¿Será posible volver a confiar en cruceros y aerolíneas en tiempos de coronavirus?
La fiebre de reapertura se está vendiendo como el antídoto para la claustrofobia, un efecto secundario de la cuarentena implementada por la pandemia del coronavirus.
Los viajeros están ansiosos por volver a salir.
Por mar. Por aire. Por tierra.
Pero el nuevo coronavirus todavía nos acompaña —y se extiende.
Es un hecho fácilmente comprobado por la cantidad de casos confirmados de infectados y muertes, que siguen aumentando.
Luego, está el asunto del historial de la industria del turismo.
¿Estás listo para navegar de nuevo con una línea de cruceros que les dijo a los viajeros que era seguro hacerlo cuando el altamente contagioso coronavirus se estaba extendiendo por la Florida y en todo el mundo, y claramente no era seguro hacerlo?
Su acción y falta de acción causaron enfermedad y muertes, concluyó una investigación del Miami Herald.
Cruceros sin reembolso COVID
A pesar de la propagación del virus, las compañías se negaron a cancelar los viajes y les dijeron a las personas que si no realizaban los trayectos que habían reservado cuando el mundo era muy diferente, no recuperarían su dinero.
Confiadas, las personas temerosas abordaron inocentemente.
El barco Diamond Princess de Carnival Corp., con sede en Miami, se convirtió en la fuente del mayor brote de COVID-19 fuera de China que, a mediados de febrero, era el epicentro de la pandemia.
Pero aquello no puso fin a los viajes.
Carnival y sus competidores, Royal Caribbean, Norwegian Cruise Line y MSC Cruises, continuaron operando hasta el 13 de marzo a pesar de los brotes y las sospechas de infecciones en sus barcos que fueron noticia.
Aerolínea promete seguridad, vuela llena
Lo mismo sucede con las aerolíneas.
¿Estás dispuesto a volar de nuevo con una aerolínea, United, que promete medidas de seguridad como el distanciamiento social entre los pasajeros para atraerlos, y luego vuela con un avión lleno desde Nueva York a San Francisco, estilo lata de sardinas, como de costumbre?
Lo sabemos gracias a un cardiólogo que había estado atendiendo a pacientes con COVID-19 en Nueva York, que volaba a casa y se tomó una selfie con la cabina del avión repleta detrás de él.
No estoy lista para la falsa promesa de un crucero seguro con el coronavirus.
No estoy lista para la publicidad de seguridad de enganche y engaño.
Usted tampoco debería estarlo.
Es preferible lidiar con la claustrofobia que regresar de viaje en una camilla de ambulancia o en una bolsa para cadáveres.
Los cruceros y las aerolíneas, vitales para una economía impulsada por el turismo en la Florida, tienen un largo camino por recorrer para recuperar la confianza del consumidor.
Al igual que cualquier otro viajero de Florida con planes de navegación cancelados para este año debido al coronavirus, estoy considerando cuidadosamente si volveré a navegar en un futuro cercano o no, durante mucho, mucho tiempo.
Pesa mucho en mi decisión el mal comportamiento de los principales actores de la industria de las líneas de cruceros durante la crisis del coronavirus y otros males como el derrame de petróleo y desechos al océano.
Las empresas ignoraron las advertencias sobre la propagación del coronavirus y engañaron a trabajadores y viajeros sobre el nivel de seguridad.
Solo cancelaron los viajes el día anterior a que el gobierno de Estados Unidos anunciara que los barcos quedarían atracados porque sabían que la prohibición provenía de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades.
Por supuesto, las líneas de cruceros no son responsables del nuevo coronavirus, pero los ejecutivos que dirigen las compañías sí son responsables de su respuesta fallida (o la falta de respuesta) a esta enfermedad supremamente contagiosa.
Saben que los lugares donde las personas se congregan son incubadoras y que los barcos que transportan a miles de pasajeros son fértiles platillos de Petri para los gérmenes. Han tenido mucha práctica con brotes de vómitos y diarrea causados por la norovirus en los barcos en años anteriores.
Su mal manejo de COVID-19 perjudicó a viajeros y empleados.
Las imágenes de personas que se embarcaron como turistas felices y desembarcaron en PortMiami el 4 de abril del Coral Princess como fallecidos en bolsas para cadáveres son escenas que no olvidaremos pronto.
Tampoco se olvidará el video de ambulancias circulando con pasajeros enfermos y otros atrapados en sus cabinas, relatando la historia de su terrible experiencia, transitando de puerto en puerto sin un destino cierto.
Curso de acción errado
Al escribir esto, hay miembros de la tripulación atrapados en confinamiento en el Royal Caribbean Navigator of the Seas: rumanos tan desesperados por llegar a casa que están llevando a cabo una huelga de hambre y han pasado más de 72 horas sin comida.
Ese es el mismo barco en el que se suponía que yo debía navegar a las Bahamas este junio. Me repugna doblemente el trato que reciben estos trabajadores cuando miro mis documentos de viaje.
Las líneas de cruceros navegan estos días de pandemia de una situación desastrosa a otra.
Seguramente la pandemia los encauzó, pero su mal manejo de la crisis es lo que los mantiene allí en lugar de encaminarse hacia la recuperación económica y de su reputación.
Las personas que los dirigen no parecen aprender nada.
El Congreso está investigando e insistiendo legítimamente en reglas estrictas antes de que se les permita navegar.
¿Podemos confiar en los cruceros y las aerolíneas para proteger al público viajero de la exposición al coronavirus?
La evidencia de mal comportamiento indica que no.
Mala cosa para la Florida, que los necesita para tener éxito en la industria del turismo. Y para aquellos de nosotros que no podemos imaginar un mundo sin poder viajar de forma segura.
Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de mayo de 2020 a las 0:02 p. m..