantes retos que enfrentamos apuntan a la respuesta: el gobierno estatal no está haciendo lo suficiente. La Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de la Florida (FWC) no hace lo suficiente con su plan de administración al limitarse al tamaño tradicional y a los límites de captura de la pesca con la esperanza que con ello se reponga la población piscícola.

Durante demasiados años, Tallahassee le ha dado prioridad a la industria sobre el medio ambiente, a la ganancia de dinero sobre la calidad de vida y a los donantes de campañas políticas sobre la gente.

Cuando se postuló para gobernador, DeSantis prometió ser un defensor del medioambiente. Fue una táctica inteligente, la de distanciarse de su predecesor republicano, Rick Scott, cuyas políticas conservadoras y excesivamente favorables a los negocios son en gran parte responsables de los desastres recientes.

Pero aún tiene que demostrar que los críticos que lo llamaron “falso ambientalista” estaban equivocados.

Esta es una oportunidad.

No es un remedio popular entre los pescadores, pero se debe ordenar a la FWC que comience el proceso de establecer zonas protegidas si queremos que la pesca en el sur de la Florida regrese a las épocas pasadas de abundancia.

Teniendo en cuenta lo que está sucediendo, el establecimiento de una reserva marina en el Parque Nacional Biscayne no es una medida extrema que transgreda los derechos de pesca, como creen algunos pescadores.

Sin embargo, una zona de prohibición de pesca no significa necesariamente una zona de ausencia de personas, aunque apuesto a que, si la vida marina pudiera votar, las criaturas del mar tendrían algo que decir sobre nuestro denso tráfico de embarcaciones.

Lo que los conservacionistas como Arostegui proponen es la reposición.

Arostegui dice que la ciencia existe, y es hora de abordar el problema de manera agresiva.

El gobierno tiene que responder adecuadamente a los tiempos.

Al igual que con el ya más que retrasado enfoque sobre el cambio climático, el bienestar de las aguas de la Florida no es un problema que podamos descargar en futuras generaciones para su solución.

Un medio ambiente sano y rico también es un motor económico.

Según las estimaciones de FWC, los visitantes del Parque Nacional Biscayne generaron $42 millones para la economía local y sostuvieron 400 empleos.

Sin peces, no hay pesca recreativa o comercial.

Como las playas arruinadas por la marea roja y los vertidos agrícolas, y los Everglades sin fauna pequeña (las serpientes pitón se comen los animales pequeños), los peces que desaparecen son parte del mismo problema de gestión ambiental (o mala gestión).

La ecología vulnerable de este estado exige una vigilancia más estricta y una regulación más fuerte. No podemos seguir esperando una evolución milagrosa o soluciones conservadoras a problemas apremiantes.

El gobernador DeSantis debería dar un paso al frente y, como lo prometió, actuar para proteger los tesoros de la Florida.

El establecimiento de reservas marinas no pesqueras en el Parque Nacional Biscayne es imprescindible. La ciencia respalda esta solución, que ha sido efectiva en los Cayos de Florida y Dry Tortugas, donde una reserva ecológica sin captura, de 46 millas cuadradas, sirve como santuario para las especies afectadas por la pesca excesiva y la pérdida del hábitat de los arrecifes de coral en esta región del Golfo.

La crisis ambiental de la Florida no debe reducirse a un tema de conversación política.

No hay que imaginar las consecuencias cuando los arrecifes de coral se están muriendo y los peces desaparecen de la Bahía de Biscayne.

Siga a Fabiola Santiago en Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

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Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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